FAMILIA Y SOCIEDAD

La familia es el núcleo de la sociedad, es el primer tejido del ser humano. La familia tradicional consta de padre, madre e hijos, se extiende con los parientes como son los abuelos paternos y maternos, tíos, primos, y crece con otras personas que conforman una sociedad primaria, es el núcleo donde se forma  la sociedad general. Los patrones que se siguen desde la niñez inciden en el individuo y se proyectan en forma transformadora y positiva o en patologías; e ahí la importancia de la familia en la sociedad.

La idea de familia se ha transformado durante los últimos años, promoviendo formas de familia diferentes, por los cambios en la sicología social, inciden los medios de comunicación, las modas y tendencias, pero independientemente de la visión de familia que se percibe es indiscutible que la familia primaria es la que predomina y cumple su cometido en la formación del individuo social.

Los individuos adquieren toda serie de valores positivos, cultivan aptitudes y se forman en ese seno, pero al igual adquieren los prejuicios y sicopatias que luego se traducen en problemas sociales. La intención es retomar esa célula y formar nuevos seres humanos con valores de equidad, respeto, donde se cultive el conocimiento al servicio del hombre.

LA MUJER EN EL SIGLO XXI.

La mujer ha trascendido los límites de la explotación y el machismo en varios países, sobre todo en los desarrollados, ha alcanzado espacios en diferentes sectores, ha adquirido educación, trabajo, ganando de esa forma independencia, se ha roto ese esquema de mujer de la casa para hacerse partícipe como individuo activo en esa sociedad cada vez mas competitiva, es así como pueden destacarse muchas de ellas en la sociedad como individuos productivos y generando progreso en muchas áreas.

En otros países donde existen fanatismos religiosos, costumbres ancestrales aún se ve relegada a un segundo plano y no se le deja participar como miembro activo de la sociedad.

Sobretodo en Occidente ha sido tal la liberación de la mujer que se ha llegado a su explotación económica como objeto sexual, existe toda una industria que alienta esta modalidad y entonces el concepto de  “mujer virtuosa” hace parte del pasado porque se puede a través de la moda o los medios de comunicación obtener un reconocimiento económico y social por exhibir el cuerpo.Ese afán por sobresalir en el aspecto físico y por los cánones de belleza dictaminados por la sociedad de consumo ha traído consecuencias graves para la mujer, es el caso de la anorexia, bulimia, pérdida de la autoestima, la pérdida de identidad con la no autoaceptación, queriendo ser otra mujer ideal que le enseñan los diferentes medios.

 

  

La madre que es una de las piezas claves de la familia se está cambiando por mujeres que tienen interés por sobresalir en diferentes áreas,  muchas ya no ven como objetivo el ser madres, he aquí un naciente problema de la célula social, que por naturaleza tiende a preservar la especie a través de la familia. Se presentan problemas como son hijos sin identidad, con libertinaje, solitarios que recurren a las modas, drogas y otras tantas elecciones de la vida moderna.

Por otro lado en otras sociedades anticuadas y por costumbres culturales aún se maltrata a la mujer, se le relega y entonces hace que la sociedad al igual presente otro tipo de problemas, existe fanatismo religioso o político y crecen hijos con los prejuicios de los padres, radicalismos y fanatismos.

La cuestión es encontrar un justo medio, la mujer es un miembro activo de la sociedad, con iguales derechos, pero el problema radica en que la mujer por querer conseguir esa igualdad, ha dejado de ser mujer pasándose al extremo de actuar como un hombre y entonces en ese feminismo desmedido se han perdido privilegios con el hombre en su condición de mujer.

 

El justo medio es entender que hombre y mujer son complementarios, cada uno tiene unas características específicas que los hace diferentes y otras que los hace iguales, en las diferencias está el complemento y en las igualdades se encuentran los derechos. 

La mujer es esa base fundamental de la familia, se le da a través de la posibilidad que tiene de tener el hijo en su vientre y desde ese preciso momento está formando un futuro ciudadano, ella tiene en su naturaleza la intuición, la sensibilidad, que le dan a ese individuo la seguridad, el aprendizaje y los valores para enfrentar el mundo que lo rodea, es el primer contacto del individuo con otro ser humano, luego está el padre, los hermanos y demás parientes, después vendrá el contacto con la sociedad.

La mujer puede ser exitosa, desarrollarse en diferentes actividades de la sociedad, realizarse como individuo humano, pero sin dejar de perder esa esencia femenina, sin dejar de ser una excelente mujer, madre, compañera, y demás facetas en que pueda desempeñarse. 

EL HOMBRE EN EL SIGLO XXI

 

Hacia una nueva masculinidad

 

El nuevo hombre ya no oculta sus sentimientos, ni se pierde en su interior. Encuentra en sí mismo el concepto de masculinidad uniendo  ternura y seguridad como guía de comportamiento.

 

 

La identidad masculina se ha configurado siempre en términos de competitividad y poder; rasgos como el miedo, las lágrimas, el dolor o cualquier manifestación extrema de sentimientos no tenían cabida en el estereotipo de hombre. El rechazo de estas emociones implica la negación de uno mismo y la incapacidad para crecer como persona.

El desarrollo de la identidad se forja mediante la interacción de la persona con su entorno social y cultural. Es indudable que existen diferencias físicas y psicológicas entre hombres y mujeres, si bien es cierto que sus identidades se manifiestan como tales a través de la relación con otras personas, costumbres, normas o estereotipos vigentes de las sociedades en las que viven.

A lo largo del proceso de socialización, el niño interioriza las normas y valores propios de una sociedad básicamente patriarcal. A través de su aprendizaje en la familia, escuela, grupo de amigos y medios de comunicación, alcanza el significado del comportamiento “masculino”. El niño descubre que un hombre de “verdad” es el que se comporta siguiendo una serie de patrones y los diferencia de aquellos que no debe presentar por ser propios del mundo femenino. Estos rasgos han sido durante tiempo inmemorial:  

RASGOS

MASCULINO FEMENINO
actividad pasividad
fuerza debilidad
dureza sensibilidad
empuje contención
arrojo receptividad
invulnerabilidad fragilidad
pensamiento sentimiento
racionalidad emoción
castigo recompensa
exigencia protección
provisión cuidado
impulso reposo
coraje prudencia
resistencia nutrición
ira comprensión
exterioridad interioridad
lo público lo privado
mandar convencer
reflexión intuición
ordenar pedir

  El hombre, por tanto, se encuentra atrapado en un laberinto de roles, exigencias y mandatos que paralizan su capacidad de sentir y de exteriorizar sus emociones. Ante esto, o bien puede seguir bajo el peso de la norma social, con la consiguiente pérdida de sí mismo, o aventurarse en un proceso de aceptación y comprensión personal. No se trata de asumir lo denominado “femenino”, la masculinidad no se completa únicamente con esos rasgos, ni se trata de alcanzar un prototipo de hombre afeminado. Para tenerlo más claro sólo hay que observar el cambio social en los estereotipos  protagonizado por la mujer. A lo largo de los años 50, 60 y 70, la mujer se alza frente a la represión masculina vivida a lo largo de la historia, interioriza los valores masculinos como propios y busca en ellos una reafirmación errónea de sí misma. Es en los 90 cuando adquiere conciencia de que la verdadera femeneidad no radica en asumir roles puramente masculinos, sino en saber expresar y entender como mujer atributos socialmente encasillados en el mundo masculino. Es un conocimiento profundo que supone un giro radical en su situación y en todos los aspectos de su vida, educación, trabajo, familia o relaciones personales con su entorno. Igual debe ocurrir en el caso de  los hombres.

Las tres décadas de transformación de lo femenino son imprescindibles en la modificación de las relaciones humanas de nuestra sociedad, pero es insuficiente sin el cambio de lo masculino.

 

Así, frente a este modelo tradicional, cada vez cobra más fuerza el concepto de una nueva masculinidad, basada en la superación de las barreras, los estereotipos y las normas sociales. Consite en alcanzar una identidad masculina que permita al individuo ser persona en el más amplio sentido de la palabra. Este nuevo modelo se basaría en:

  • Aceptar la propia vulnerabilidad masculina.
  • Aprender a expresar emociones y sentimientos.

  • Aprender a pedir ayuda y apoyo.
  • Aprender métodos no violentos para resolver los conflictos.

  • Aprender y aceptar actitudes y comportamientos tradicionalmente considerados femeninos, necesarios para un desarrollo humano completo.

 

Es, en resumen, una masculinidad que permita el desarrollo personal y profesional, la exteriorización de las emociones y la participación en una relación profunda con los demás.

 

El hombre y la mujer deben complementarse, no agredirse, en esa unión de lo masculino y lo femenino se encuentra un equilibrio, en la pareja, más tarde se transmite a los hijos y posteriormente se ve reflejado en la sociedad.

Un ser humano aceptado, valorado, amado, educado es un ser humano seguro, adaptado y se proyecta constructivamente, Todo este planteamiento de la familia va dirigido a cuestionar los cambios que se están dando en la familia del siglo XXI. La sociedad ofrece distintas alternativas para los infantes y los adolescentes independientemente de la cultura a la que pertenezcan pero toda esa seguridad y valoración recibida en el hogar forman el ciudadano que se proyectará en su sociedad.

Todos los grandes problemas de discriminación, nacionalismo, bandalismo, y demás posturas mentales equivocadas nacen en la familia. Una frase lo resume: “No te acordarás de lo que dijimos pero te acordaras de lo que hicimos”. Todas las conductas son aprendidas y pasan de unos individuos a otros, son más fuertes y persistentes donde se involucran lazos afectivos.

La familia como escenario para transgredir el racismo

  • Autores: Enric Prats Gil
  • Localización: ESE : Estudios sobre educación, ISSN 1578-7001, Nº. 4, 2003 (Ejemplar dedicado a: Educación intercultural) , pags. 131-140
  • Resumen:
    • En la confluencia de culturas y de modos de vida diversos, el racismo aparece como la patología social más grave que las sociedades actuales deben saber resolver. Asimismo, la familia es el máximo exponente de la realidad transcultural y del cruce de culturas; de hecho, toda familia se organiza inicialmente a partir de la “co-incidencia” de proyectos de vida, con objetivos y valores básicos también coincidentes, pero muy a menudo divergentes en sus prácticas concretas. Esta comunicación parte de un análisis de la familia en la realidad social diversa y plural en que nos movemos y propone una serie de medidas para que la familia sea escenario de aprendizaje y de gestión de los valores para transgredir el racismo.

   

El espíritu del siglo: Una familia humana

Por Mary Robinson

Desde el 31 de agosto hasta el 7 de setiembre de 2001, líderes y representantes de todo el mundo se reunieron en Sudáfrica para la Conferencia mundial contra el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y la intolerancia relacionada, para discutir formas para abordar uno de los grandes azotes  que continúa plagando la humanidad. Lo que sigue es una versión resumida del discurso pronunciado por Mary Robinson, alta comisionada de las Naciones Unidas para los derechos humanos y secretaria general de la Conferencia mundial contra el racismo, en una reunión del comité de preparación de la Conferencia, en mayo de 2000.

Logo de la Conferencia mundial contra el racismo

La Conferencia mundial contra el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y la intolerancia relacionada tiene el potencial para estar entre los cónclaves más significativos a comienzos del nuevo siglo. Puede ser más: puede configurar y corporificar el espíritu del siglo, basado en la convicción compartida de que todos somos miembros de una familia humana. Las persistentes inequidades en el disfrute de los derechos humanos más básicos no sólo son erradas en sí mismas, sino que también son una causa importante de los trastornos y los conflictos sociales. Las encuestas de opinión en numerosos países muestran que los temas relacionados con la discriminación racial, la xenofobia y otras formas de intolerancia son del máximo interés entre el público en la actualidad.

El combate al racismo como preventivo de conflictos

El combate al racismo puede desempeñar un crucial papel en la prevención de conflictos, reduciendo las tensiones raciales y étnicas e inculcando el respeto por las diferencias. Yo siento que la importancia de desarrollar estrategias preventivas todavía no ha sido plenamente comprendido por los gobiernos.

Mientras más se examina la situación de conflicto, más se comprende, primeramente, que las oportunidades vitales para impedir que ocurran los conflictos continúan perdiéndose y, en segundo lugar, que los fracasos en la prevención de conflictos acarrea altos costos. Sin embargo, la tendencia a reaccionar antes que a anticipar –incluso frente a sorprendentes evidencias de los peligros de las demoras- sigue siendo muy común, con resultados que se ven sin dificultad.

Abordando el racismo y la xenofobia golpeamos las fuerzas que están en la raíz de la mayoría de los conflictos.

En primer lugar, debemos, por sobre todo, entender y tomar plenamente en cuenta la naturaleza y el alcance del racismo y la intolerancia en nuestro mundo moderno: la xenofobia en todas sus manifestaciones; el antisemitismo; la negrofobia; la discriminación contra los pueblos indígenas, los migrantes, los refugiados, las personas desplazadas y las comunidades minoritarias. Y existen numerosos ejemplos de discriminación sobre bases sociales y religiosas.

El racismo en el mundo moderno

Aun cuando se alcanzaron logros en la abolición del apartheid, una lucha que tenía un apoyo casi universal, se ha hecho mucho más evidente que el racismo, la discriminación, la xenofobia y la intolerancia son fenómenos mundiales, más profundamente enraizados y más virulentos de lo que se suponía. El genocidio en Rwanda y la “limpieza étnica” en la ex Yugoslavia nos han recordado los extremos a los que esa intolerancia puede conducir en nuestro tiempo. La esperanza de que las lecciones del Holocausto descartarían esos terribles crímenes por siempre todavía no ha visto realización.

Un buen comienzo sería el de reconocer que ninguna sociedad está libre de la mancha del racismo. La tendencia a discriminar contra nuestros pares que son los seres humanos sobre la base de la raza u otra diferencia no está confinada a un solo país o continente. Como exhortó Martin Luther King:

Somos desafiados a trabajar por todo el mundo con inquebrantable determinación, para suprimir los últimos vestigios del racismo… . Sus malignos puños no tienen fronteras”.

En segundo lugar, debemos reconocer que no basta con tener leyes y monitorear medidas en el lugar. El Comité para eliminar la discriminación racial es el más antiguo de los cuerpos de monitoreo de tratados, y en él, junto con los mecanismos establecidos por la Comisión sobre derechos humanos y la sub-comisión, han trabajado mucho y por mucho tiempo para erradicar el racismo. A pesar de eso, y a pesar de las dos Conferencias mundiales y las tres Décadas internacionales para combatir el racismo, el problema todavía está muy vivo. Las formas más abiertas de racismo pueden haber sido puestos fuera de la ley, pero la discriminación persiste en múltiples formas, con frecuencia maneras sutiles y sistemáticas. En realidad, a juzgar por la persistencia de las actitudes racistas frente a las muchas veces elaboradas medidas antidiscriminación, tendríamos que admitir que las acciones contra el racismo hasta la fecha, cuando mucho, ha tenido resultados limitados.

La tarea que nos espera es idear estrategias innovadoras para combatir el racismo. Eso no significa simplemente configurar leyes y mecanismos para proteger contra la discriminación racial, sino efectuar un cambio de mentalidades, de corazones y espíritus. Aung San Suu Kyi lo dijo bien:

“La revolución más pura es la del espíritu, nacida de una convicción intelectual de la necesidad de cambiar en… las actitudes mentales y valores… . Sin una revolución del espíritu, las fuerzas que produjeron las iniquidades del viejo orden, continuarían estando operativas, planteando una amenaza constante al proceso de reforma y regeneración…”.

La educación como clave

El temor es lo que yace en el corazón del odio racial y la xenofobia: temor a la diferencia, temor a que la posición económica o social se vea amenazada, temor a que pudiera perderse la identidad en un mundo crecientemente globalizado. Si el temor es el principal factor, la educación es el remedio clave. Es preciso que decidamos dedicar más recursos a la educación contra el racismo y la xenofobia, aprovechando la inmensa influencia que brinda el Internet y las nuevas tecnologías. El Internet, que ha sido mal utilizado como un vehículo para propagar teorías de superioridad racial y antisemitismo, puede ser un medio formidable para educar y cambiar actitudes, mejorándolas.

La dimensión económica –Una mentalidad de fortaleza

Estudiando las raíces del racismo y la xenofobia en el mundo moderno, la importancia de la dimensión económica se hace inmediatamente evidente. La brecha existente entre los ricos y la enorme cantidad que vive en una pobreza calamitosa se esta ampliando todo el tiempo.

Mientras que algunos son conscientes de esta brecha e intentan cerrarla, muchos prefieren adoptar la mentalidad de fortaleza, basada en la determinación de defender su prosperidad contra lo que perciben como amenazas externas. Esta es una tendencia que tiene repugnantes, xenofóbicos trasfondos. Hay una tendencia a satanizar a aquellos que llegan a las sociedades ricas en busca de una vida mejor. Los migrantes son explotados y culpados por los males económicos con los que ellos nada tienen que ver. Los refugiados, las personas desplazadas y aquellos que buscan asilo por seguridad son duramente amenazados y, cada vez con mayor frecuencia, rechazados.

Lo que es verdaderamente preocupante en la actualidad es que la mentalidad de fortaleza está asumiendo dimensiones globales. La globalización puede conseguir economías de escala, que incrementan las utilidades de las empresas. El peligro yace en que, a menos que la comunidad internacional actúe ahora para asegurar que los beneficios de la revolución de la información y de los mercados abiertos sean más ampliamente compartidos, la globalización se convertirá más en una barrera para empobrecer a los países que participan plenamente en la economía internacional. Las protestas en las conferencias de la Organización Mundial de Comercio y en otras partes más, reflejan la sensación de que el actual sistema económico mundial se inclina más al lado de los ricos.

La comunidad internacional enfrenta aquí una elección fundamental: Si avizoramos un mundo de dos partes sumamente diferentes, una con una riqueza y sofistificación tecnológica siempre creciente, y la otra un lugar donde la gente vive en abyecta pobreza; o abrazamos la idea de que todos estamos juntos en esto como miembros de una familia humana, con derechos económicos, sociales y culturales que se deben implementar progresivamente. Esta opción abarcadora considera la diversidad como una fuerza, no como debilidad, y reconoce los grandes beneficios sociales, culturales y, sí,  económicos, de una sociedad multicultural. Es una visión de un mundo donde la gente de todos los colores, credos y posiciones viven juntos en armonía y paz. Es la visión de Leopold Senghor:

“… La naturaleza ha trabajado las cosas para que cada persona, cada raza, cada continente cultive, a su propia manera, virtudes específicas de humanidad, y aquí encontramos la precisa expresión de su originalidad”.

Responsabilidades de los gobiernos

Existe una responsabilidad y una obligación de cuidado particulares por parte de los gobiernos, en lo que se refiere a la lucha contra el racismo, la xenofobia, la discriminación y la intolerancia. Las relaciones entre las diferentes razas y grupos étnicos dentro de una sociedad representan un tema altamente sensitivo sobre el cual, la gente que viste uniforme, sea policía, militar o personal carcelario, necesita un entrenamiento adecuado. Los gobiernos y la comunidad política debe, en todo momento, conducir a la opinión pública y no jugar a las cartas de la raza o complacer a quienes reclaman que se sienten amenazados por gente a la que ellos consideran diferentes.

Existen muchos ejemplos que podría citar donde los gobiernos fingen que no ven las tensiones étnicas y raciales, o que han tratado mal a los pueblos indígenas o, lo peor de todo, que se han aprovechado de las tensiones étnicas o raciales para beneficio político.

Yo estoy profundamente empeñada en un fuerte mecanismo de seguimiento de la Conferencia mundial para examinar si los gobiernos han cumplido sus promesas. Quiero ayudar a hacer de esta una Conferencia de acciones, no sólo de palabras.

El objetivo es claro: identificar formas innovadoras para configurar el espíritu de este nuevo siglo en reconocimiento del ineludible hecho de que todos nosotros, cualesquiera sean nuestras diferencias, pertenecemos a la misma familia humana. Debemos tener la visión de un mundo donde el color de la piel de una persona, su identidad religiosa o étnica no la diferencie para usufructuar su derecho a seguir el curso de la vida que desee, cualquiera que sea, donde la diversidad sea considerada como una fuerza y no como un problema. Si ese espíritu prevaleciera y se tradujera en medidas prácticas para abolir toda forma de discriminación, habremos logrado mucho.

Idealismo y convicción

Para quienes dicen que esta es una aproximación demasiado idealista, yo les respondería que todos los movimientos que han mejorado la condición humana nacieron del idealismo y de la convicción de que alguna mala práctica debía ser cambiada. El movimiento contra la esclavitud en el siglo XIX, los movimientos por los derechos civiles y antiapartheid estuvieron basados en el idealismo, y todos enfrentaron desafíos que en su momento parecían insuperables.

Nelson Mandela en prisión, en Pretoria, en 1964, antes de ser transferido a la isla de Robben.

Para obtener inspiración no tenemos sino que ver al ex presidente de Sudáfrica, Nelson Mandela. En su famoso discurso desde el banquillo de los acusados, en 1964, él dijo:

“He luchado contra la dominación blanca, y he luchado contra la dominación negra. He acariciado el ideal de una sociedad libre y democrática en la que todas las personas vivan juntas y en armonía y con iguales oportunidades. Es un ideal, por el que espero vivir, y alcanzar. Pero de ser necesario, es un ideal para el que estoy preparado para morir”.

El coraje de Nelson Mandela, quien pronunció estas palabras mientras enfrentaba la prisión por un término que duraría 27 años, debe ser una inspiración para nosotros en nuestra tarea. Debemos obtener coraje, también, de la generosidad de espíritu que él ha mostrado siempre y de su inconmovible compromiso con una Sudáfrica multicultural.

Mi meta es que cuando lleguemos al final de nuestras deliberaciones en Sudáfrica, en setiembre próximo, tengamos un acuerdo sobre una resonante declaración contra el racismo que llegue e inspire a todos los pueblos de todas partes, y que hayamos podido concordar en un programa de acción práctico que verdaderamente establezca la diferencia en la lucha contra el racismo.

Arriba

Nº 24

Contenido

Tema principal

Creatividad, música y el espíritu humano

El arte de la vida: Entrevista con Herbie Hancock

Nuestro más rico mensaje por Paul Robertson

Perspectiva

El espíritu del siglo: Una familia humana

Ensayo

La educación como transformación

Retratos de ciudadanos mundiales

Osvaldo Pugliese

  Conferencia

Conferencia femenina sobre la paz en Washington, D.C.

  Caso de estudio

Cambiando la historia 

Ciudadanos

Involucrada con la vida 

Alrededor del mundo

Malasia –Un rico tapiz cultural

Actividades de ayuda por los sismos de la India y El Salvador

Campaña de plantación de árboles en las Filipinas

Foro de la paz en Qatar

Limpieza de la ciudad en Hamburgo

Alentando a los huérfanos

Detener la intimidación

Se inaugura centro en Nepal

Nuevos libros

Artes y Educación

Seikyo Press

El Budismo en la vida diaria

“El Vacío”

Exposición

Exposición Obras Maestras de Occidente

Miembros de la SGI

Nepal

 

La familia como escenario para transgredir el racismo

  • Autores: Enric Prats Gil
  • Localización: ESE : Estudios sobre educación, ISSN 1578-7001, Nº. 4, 2003 (Ejemplar dedicado a: Educación intercultural) , pags. 131-140
  • Resumen:
    • En la confluencia de culturas y de modos de vida diversos, el racismo aparece como la patología social más grave que las sociedades actuales deben saber resolver. Asimismo, la familia es el máximo exponente de la realidad transcultural y del cruce de culturas; de hecho, toda familia se organiza inicialmente a partir de la “co-incidencia” de proyectos de vida, con objetivos y valores básicos también coincidentes, pero muy a menudo divergentes en sus prácticas concretas. Esta comunicación parte de un análisis de la familia en la realidad social diversa y plural en que nos movemos y propone una serie de medidas para que la familia sea escenario de aprendizaje y de gestión de los valores para transgredir el racismo.

   

El espíritu del siglo: Una familia humana

Por Mary Robinson

Desde el 31 de agosto hasta el 7 de setiembre de 2001, líderes y representantes de todo el mundo se reunieron en Sudáfrica para la Conferencia mundial contra el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y la intolerancia relacionada, para discutir formas para abordar uno de los grandes azotes  que continúa plagando la humanidad. Lo que sigue es una versión resumida del discurso pronunciado por Mary Robinson, alta comisionada de las Naciones Unidas para los derechos humanos y secretaria general de la Conferencia mundial contra el racismo, en una reunión del comité de preparación de la Conferencia, en mayo de 2000.

Logo de la Conferencia mundial contra el racismo

La Conferencia mundial contra el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y la intolerancia relacionada tiene el potencial para estar entre los cónclaves más significativos a comienzos del nuevo siglo. Puede ser más: puede configurar y corporificar el espíritu del siglo, basado en la convicción compartida de que todos somos miembros de una familia humana. Las persistentes inequidades en el disfrute de los derechos humanos más básicos no sólo son erradas en sí mismas, sino que también son una causa importante de los trastornos y los conflictos sociales. Las encuestas de opinión en numerosos países muestran que los temas relacionados con la discriminación racial, la xenofobia y otras formas de intolerancia son del máximo interés entre el público en la actualidad.

El combate al racismo como preventivo de conflictos

El combate al racismo puede desempeñar un crucial papel en la prevención de conflictos, reduciendo las tensiones raciales y étnicas e inculcando el respeto por las diferencias. Yo siento que la importancia de desarrollar estrategias preventivas todavía no ha sido plenamente comprendido por los gobiernos.

Mientras más se examina la situación de conflicto, más se comprende, primeramente, que las oportunidades vitales para impedir que ocurran los conflictos continúan perdiéndose y, en segundo lugar, que los fracasos en la prevención de conflictos acarrea altos costos. Sin embargo, la tendencia a reaccionar antes que a anticipar –incluso frente a sorprendentes evidencias de los peligros de las demoras- sigue siendo muy común, con resultados que se ven sin dificultad.

Abordando el racismo y la xenofobia golpeamos las fuerzas que están en la raíz de la mayoría de los conflictos.

En primer lugar, debemos, por sobre todo, entender y tomar plenamente en cuenta la naturaleza y el alcance del racismo y la intolerancia en nuestro mundo moderno: la xenofobia en todas sus manifestaciones; el antisemitismo; la negrofobia; la discriminación contra los pueblos indígenas, los migrantes, los refugiados, las personas desplazadas y las comunidades minoritarias. Y existen numerosos ejemplos de discriminación sobre bases sociales y religiosas.

El racismo en el mundo moderno

Aun cuando se alcanzaron logros en la abolición del apartheid, una lucha que tenía un apoyo casi universal, se ha hecho mucho más evidente que el racismo, la discriminación, la xenofobia y la intolerancia son fenómenos mundiales, más profundamente enraizados y más virulentos de lo que se suponía. El genocidio en Rwanda y la “limpieza étnica” en la ex Yugoslavia nos han recordado los extremos a los que esa intolerancia puede conducir en nuestro tiempo. La esperanza de que las lecciones del Holocausto descartarían esos terribles crímenes por siempre todavía no ha visto realización.

Un buen comienzo sería el de reconocer que ninguna sociedad está libre de la mancha del racismo. La tendencia a discriminar contra nuestros pares que son los seres humanos sobre la base de la raza u otra diferencia no está confinada a un solo país o continente. Como exhortó Martin Luther King:

Somos desafiados a trabajar por todo el mundo con inquebrantable determinación, para suprimir los últimos vestigios del racismo… . Sus malignos puños no tienen fronteras”.

En segundo lugar, debemos reconocer que no basta con tener leyes y monitorear medidas en el lugar. El Comité para eliminar la discriminación racial es el más antiguo de los cuerpos de monitoreo de tratados, y en él, junto con los mecanismos establecidos por la Comisión sobre derechos humanos y la sub-comisión, han trabajado mucho y por mucho tiempo para erradicar el racismo. A pesar de eso, y a pesar de las dos Conferencias mundiales y las tres Décadas internacionales para combatir el racismo, el problema todavía está muy vivo. Las formas más abiertas de racismo pueden haber sido puestos fuera de la ley, pero la discriminación persiste en múltiples formas, con frecuencia maneras sutiles y sistemáticas. En realidad, a juzgar por la persistencia de las actitudes racistas frente a las muchas veces elaboradas medidas antidiscriminación, tendríamos que admitir que las acciones contra el racismo hasta la fecha, cuando mucho, ha tenido resultados limitados.

La tarea que nos espera es idear estrategias innovadoras para combatir el racismo. Eso no significa simplemente configurar leyes y mecanismos para proteger contra la discriminación racial, sino efectuar un cambio de mentalidades, de corazones y espíritus. Aung San Suu Kyi lo dijo bien:

“La revolución más pura es la del espíritu, nacida de una convicción intelectual de la necesidad de cambiar en… las actitudes mentales y valores… . Sin una revolución del espíritu, las fuerzas que produjeron las iniquidades del viejo orden, continuarían estando operativas, planteando una amenaza constante al proceso de reforma y regeneración…”.

La educación como clave

El temor es lo que yace en el corazón del odio racial y la xenofobia: temor a la diferencia, temor a que la posición económica o social se vea amenazada, temor a que pudiera perderse la identidad en un mundo crecientemente globalizado. Si el temor es el principal factor, la educación es el remedio clave. Es preciso que decidamos dedicar más recursos a la educación contra el racismo y la xenofobia, aprovechando la inmensa influencia que brinda el Internet y las nuevas tecnologías. El Internet, que ha sido mal utilizado como un vehículo para propagar teorías de superioridad racial y antisemitismo, puede ser un medio formidable para educar y cambiar actitudes, mejorándolas.

La dimensión económica –Una mentalidad de fortaleza

Estudiando las raíces del racismo y la xenofobia en el mundo moderno, la importancia de la dimensión económica se hace inmediatamente evidente. La brecha existente entre los ricos y la enorme cantidad que vive en una pobreza calamitosa se esta ampliando todo el tiempo.

Mientras que algunos son conscientes de esta brecha e intentan cerrarla, muchos prefieren adoptar la mentalidad de fortaleza, basada en la determinación de defender su prosperidad contra lo que perciben como amenazas externas. Esta es una tendencia que tiene repugnantes, xenofóbicos trasfondos. Hay una tendencia a satanizar a aquellos que llegan a las sociedades ricas en busca de una vida mejor. Los migrantes son explotados y culpados por los males económicos con los que ellos nada tienen que ver. Los refugiados, las personas desplazadas y aquellos que buscan asilo por seguridad son duramente amenazados y, cada vez con mayor frecuencia, rechazados.

Lo que es verdaderamente preocupante en la actualidad es que la mentalidad de fortaleza está asumiendo dimensiones globales. La globalización puede conseguir economías de escala, que incrementan las utilidades de las empresas. El peligro yace en que, a menos que la comunidad internacional actúe ahora para asegurar que los beneficios de la revolución de la información y de los mercados abiertos sean más ampliamente compartidos, la globalización se convertirá más en una barrera para empobrecer a los países que participan plenamente en la economía internacional. Las protestas en las conferencias de la Organización Mundial de Comercio y en otras partes más, reflejan la sensación de que el actual sistema económico mundial se inclina más al lado de los ricos.

La comunidad internacional enfrenta aquí una elección fundamental: Si avizoramos un mundo de dos partes sumamente diferentes, una con una riqueza y sofistificación tecnológica siempre creciente, y la otra un lugar donde la gente vive en abyecta pobreza; o abrazamos la idea de que todos estamos juntos en esto como miembros de una familia humana, con derechos económicos, sociales y culturales que se deben implementar progresivamente. Esta opción abarcadora considera la diversidad como una fuerza, no como debilidad, y reconoce los grandes beneficios sociales, culturales y, sí,  económicos, de una sociedad multicultural. Es una visión de un mundo donde la gente de todos los colores, credos y posiciones viven juntos en armonía y paz. Es la visión de Leopold Senghor:

“… La naturaleza ha trabajado las cosas para que cada persona, cada raza, cada continente cultive, a su propia manera, virtudes específicas de humanidad, y aquí encontramos la precisa expresión de su originalidad”.

Responsabilidades de los gobiernos

Existe una responsabilidad y una obligación de cuidado particulares por parte de los gobiernos, en lo que se refiere a la lucha contra el racismo, la xenofobia, la discriminación y la intolerancia. Las relaciones entre las diferentes razas y grupos étnicos dentro de una sociedad representan un tema altamente sensitivo sobre el cual, la gente que viste uniforme, sea policía, militar o personal carcelario, necesita un entrenamiento adecuado. Los gobiernos y la comunidad política debe, en todo momento, conducir a la opinión pública y no jugar a las cartas de la raza o complacer a quienes reclaman que se sienten amenazados por gente a la que ellos consideran diferentes.

Existen muchos ejemplos que podría citar donde los gobiernos fingen que no ven las tensiones étnicas y raciales, o que han tratado mal a los pueblos indígenas o, lo peor de todo, que se han aprovechado de las tensiones étnicas o raciales para beneficio político.

Yo estoy profundamente empeñada en un fuerte mecanismo de seguimiento de la Conferencia mundial para examinar si los gobiernos han cumplido sus promesas. Quiero ayudar a hacer de esta una Conferencia de acciones, no sólo de palabras.

El objetivo es claro: identificar formas innovadoras para configurar el espíritu de este nuevo siglo en reconocimiento del ineludible hecho de que todos nosotros, cualesquiera sean nuestras diferencias, pertenecemos a la misma familia humana. Debemos tener la visión de un mundo donde el color de la piel de una persona, su identidad religiosa o étnica no la diferencie para usufructuar su derecho a seguir el curso de la vida que desee, cualquiera que sea, donde la diversidad sea considerada como una fuerza y no como un problema. Si ese espíritu prevaleciera y se tradujera en medidas prácticas para abolir toda forma de discriminación, habremos logrado mucho.

Idealismo y convicción

Para quienes dicen que esta es una aproximación demasiado idealista, yo les respondería que todos los movimientos que han mejorado la condición humana nacieron del idealismo y de la convicción de que alguna mala práctica debía ser cambiada. El movimiento contra la esclavitud en el siglo XIX, los movimientos por los derechos civiles y antiapartheid estuvieron basados en el idealismo, y todos enfrentaron desafíos que en su momento parecían insuperables.

Nelson Mandela en prisión, en Pretoria, en 1964, antes de ser transferido a la isla de Robben.

Para obtener inspiración no tenemos sino que ver al ex presidente de Sudáfrica, Nelson Mandela. En su famoso discurso desde el banquillo de los acusados, en 1964, él dijo:

“He luchado contra la dominación blanca, y he luchado contra la dominación negra. He acariciado el ideal de una sociedad libre y democrática en la que todas las personas vivan juntas y en armonía y con iguales oportunidades. Es un ideal, por el que espero vivir, y alcanzar. Pero de ser necesario, es un ideal para el que estoy preparado para morir”.

El coraje de Nelson Mandela, quien pronunció estas palabras mientras enfrentaba la prisión por un término que duraría 27 años, debe ser una inspiración para nosotros en nuestra tarea. Debemos obtener coraje, también, de la generosidad de espíritu que él ha mostrado siempre y de su inconmovible compromiso con una Sudáfrica multicultural.

Mi meta es que cuando lleguemos al final de nuestras deliberaciones en Sudáfrica, en setiembre próximo, tengamos un acuerdo sobre una resonante declaración contra el racismo que llegue e inspire a todos los pueblos de todas partes, y que hayamos podido concordar en un programa de acción práctico que verdaderamente establezca la diferencia en la lucha contra el racismo.

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Nº 24

Contenido

Tema principal

Creatividad, música y el espíritu humano

El arte de la vida: Entrevista con Herbie Hancock

Nuestro más rico mensaje por Paul Robertson

Perspectiva

El espíritu del siglo: Una familia humana

Ensayo

La educación como transformación

Retratos de ciudadanos mundiales

Osvaldo Pugliese

  Conferencia

Conferencia femenina sobre la paz en Washington, D.C.

  Caso de estudio

Cambiando la historia 

Ciudadanos

Involucrada con la vida 

Alrededor del mundo

Malasia –Un rico tapiz cultural

Actividades de ayuda por los sismos de la India y El Salvador

Campaña de plantación de árboles en las Filipinas

Foro de la paz en Qatar

Limpieza de la ciudad en Hamburgo

Alentando a los huérfanos

Detener la intimidación

Se inaugura centro en Nepal

Nuevos libros

Artes y Educación

Seikyo Press

El Budismo en la vida diaria

“El Vacío”

Exposición

Exposición Obras Maestras de Occidente

Miembros de la SGI

Nepal

   

 

 

El Hombre asume el reto de ser mejor padre e involucrarse más en la vida de los hijos, se proyecta mas abiertamente como pareja, ha perdido un poco la imagen de autosuficiente y controlador, claro está que sigue aplicando su sicología masculina.

El machismo aún prevalece en algunas sociedades, contribuyendo a la anulación de la mujer pero se han abierto espacios considerables.

LOS JOVENES EN EL SIGLO XXI

 Siglo XXI -Trauma social, violencia y adolescencia Rita Perdomo[i] Facultad de Psicología. UDELAR    “Mis antecedentes son mi futuro”Ernesto Sábato   “Un joven nos pone frente a la distancia  entre los sueños y lo que hemos hecho.” “La esperanza es un lugar cultural de construcción de proyectos.” Josefina Semillán               Aquí pretendemos articular dos aspectos: la noción de cambio y los conceptos de trauma social y violencia, relacionándolos con el proceso adolescente.             La noción de cambio, de lo nuevo, implica la necesidad de redefinir un proceso adolescente que no es independiente de las transformaciones que está sufriendo la cultura. Noción de final y de principio: final de siglo, principio de milenio; final de la infancia, principio de la juventud. De hecho, no existe una ruptura. En ambos casos, las transformaciones se vienen gestando con la consiguiente carga de ansiedad y angustia. La crisis de la adolescencia transitando una crisis de civilización. En el siglo XX, a partir de la primera Guerra Mundial, y en particular desde mediados de siglo con el uso destructivo de la tecnología en la segunda Guerra Mundial, que llega a su apogeo con la deflagración  de la bomba atómica, comienza a instalarse el desencanto en la humanidad. Con Hiroshima estallan el ideal de progreso, el racionalismo, la ilusión de un mundo mejor. A su vez, los vertiginosos cambios tecnológicos posibilitan una revolución de los modos de producción y consumo. Las sociedades industrializadas ingresan a la era posindustrial. Se gesta un nuevo orden global de la economía. Se instauran las políticas neoliberales, asociadas a un conjunto de variables de poder llamado mercado. Con la exclusión de numerosos sectores de la población, la dualización de la sociedad se constituye en la contracara de la globalización. La modernidad da paso a un nuevo momento de la cultura que Lyotard denominara “condición posmoderna”, porque se caracteriza por lo que resta de los “grandes relatos” de la modernidad. Esos “proyectos o utopías cuya finalidad era legitimar, dar unidad y fundamentar las instituciones y las prácticas sociales y políticas, las legislaciones, las éticas y las maneras de pensar (Lyotard, 1989, p. 63)”[ii]; “grandes relatos” que aún no han sido sustituidos por otros. Se genera así un vacío. Marcelo Luis Cao (1997, p. 71) plantea que, “en consecuencia, el vacío es la sensación que se adueña de los sujetos frente a la retirada de los códigos, valores e ideales que por generaciones reglaron los intercambios sociales.”[iii] En una alianza entre el neoliberalismo y los medios masivos de difusión en el contexto  de esa “condición posmoderna”, se van gestando las nuevas subjetividades. El nuevo orden global, que en sus inicios hace a la globalización de la economía, se transforma en una globalización de las subjetividades. Hablar de los jóvenes en el siglo XXI implica entonces un doble desafío: conceptualizar y comprender el proceso adolescente en la cultura contemporánea, y en nuestros países del tercer mundo, desindustrializados, donde esta cultura se instala “como un ‘después’ de un ‘antes’ (la sociedad industrializada) que todavía no llegó. (Semillan, J. 1997, p. 71)”[iv]             Según Jeanine Puget, (1991, p. 73) “el macrocontexto social tiene un efecto estructurante sobre el sujeto, independiente y simultáneamente con la mediatización parental”[v]. ¿Qué sucede  en la actualidad con este, nuestro macrocontexto? Aquí se impone, entonces, introducirnos en los conceptos de trauma social y violencia. Conceptualizaremos el trauma social como un estado general especial, producido por  violencias que generan heridas que dejan una impresión duradera e indeleble, marcas y fracturas padecidas y presentes en el conjunto del cuerpo social. Por consiguiente, trauma social y violencia constituyen de por  sí términos inseparables. M.C. Rojas et alt, (1990) en el ámbito de la investigación en el Psicoanálisis vincular, han caracterizado como violencia “… al ejercicio absoluto del poder de uno o más sujetos sobre otro, que queda ubicado en un lugar de desconocimiento; esto es, no reconocido como sujeto de deseo y reducido, en su forma extrema, a un puro objeto. (…) consideramos a la violencia por su eficacia, la de anular al otro como sujeto diferenciado, sumiéndolo en una pérdida de identidad y singularidad que señala el lugar de la angustia.”[vi] En este trabajo partimos del supuesto de que el trauma y la violencia social tienen repercusión en la estructuración psíquica de los adolescentes, y que conllevan actuaciones violentas hetero y auto dirigidas, que constituyen factores de riesgo. Por otra parte,  hoy podemos apreciar mensajes contradictorios, confusos, doble discursos que nos conducen a pensar sobre los efectos que los mismos provocan también en la estructuración del psiquismo. En la vida cotidiana y a través de los medios masivos de difusión, la eterna juventud que lleva al borramiento de las diferencias generacionales se impone como el modelo ideal. Paradojalmente, a los jóvenes les es denegado un lugar, obturando sus posibilidades de incidir en la sociedad y proyectarse en el futuro. Esta violencia genera efectos de fragilización (procesos y proyectos identificatorios) en este devenir de lo juvenil, lo cual es percibida claramente por los propios adolescentes, generándoles incertidumbres y angustias que se superponen a la incertidumbre específica del propio proceso adolescente. En la investigación “Los adolescentes uruguayos- hoy”[vii], que venimos desarrollando en el seno de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República, éstos dan cuenta de la incidencia de la exclusión, el desamparo y la incertidumbre. – En forma muy mayoritaria identifican el trabajo como el principal problema que enfrentan hoy en el Uruguay, en el contexto de la falta de oportunidades y medios que les brinda nuestra sociedad. – Así como identifican con total precisión cuáles son los problemas que enfrentan como jóvenes, no pueden discriminar qué cosas buenas les ofrece el país. – Se muestran fundamental­mente inseguros con relación al futuro, y en gran medida pesimistas. Estas respuestas dan cuenta de las escasas posibilidades de insertarse en la sociedad  proyectándose en el futuro, constituyendo expresiones de una situación traumática en el ámbito social. El tema de la incertidumbre, de las dificultades para poder proyectarse en un futuro impredecible y a veces imposible, ha conducido a que las argentinas Selener y Sujoy (1998) introdujeran el concepto de un nuevo duelo que deben enfrentar los adolescentes contemporáneos, que ellas denominan “duelo a futuro”. Un duelo vinculado con lo que no podré, lo que no seré, o que quizás nunca pueda ser: “Anticipar la incertidumbre, la disolución de ciertos anhelos que la cultura puede no contener, ubica al adolescente en una posición de apuesta permanente a un futuro que no se puede delinear.”[viii](Selener y Suyov, 1998, p. 246)             De por sí, la percepción por parte de los adolescentes, del trabajo como principal problema que enfrentan en el contexto de la falta de oportunidades y medios que hoy les brinda nuestra sociedad, implica el reconocimiento de una situación básicamente violenta de acuerdo con la definición que manejamos, en tanto que dicha situación remite a un poder instituido, donde ellos quedan ubicados en el lugar del desconocimiento. Es decir, no reconocidos como sujetos de deseo, anulados como sujetos diferenciados, impotentes, sumidos en una pérdida de identidad y singularidad que señala el lugar de la angustia. Esto resulta relevante, ya que además de que para muchos jóvenes (lamentablemente cada vez más) trabajar constituye un factor básico en cuanto a sus posibilidades de una supervivencia digna, el acceso al trabajo y las posibilidades de inserción social, por sí mismas son instancias que tienen una función estructurante de la personalidad, lo cual adquiere especial importancia en esta etapa vital. Esta violencia vinculada con la falta de oportunidades y medios que brinda nuestra sociedad es inseparable de las vivencias de desamparo. El desamparo puede darse en todos los sectores de la sociedad, pero adquiere un carácter especialmente relevante en los estratos sociales más vulnerables donde la exclusión deviene en autoexclusión, en particular para las mujeres. Cuando preguntamos “¿Cuál es tu ocupación, qué hacés?”, las adolescentes de los estratos socioeconómicos bajos fueron las únicas que nos respondieron por la negativa: “No hago nada” o “No estudio ni trabajo”. Lo hicieron en porcentaje muy elevado (la tercera parte).  En ningún caso, en toda la muestra, los varones dieron este tipo de respuestas por la negativa. Estas mismas mujeres son las que dijeron que no tienen amigos, las que manifestaron en mayor porcentaje haber tenido ideas de suicidio, las que menos han hablado al respecto con nadie, etc. Es decir, que se  ponen a sí mismas en el lugar de la exclusión, la están asumiendo. Por otra parte, son adolescentes que de hecho hacen muchísimo. Resulta dramático que digan “No hago nada”, cuando  se hacen cargo de sus hermanos, de la casa, y muchas veces trabajan como empleadas domésticas, son madres y/o ejercen la prostitución. A mayor nivel de vulnerabilidad, mayor es el desamparo, y por lo tanto, mayor autoexclusión. De estas y otras consideraciones que surgen del análisis de las respuestas de adolescentes de diferente género e inserción social  surge la necesidad de hacer referencia a “juventudes y adolescencias”, en vez de hacer mención a “la juventud o la adolescencia”. A las respuestas antedichas se agregan otras cuya consideración nos parece de interés: – El desconocimiento acerca de los dramáticos hechos vividos por la sociedad uruguaya con relación a la dictadura militar, puesto de manifiesto por los dos tercios de los entrevistados. – La afirmación masiva de que los actuales adultos lucharon por sus ideales cuando eran jóvenes, seguida  de la consideración muy mayoritaria de que no lograron lo que se propusieron en aquél momento, sino que “fracasaron” (palabra textual utilizada). – La sorprendente afirmación masiva (87%) de que sienten que los adultos les entienden y que ellos entienden a los adultos. La articulación de esta variable con otras, que denotaban una falta de comunicación auténtica, ausencia de puesta de límites, vivencias de abandono, etc., nos condujo a otro nivel de análisis en que “ser entendido” y “entender” no remite a una auténtica comprensión, sino a una falta de confrontación generacional. Estos últimos tres aspectos denotan: – Las dificultades de comunicación en la familia, con las consiguientes dificultades para la historización. – Una imagen especular negativa de los adultos respecto a la consecución de los ideales: cuando los jóvenes se miran en ellos, la imagen que reciben es la del fracaso. – La repercusión de profundas heridas narcisísticas en la crisis existencial de los adultos contemporáneos, ya que éstos en su juventud no sólo creyeron que iban a protagonizar  cambios sociales positivos, sino que también iban a vivirlos. – La falta de confrontación generacional, que podría inducir a pensar que la actual generación de jóvenes se encontraría hiperintegrada con relación al conflicto generacional, y no se constituiría en motor de cambios sociales. Todo esto incidiría en al “desencanto” y la aparente apatía actual de los jóvenes, como consecuencia de inscripciones intrasubjetivas relacionadas con aspectos intersubjetivos y transubjetivos (la historia de los padres, y la historia del país y del mundo, donde en todos los  casos se pone en juego la imposibilidad de elaborar situaciones traumatizantes, dificultando la historización). Según Juris y Naymark  (2000, p. 224) “Lo que se trasmite en la transubjetividad de las generaciones es también lo que falta, lo que no ha recibido inscripción, al precio de un agujero, de un eclipse del ser. Tenemos que tomar en cuenta la incidencia  intra-psíquica de las rupturas múltiples que afectan el funcionamiento del psiquismo: catástrofes sociales históricas (guerras modernas, el Holocausto, los genocidios, las dictaduras, la amenaza nuclear –Nosotras agregamos el terrorismo en todas sus formas-).             Es imprescindible tomar en cuenta ‘el encuentro de la historia con la historia del sujeto’ (Kaës).”[ix] (Juris, J. y Naymark, M. 2000, p. 224) Siguiendo el pensamiento de estos autores, la violencia a que se ven sometidos los jóvenes por el no-lugar que se les asigna se refuerza con la existencia de una violencia reprimida, transmitida por los padres quienes a su vez la habían padecido pasivamente en su propia juventud, transitada durante los procesos dictatoriales que azotaron a la región. Además de lo expuesto, el conjunto de las manifestaciones de los adolescentes da cuenta del individualismo, de la crisis de valores en la sociedad, del narcisismo, del vacío. En ese contexto, la crisis existencial de los adultos contemporáneos parece superar ampliamente la de los adolescentes. Esa crisis de los adultos es básicamente una crisis de valores que surge del conflicto entre el antiguo ideal juvenil de progreso, querer cambiar el mundo para mejorarlo, y las despiadadas reglas neoliberales del “vale todo” actual. La pérdida de los valores solidarios ha dejado un vacío imposible de llenar. M.L. Cao (1997, p. 71) plantea que “(…) el vacío es la sensación que se adueña de los sujetos frente a la retirada de los códigos, valores, e ideales que por generaciones reglaron los intercambios sociales”[x]. Se corresponde así con profundas heridas narcisísticas sufridas por estos adultos, de las cuales, como vimos, dan cuenta los adolescentes, vinculadas a traumas sociales que nos competen no sólo en el ámbito nacional y regional, sino también en el ámbito global. Quizás  hoy, los adultos seamos quienes más nos cuestionemos “quién soy” con relación a “quién era”, pregunta que se consideraba típicamente adolescente. Probablemente uno de los más graves problemas de la sociedad contemporánea que dificulta el tránsito de los adolescentes por esta etapa tan importante de la vida, sea precisamente esta  crisis de los adultos, en la medida en que no se está dando una confrontación generacional. Los adultos no están pudiendo asumir un rol que como tales les compete en la sociedad, un rol de frontón de pelota al decir de Erikson (1968, p. 45)[xi]. Esta profunda crisis existencial de los adultos contemporáneos, adolescentización de la sociedad mediante, dificulta la puesta de límites y resiente la función de sostén,  impidiendo que los adolescentes puedan diferenciarse y discriminarse. Por otra parte, la incertidumbre, el desconcierto, el desencanto, la depresión, que afectan a los adultos, los han conducido a un incremento de consumo de alcohol y fármacos que adquieren ribetes alarmantes, no sólo por su dimensión numérica, sino porque además sirven como modelo negativo para los adolescentes, incidiendo en factores de riesgo que hemos de analizar más adelante.  Tal es el caso del consumo de alcohol  fundamentalmente en los varones (de gran incidencia en los accidentes de tránsito y acompañando los intentos de autoeliminación), y la utilización de fármacos en las adolescentes (utilizados como método privilegiado de intentos de autoeliminación femeninos). El patrón adictivo adulto que surge en nuestra investigación de las respuestas de los propios jóvenes: alcohol y tabaco los padres; tabaco y psicofármacos las madres, coincide con datos obtenidos por otros profesionales de la salud. Pese a todo lo expuesto, hoy suele hablarse de la crisis de valores de los jóvenes y de sus adicciones. Esta afirmación implica el ejercicio de una doble violencia sobre los adolescentes: se les estigmatiza, ubicándolos en un lugar de desconocimiento. Esto se realiza a través de un dos mecanismos de defensa puestos en juego por los adultos: la proyección y la desmentida. Desde principios de la década de los ’70 Mauricio Knobel ( 1989, pag. 35) plantea que “El adulto proyecta en el joven su propia incapacidad de controlar lo que está ocurriendo socio-políticamente a su alrededor y trata entonces de desubicar al adolescente”[xii]. A su vez, Kancyper señala que “el desinvestimiento de la autoridad parental (…) es una operación necesaria pero también angustiante del desarrollo humano, y puede ser denegado cuando en el vínculo entre padres e hijos prevalecen relaciones de objeto de tipo narcisista y/o pigmaliónico en las cuales el otro no es considerado diferente ni separado. En estos vínculos la alteridad o la mismidad quedan total o parcialmente desmentidas con el objeto de generalizar la omnipotencia y la inmortalidad de los progenitores (…) (Kancyper, L., 1997, p. 15)[xiii] La crisis de los individuos que componen una sociedad se corresponde con la crisis de las instituciones que la integran. De esta forma, en el momento actual se ven afectados, entre otros, la familia, la educación, el sistema político, el estado.              ¿Qué sucede cuando nos enfrentamos a adultos que se muestran débiles, frágiles, cuando la sociedad  pierde su función de sostén? ¿Qué sucede cuando se dan en forma conjunta tres aspectos que como se vio son inseparables: la violencia, el desamparo, y la incertidumbre? Las diferentes formas de exclusión que sufren los jóvenes, correspondientes a situaciones traumáticas en el ámbito social, repercuten en factores de riesgo que hoy  enfrentan los adolescentes. Ante el trauma, la violencia no es pasible de ser procesada, no se puede contener, no se puede canalizar, se desborda. Sin intermediación de lo simbólico, lo que resta es el pasaje al acto. Esta violencia se deposita y devuelve al afuera, o bien se corporiza, poniendo en riesgo la propia vida. No hemos de extendernos en cuanto a la violencia heterodirigida, exclusivamente por motivos de espacio. No obstante, no podemos dejar de señalar además de la exclusión y la pérdida de la función de sostén de la sociedad, la incidencia que tiene en las conductas violentas que se observan hoy en todos los tramos etarios, y por consiguiente también en la adolescencia, otro trauma social de gran trascendencia, que  hoy cobra particular relevancia en nuestro medio: la dictadura militar. Al respecto nos parece pertinente sintetizar algunos conceptos elaborados por Kordon y Edelman con relación a la Argentina. ( Kordon, D. y Edelman, L.< 1986, p. 165)[xiv]: – Aunque ya no se da el sentimiento de inseguridad inmediata, se mantiene la situación de desprotección social vinculada a la situación de impunidad inscripta en un proceso de profundización de la crisis global, que genera ansiedades, temor y escepticismo. – Aparecen modalidades delictivas con un alto grado de violencia y agresividad irracional (la violencia se convierte en un fin en sí). – Estas modalidades delictivas no serían solamente producto de la crisis económica y la desocupación, sino que estarían directamente vinculadas a los modelos represivos suministrados por la dictadura y en particular a la situación de impunidad mencionada. Tal sería el caso de la utilización de prácticas como la tortura y las violaciones, y la acción de las patotas que agreden por motivos nimios, amparándose en la superioridad numérica y la indefensión de la víctima. Cabe consignar que la violencia social que se ejerce sobre nuestra sociedad contemporánea alcanza por igual a niños, jóvenes, adultos y viejos. Con distintas características y repercusiones nos compete a todos y nos toca a todos. Pero se torna en una violencia autodirigida especialmente en la adolescencia,  lo  cual constituye uno de los aspectos más dramáticos que se ponen de manifiesto en esta etapa vital. De allí que enfaticemos su importancia. La antropóloga Josefina Semillán plantea la exclusión social de los jóvenes como  nuevas formas de aborto en las cuales la existencia puede ser tanto un durar resignado, como tratarse de un desafío, un lanzarse a vivir intentando ser feliz, donde cualquier incertidumbre se paga con la vida real o metafórica. Nosotras solemos hablar de lo que denominamos un “amplio espectro de conductas suicidógenas”[xv] asumidas por los adolescentes, en que estos están volcando la violencia social sobre sí mismos, generando las principales causas de muerte en este período vital: accidentes e intentos de autoeliminación. Estos no sólo no pueden separarse entre sí, sino que además se vinculan con el problema de  las drogas (incluimos alcohol y tabaco), la anorexia y la bulimia, no cuidarse del SIDA. Es decir, toda una serie de actuaciones sobre el cuerpo interrelacionadas, en que los adolescentes ejercen una violencia autodirigida que implica riesgo de vida. En un trabajo anterior planteábamos que “(…) la sociedad contemporánea actúa sobre su cuerpo (el cuerpo social) los graves conflictos que la aquejan, desplegando sobre sí la muerte. Los jóvenes suicidas (en todo su espectro), emergentes de esta situación, portadores de los elementos tanáticos de la sociedad, los denuncian.”[xvi] El único tramo etario en el que la expectativa de vida no aumenta como en el resto, sino que decrece, es la juventud, por la incidencia de  las problemáticas referidas. Plantear las dificultades que enfrentan los jóvenes es plantear las dificultades por las cuales atraviesa la sociedad en su conjunto. Esto no significa una visión apocalíptica de la realidad. A pesar de lo expuesto, consideramos que los adolescentes nos están desafiando permanentemente de formas no pre-vistas, es decir, no vistas o vividas por nosotros con antelación. Nos están invitando a de-velarlos, a re-conocerlos, a admitirlos como diferentes, a escuchar su dolor, pero también sus anhelos, sus logros y valores, porque los valores que están en crisis son los nuestros, los de los adultos, de quienes heredan un mundo peligroso. Crisis proviene del griego Krisis que significa  ruptura, el acto o facultad de distinguir, elegir, decidir, resolver. Por lo tanto, en el concepto de crisis está implícito el cambio, lo que nos enfrenta al desafío de trabajar desde la diferencia. Crisis, por lo tanto, no es sinónimo de catástrofe. El desafío que nos presenta toda situación crítica es la posibilidad de elaborarla para así poder resolverla y procesar cambios.  Hoy el macrocontexto se presenta como un puzzle que nos desafía a resolver, decidir, elegir, a través de la unión de los fragmentos-piezas que encastran con precisión entre sus lados, iguales, pero también diferentes. Crisis que remite a ruptura del tiempo, en donde hay que discernir en esta aparente ausencia de valores, en este aparente fin de la historia, muerte de los ideales y derrota del pensamiento, el final de una etapa y comienzo de otra. La crisis de los valores no implica su desaparición, así como la crisis de la civilización no implica el fin de la historia. El desafío es no aceptar la derrota del pensamiento que se nos pretende imponer desde la alianza entre algunas cepas de la posmodernidad, el neoliberalismo y los medios de difusión. En la actualidad, el sentimiento de pérdida tiene que ver con un momento de cambio, y por lo tanto de desestructuración de lo que fuimos para habilitar una transformación, reestructuración, y así descubrir nuevos valores solidarios. El desafío es salir del vacío recuperando la dramática de la existencia, pudiendo así reinvestir el futuro juntos: cada uno desde su lugar y sus diferencias.             ¿Qué papel y responsabilidades nos competen como trabajadores de la salud con relación al trabajo con los jóvenes? Entendemos prioritario la participación en la elaboración de políticas nacionales de juventud, políticas de estado y no políticas de gobierno, y en la elaboración de estrategias de promoción de salud. A tales efectos, como mínimo deberemos tener en cuenta los siguientes aspectos: – Escuchar aceptando las diferencias generacionales, sin perder la capacidad de confrontar y de poner límites. – Favorecer y posibilitar la recuperación de la autoestima de los jóvenes. – Reconocer sus valores, potenciando la solidaridad que los caracteriza. – Facilitar su inserción social, ya que la misma es de por sí generadora básica de salud. – Acompañarlos en el rescate de una esperanza que nunca debieron perder, facilitando y habilitando sus posibilidades de reinvestir el futuro.  CITAS BIBLIOGRÁFICAS[i] Esta comunicación sintetiza dos trabajos previos: TRAUMA SOCIAL, VIOLENCIA, Y ADOLESCENCIA (Rita Perdomo – Beatriz Ruben) presentado en el XIV CONGRESO LATINOAMERICANO DE PSICOTERAPIA ANALÍTICA DE GRUPO (FLAPAG) “CONCEPTUALIZACIONES DESDE LA PRÁCTICA” y LOS JÓVENES DEL SIGLO XXI (Rita Perdomo – Cristina Pereiro) – Ponencia en  Panel del 1er. CONGRESO DE PSIQUIATRÍA SOCIAL DEL MERCOSUR – “SALUD MENTAL Y GLOBALIZACIÓN”. Ambos trabajos son de octubre de 2000. Esta síntesis se realiza como insumo del Taller 2 “Intentos de autoeliminación y su tratamiento” del Coloquio PENSAR LOS ADOLESCENTES   HOY: En la frontera de lo psíquico y lo social” – 1/3 set. 2004 [ii] Lyotard, J.  1989. La condicion posmoderna. Bs. As. > REI.  [iii] Cao, M. 1997.  Planeta adolescente. Bs As > edición del autor.  [iv] Semillán, J. 1997.  Exposición grabada en el Congreso Uruguayo de Pediatría.  Montevideo.  [v] Puget, J. 1991. Citada por Ada Rosmaryn en “EL RESCATE DE LOS IDEALES” publicado en EL CUERPO EN PSICOANÁLISIS – Asociación Escuela Argentina de Psicología para Graduados – Departamento de Niños y Adolescentes – “Xa. Jornada de Psicoanálisis de niños y adolescentes” Buenos Aires. [vi] Rojas, M.C, – Kleiman, S. – Lamovski, L. – Levi, M. – Rolfo, C.  1990  “LA VIOLENCIA EN LA FAMILIA: DISCURSO DE VIDA, DISCURSO DE MUERTE” – Revista de Psicología y Psicoterapia de Grupo, (Argentina) 1 / 2,  XIII, 1990 [vii] La investigación “Los adolescentes Uruguayos-hoy” de la Facultad de Psicología, Universidad de la República, tiene como uno de sus objetivos realizar aportes a la psicología del macrocontexto que nos permitan acercarnos al proceso adolescente desde su complejidad, a partir de la palabra de adolescentes montevideanos de entre 15 y 19 años de edad. Metodológicamente se articulan instancias cualitativas: entrevistas grupales semidirectivas en diferentes enclasamientos sociales; y cuali-cuantitativas: entrevistas directivas individuales aplicadas a muestras representativas (muestreo de hogares) de todo Montevideo (urbano y semiurbano), realizadas con preguntas abiertas y registro de las respuestas textuales, que posteriormente se sistematizaron y categorizaron para su tratamiento estadístico (1992 y 2003). También se realizó una instancia cualitativa con una muestra representativa de diferentes categorías de adultos (2000). Se trabaja permanentemente con un amplio equipo multidisciplinario de asesores. Todo esto se complementa con permanente revisión bibliográfica y observación de Medios Masivos y cultura juvenil. [viii] Selener,  G.,  Sujoy, O. 1998.  “Los dioses actuales.  Ideales y proyecto adolescente” . En XIII CONGRESO LATINOAMERICANO DE PSICOTERAPIA ANALÍTICA DE GRUPO – LATINOAMÉRICA – PROCESOS Y TRANSFORMACIONES EN LOS VÍNCULOS – Trabajos libres 3. Montevideo >  Mosca Hnos. [ix] Juris, J. – Naymark, M . 2000.  La trasmision del trauma a traves de las generaciones.  – En III Jornadas Nacionales “Teoría y clínica vincular psicoanalítica. – 16 al 18 de junio, 2000 – Federación Argentina de Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares. [x]  Cao, M.L. 1997 – “Planeta adolescente : Cartografía psicoanalítica para una exploración cultural” – Buenos Aires, Edición del autor. [xi] Erikson, E.  1968 – “Identidad, juventud y crisis. Buenos Aires, Paidos.  [xii] Knobel, M.  1989.  “El sindrome de adolescencia normal”. En  “LA ADOLESCENCIA NORMAL / Aberasturi, A.  Knobel, M . Buenos Aires, Paidos.  [xiii] Kancyper, L. 1997.  La confrontación generacional – Parte I – Cap. 1 – “ANGUSTIA Y PODER EN LA CONFRONTACIÓN GENERACIONAL” – Bs. As. Paidos.  [xiv] Kordon, D. Edelman, L. 1986. “Efectos psicologicos de la represion politica. Buenos Aires,  Sudamericana. [xv] Perdomo, R. – Costanzo, A.  1996 – “Adolescencia, juventud> el espectro del suicidio”. En Perdomo, R.  – “ENFOQUES CON ADOLESCENTES” – Montevideo, Roca Viva.  

Los jóvenes se encuentran muchos de ellos perdidos, han entrado en una faceta de abundancia de drogas, alcohol, sexo irresponsable y distracciones que les envuelve su capacidad creativa como es el uso excesivo de los videojuegos y el internet. Existen grupos de jóvenes que se forman y aportan a la sociedad, pero cada vez se encuentra más difícil la situación por los cambios en la economía para algunos y para otros la excesiva comodidad.En los jóvenes acomodados, viven mucho tiempo solos sin control o atención por parte de los padres, es como se vuelven presa fácil de las modas y en ellas están las tendencias a ocupar la mayor parte de su tiempo en video juegos e Internet, los medios de comunicación que en muchos de los casos les están transmitiendo antivalores, se promueve todo el tiempo   violencia, drogas, sexo, homosexualismo, delincuencia, discriminación racial sobre todo existen estigmas que los malos son los negros y los latinos, o los orientales. Entonces estos jóvenes si son del grupo estigmatizado crecen con resentimientos y pueden adoptar las conductas sugeridas en los juegos y entre los jóvenes blancos promueve la discriminación y otro tipo de delincuencia; como tienen facilidades en la educación se convierten en los profesionales déspotas y explotadores del futuro, si no en los delincuentes de cuello blanco.Los jóvenes que carecen de comodidad económica, tienen menos oportunidades de educación y es así como caen fácilmente en la delincuencia, en grupos terroristas, aumentando el resentimiento social., otros se superan y se convierten en los profesionales esforzados del futuro. Se ha perdido la esperanza, no hay líderes verdaderos para seguir, ven en los adultos problemas de corrupción, mentiras, violencia entonces adoptan modelos para identificarse como es natural en esa edad, es así como hoy día existen muchos grupos y cada cual se adhiere según el grado de identificación. 

        

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