¡¡Qué vergüenza!!

¡¡Qué vergüenza!!

Avergonzada y humillada por el Gobierno y por el PSOE. Así es como me siento después de conocer la decisión del Gobierno de mandar a su casa al terrorista Ignacio de Juana Chaos. No dedicaré ni un segundo a analizar la legalidad de la decisión adoptada por mucho que haya quien, seguro que con fundamento, sostiene que para modificar la situación penitenciaria de un recluso es preciso que éste haya mostrado buena conducta. Me importa lo político, la decisión política que ha tomado el Gobierno de la nación de ceder al chantaje de De Juana Chaos. Porque, no nos engañemos, de eso es de lo que estamos hablando. Lo que estaba en cuestión desde el mismo momento en que este individuo se declaró en huelga de hambre era si el Estado cedía o si mantenía los principios y la dignidad. No los han mantenido; se ha plegado al chantaje.

Desde el mismo momento en que este terrorista lanzó un reto al Gobierno, hemos vivido situaciones verdaderamente lamentables. Hemos escuchado por boca de dirigentes del PSOE y de responsables del Gobierno cómo se equiparaba una huelga de hambre con una enfermedad; hemos escuchado argumentos a favor de que se sacara al «enfermo» terrorista del hospital para que se «curara» en su casa; hemos visto cómo el Gobierno trataba de que los jueces le resolvieran la papeleta decidiendo ellos mismos que suicidio y enfermedad terminal son la misma cosa. Como el Gobierno no pudo conseguir que los jueces le hicieran el trabajo sucio, ayer ha tenido que hacerlo a las claras. El PSOE y el Gobierno han tenido que desvelar que prefieren ceder al chantaje antes que mantener la dignidad.

Si todos los que han resistido al chantaje de los terroristas desde que conseguimos instaurar la democracia en España hubieran sido de la escuela del Gobierno y de los dirigentes actuales del PSOE, ETA habría ganado la batalla hace mucho tiempo. Porque no todo vale para evitarse problemas; no todo vale para que nos dejen en paz; no todo vale para no tener que asistir como presidente del Gobierno a ningún funeral. Resistir al chantaje, no doblegarse, defender los principios, no ceder ante las amenazas y las presiones de los terroristas ha sido la constante de todos los gobiernos que han precedido al actual. Todos han cometido errores; pero ninguno tan brutal, tan ignominioso como esta cesión pública al chantaje de los terroristas.

La decisión tomada ayer por el Gobierno y por el PSOE es legal; pero es profundamente indigna e injusta. Pueden hacerlo; pero no estaban obligados a hacerlo. Frente a quienes pedíamos al Gobierno que no lo hicieran, que resistieran en nuestro nombre, que no cedieran ante ETA, han optado por escuchar a quienes les han animado a que no cabreen más a la bestia. «Que no se muera ese cabrón», le dijo el otro día al ministro Rubalcaba mi querido amigo Rodríguez Ibarra. Como si por llamarle cabrón no quedara perfectamente claro cuál era el mensaje: «Que no se nos muera, que no nos echen la culpa a nosotros…».

Esta mañana nos hemos preguntado varios amigos qué podíamos hacer. Hemos llegado a la conclusión de que hemos de seguir haciendo lo que hacemos: hablar alto y claro, calificar políticamente las decisiones de este Gobierno y de este PSOE que nos avergüenzan; desenmascarar su actitud; colocarles ante el espejo de lo que están haciendo, mostrarles los límites que han traspasado, el nivel al que han llegado; denunciar las promesas que han incumplido. Cada uno de nosotros, todos los que no compartimos lo que está haciendo este Gobierno y este PSOE en materia de lucha contra el terrorismo, no tendremos disculpa si callamos. Si callamos seremos cómplices. Si callamos seremos responsables de que las víctimas de ETA se sientan hoy más solas, más abandonadas a su suerte; ellas, que nunca pidieron otra cosa que memoria, dignidad y justicia. Ellas, que han de saber que, a partir de ahora, serán sometidas a un proceso de deslegitimación; porque quienes han cedido al chantaje no podrán mirarlas a la cara y habrán de deshumanizarlas para poder seguir mirándose al espejo.

No callar; denunciar los hechos que nos parezcan reprobables; no tener miedo a hacerlo; eso es lo que debemos seguir haciendo. Y pertrecharnos un poco más por dentro para no sufrir personalmente demasiado y poder seguir adelante. Porque vienen tiempos difíciles y en esta trinchera no sobra nadie.

Soy ciudadana española; y militante socialista desde hace más de 30 años. Hoy me siendo doblemente avergonzada y humillada. En esa doble condición sé que tengo el deber de denunciar esta última decisión del Gobierno y del PSOE. Lo hago desde la convicción de que es mi obligación como ciudadana y como socialista. Ni debemos callar ni debemos dejar que nos engañen; quienes han optado por ceder ante el chantaje de los terroristas deben enfrentarse a las consecuencias políticas que esa decisión conlleva. No consentiremos que la enmascaren como si de un gesto humanitario se tratara; es una decisión política que no está basada en el humanitarismo, sino que es consecuencia de la cobardía. Por eso es una decisión tan peligrosa. Más vale que tengamos esto claro; aunque no sea más que para estar prevenidos.

Rosa Díez

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