Las FARC exigen la disminución de las acciones militares antes de entregar cadáveres

ADVERTENCIA A TRAVÉS DE UNA CARTA

Las FARC exigen la disminución de las acciones militares antes de entregar cadáveres

  • La guerrilla fija condiciones para devolver los cuerpos de los 11 legisladores muertos

Recuerdo en Bogotá a los diputados fallecidos. (Foto: AFP)

Ampliar foto

Recuerdo en Bogotá a los diputados fallecidos. (Foto: AFP)

Actualizado viernes 29/06/2007 20:47 (CET)

Escuchar noticiaImprimirEnviar noticiaDisminuye letraAumenta letra

EFE

BOGOTÁ.- Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) supeditan la entrega de los cadáveres de los 11 diputados muertos que estaban en su poder a la disminución de las acciones militares en la zona, según ha asegurado el responsable internacional de la guerrilla, Raúl Reyes.

El líder insurgente hizo la advertencia en una carta a Fabiola Perdomo, portavoz de los familiares de los legisladores regionales, secuestrados en Cali en abril de 2002. El mismo mensaje fue remitido a Álvaro Leiva, ex ministro que los rebeldes han aceptado en el pasado como interlocutor en gestiones de paz y uno de los mayores promotores del acuerdo humanitario al que las FARC han condicionado la puesta en libertad de sus rehenes.

Tras “certificar” la veracidad de la información sobre la muerte de los diputados, que los rebeldes publicaron el jueves por Internet, Reyes aseguró que “haremos los esfuerzos pertinentes para coordinar con el Comando Conjunto de Occidente (de las FARC) la pronta entrega” de los cuerpos.

Pero su “concreción dependerá de la disminución de la confrontación militar en la zona donde sucedieron los hechos, que por estrictas razones de seguridad nos abstenemos de mencionar por ahora”, agregó el jefe guerrillero.

“Uribe prefiere obstinarse en las aventuras de su eterna guerra, antes que pensar en salvar vidas”

Raúl Reyes, responsable internacional de las FARC

 


Según Reyes, que es miembro del Secretariado (mando central) y también jefe de llamada Comisión Internacional de las FARC, la de los diputados de Cali fue una “trágica muerte” y se constituyó en una “infausta pérdida” para las familias.

El jefe insurgente no entró en detalles sobre el caso, que según el mando regional del grupo en el suroeste del país se derivó de un “fuego cruzado” con “un grupo militar sin identificar”.

Este mismo mando sostuvo en el comunicado del jueves, que tiene fecha del 23 de junio pasado, que los hechos se presentaron el día 18 y que en ellos se salvó uno de los políticos, por hallarse en otro campamento.

Intercambio

Las víctimas formaban parte del grupo de 56 secuestrados que las FARC quieren intercambiar por más de medio millar de rebeldes presos -entre ellos dos jefes rebeldes que han sido extraditados a EEUU-, mediante una negociación en una zona desmilitarizada, condición ésta que el presidente colombiano, Álvaro Uribe, no acepta.

Uribe responsabilizó el jueves a la guerrilla de las FARC del asesinato de los 11 diputados que tenía secuestrados y negó que el Ejército hubiese mantenido combates en la zona.

La colombiano-francesa Íngrid Betancourt y tres estadounidenses destacan entre los rehenes, 34 de los cuales son efectivos de la Fuerza Pública, algunos de los cuales están secuestrados desde hace casi diez años.

“Uribe prefiere obstinarse en las aventuras de su eterna guerra, antes que pensar en salvar vidas”, consideró Reyes, quien sostuvo que las FARC, a pesar de lo sucedido y con independencia de la “soberbia” del presidente, “insistimos como ustedes en la exigencia del despeje (desmilitarización)”.

La retirada de tropas, subrayó Reyes, es “pre requisito indispensable para dar inicio al encuentro de los voceros -portavoces- de las dos partes, en el propósito de evitar nuevas fatalidades originadas en la política de los rescates a sangre y fuego ordenados por el presidente”.

http://www.elmundo.es/elmundo/2007/06/29/internacional/1183141137.html?a=FUJ2025dca637360883e93633ce8f540105&t=1183175566

Marcha por la libertad de los secuestrados

mañana jueves 5 julio 2007

Red de Amigos y Multiplicadores de la Fundación Yo Creo en ColombiaLa Fundación Yo creo en Colombia cree en las palabras de Gandhi…se parte del cambio que quieres ver en tu vida.  El asesinato de los 11 diputados y el secuestro de más de 3,000 colombianos amerita nuestra reacción.

Ayer el periódico El Tiempo en su editorial decía: “El mejor homenaje que Colombia puede ofrecer a los diputados del Valle es doble: volcarse masivamente, el próximo jueves, a las manifestaciones de solidaridad con los secuestrados, convocadas en todo el país; y apoyar la solitaria travesía a pie desde Sandoná (Nariño) a Bogotá que emprendieron hace dos semanas Gustavo y Yuri Tatiana Moncayo, padre y hermana de Pablo Emilio Moncayo, cabo segundo del Ejército, quien el próximo 21 de diciembre cumple 10 años en manos de las Farc”.Cada uno de nosotros hacen parte de la solución y el cambio, por eso seguimos el llamado de los colombianos que nos invitan a participar en la marcha contra el secuestro, mañana jueves 5 de julio a las 12m en todo el país.

En nombre de la Fundación Yo creo en Colombia estamos seguros que todos nos uniremos a la marcha, cumpliendo el objetivo de demostrar el rechazo a los actos violentos en Colombia.

Para las personas interesadas en acompañar a los miembros de la Fundación y vincularse a esta marcha el punto de encuentro será a las 11.45am en el Edificio Bancolombia Calle 30 a No 6 – 38Saludos a todos,

Fundación Yo Creo en Colombia

42 millones de gargantas y una sola voz: Libertad
El país entero se manifestó el jueves en contra del secuestro. No solo le exigió a los violentos que paren con la práctica de este delito de lesa humanidad, sino que además le gritó al mundo que los grupos armados ilegales de este país hace mucho dejaron de luchar por la justicia social que siempre pregonaron.
Texto y Fotos: Maritza Villalba Castro

Este 5 de julio, los colombianos tenían claro que si los violentos los despertaban con crímenes de lesa humanidad, ellos no se iban a callar y los atormentarían repudiando sus acciones violentas a viva voz; ya era hora de que más de 42 millones de corazones nacidos en esta tierra dejaran de llorar en silencio y le demostraran a los grupos armados ilegales y a la comunidad internacional que “en Colombia los buenos somos más”.

A las nueve de la mañana no había mayores señales de lo que realmente significaría el llamado a la protesta. En las grandes ciudades, los afanes de siempre no daban tiempo para mayores comentarios sobre la jornada, mientras que en los pueblos, el tema no era otro. Una hora después, el panorama cambió. Campesinos, mensajeros, financistas, amas de casa, taxistas, ejecutivos y familiares de los secuestrados eran un solo clamor. En las calles se empezaron a ver las primeras camisetas y pañuelos blancos, banderas tricolor y pancartas con mensajes que clamaban por la libertad de los secuestrados.

De esta manera, los colombianos iniciaron con dos horas de anticipación una marcha programada para tres minutos y que se extendió casi por cinco horas. Millones de gargantas se unieron en un solo grito aturdidor de proclama en contra de la violencia, el secuestro y cualquier otra expresión de terrorismo.

En Bogotá, los miembros de la Fuerza Pública, con sus uniformes impecables y guantes blancos; los miembros de Bogotá Sin Indiferencia y miles capitalinos del común ultimaban detalles y se alistaban para cogerse de las manos con sus semejantes en una gran cadena de solidaridad que atravesaría, inicialmente, la carrera Séptima y la calle 26, dos de las principales arterias viales de la capital; pero que luego se prolongó por todas las calles de la ciudad.

Mientras tanto, la Plaza de Bolívar, esa que ha sido escenario de conciertos, visitas de Jefes de Estado y movilizaciones de estudiantes de universidades públicas y sindicalistas, se empezaba a transformar en un mar humano totalmente blanco, con visos verdes, amarillos, azules y rojos.

El Libertador se perdía entre banderas de Colombia, camisetas y pañuelos blancos y cientos de pancartas que exigían el acuerdo humanitario.  Las voces de quienes pedían el despeje militar y de quienes lo rechazaban se confundían con las de aquellos que simplemente clamaban paz y libertad para todos.

Las expresiones de los bogotanos se avivaban aún más cuando un personaje de la vida pública aparecía en el lugar.  El alcalde, Luis Eduardo Garzón, atravesó la Plaza de Bolívar cogido de la mano de varios funcionarios de su despacho, así como de Yolanda Pulecio y Astrid Betancourt, madre y hermana de la ex candidata presidencial Íngrid Betancourt, quien permanece en poder de las Farc desde hace cinco años, y del periodista Guillermo, “la Chiva” Cortés, quien también fue víctima de este delito.

La plaza y sus alrededores estallaron en un gran grito cuando el presidente, Álvaro Uribe, apareció al lado de su esposa, sus hijos y un par de miembros de su gabinete.  Muchos le pedían al Mandatario el acuerdo humanitario y rechazaban el rescate militar de los secuestrados, mientras que otros respaldaban su decisión de no despejar ni un centímetro del territorio nacional para intercambiar a los plagiados por guerrilleros presos.

Pero a las doce del día, no importó si se quería una cosa o la otra; a esa hora, bogotanos, paisas, quindianos, risaraldenses, caldenses, costeños, chocoanos, llaneros, santandereanos, nariñenses, sanandresanos, afrodescendientes, indígenas, católicos, protestantes y otros millones de colombianos dejaron de lado sus tendencias políticas y sus diferencias, se tomaron de las manos y, entre gritos, lágrimas, pitos y  a una sola voz de LIBERTAD, no pidieron, exigieron el regreso a casa de todos y cada uno de los secuestrados

Los tres, cinco y un minuto programados en distintas regiones del país se convirtieron en casi cinco horas de protesta.  El dolor de unos pocos fue el dolor de todos; los secuestrados no eran los familiares de este o de aquel, eran los seres queridos de los 42 millones de colombianos; el país entero se dio cuenta de que no solo los 3.142 que están en las montañas o en las selvas están privados de su libertad; todos los colombianos están plagiados, tal vez no por las Farc, el Eln, los paramilitares, o la delincuencia común, pero sí por la indiferencia; por haberse acostumbrado  y  dejar  que la muerte,  el secuestro y la violencia se convirtieran en el pan de cada día, como muchos lo expresaban en la Plaza de Bolívar.

El silencio solemne que reinaba al interior de varias iglesias del territorio nacional, en las que se celebraba eucaristías, era interrumpido por los gritos de millones que solo querían que los violentos entendieran “que las armas no son ni serán jamás el camino para lograr la justicia social en Colombia”.

En la Plaza de Bolívar de Bogotá, los clamores de “libertad”, “acuerdo humanitario” y “no al despeje” se convirtieron pronto en un coro que repetía “Emmanuel, Emmanuel” cuando frente a la Catedral Primada apareció totalmente vestida de blanco y apoyada en un caminador, doña Clara González, madre de Clara Rojas y abuela de Emmanuel, el único niño en el mundo nacido en cautiverio y que hasta hoy permanece en poder de las Farc.

En medio de su dolor, doña Clara sólo levantó su mano y agitó un pañuelo blanco, con el que agradeció a los cientos de bogotanos que clamaban el regreso inmediato a casa de su hija y su nieto. 

Pasada la una y media de la tarde, cuando el Primer Mandatario abandonó la catedral,  la Plaza volvió a gritar de manera unánime “LIBERTAD” y se mantuvo así por varios minutos, hasta que Uribe desapareció por la carrera Séptima.

Sobre las dos de la tarde, los capitalinos rompieron los anillos de seguridad que habían sido dispuestos en el centro de la ciudad y lentamente fueron regresando a sus casas y a sus lugares de trabajo con la satisfacción de haber sentado su voz de protesta, pero con la certeza de que no es suficiente hacerlo un día al año y ser indiferentes al sufrimiento de los demás, los restantes 364. Como lo dijo Sebastián, un niño de trece años que no paró de exigir la libertad de los plagiados un solo minuto mientras estuvo en la Plaza de Bolívar, “no solo somos colombianos cuando gana la Selección, que ya poco ocurre; somos colombianos siempre y este no es un dolor de pocos, este es un dolor de patria y si no hacemos algo ya nos va a seguir matando lentamente a todos”.

http://www.elespectador.com/elespectador/Secciones/Detalles.aspx?idNoticia=11897&idSeccion=18

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s