Tour de Francia

“Me preocupa lo que me espera”

CARLOS ARRIBAS / LUIS MARTÍN – París – 30/07/2007

 

 Alberto Contador (Pinto, 1982) se convirtió ayer en París en el quinto español en ganar el Tour. Su nombre entra en la leyenda escrita por Federico Bahamontes (1959), Luis Ocaña (1973), Pedro Delgado (1988) y Miguel Induráin (de 1991 a 1995). Llueve a las afueras de Angoulême, poco antes de la salida de la etapa de ayer, la que le coronaría en París. el ciclista del Discovery Channel es consciente de que su vida deportiva ha cambiado para siempre.

Pregunta. ¿Qué tal ha dormido?

 

 

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  • “La gente va a cambiar la manera de mirarme, pero no tengo la intención de dejar de mirar la vida como la miraba”

“He disfrutado porque he atacado en las montañas y tengo la sensación de haber dado espectáculo”

“Espero que mi victoria traiga aire fresco al ciclismo y sea el inicio de una nueva etapa”

“He aguantado mucho. No tuve ningún sentimiento de alegría por cómo me puse de amarillo. Eso me hizo sufrir”

“Armstrong y yo somos del mismo equipo, pasamos una operación grave, pero, ¡cómo voy a ser su heredero!”

Respuesta. Mal. Es curioso, el viernes, el día antes de la contrarreloj en la que me jugaba el Tour, dormí de fábula, como un niño. Benjamín [Noval] puso la película y a los diez minutos ya dormía. Pero ayer no, ayer le di muchas vueltas a la cabeza.

P. ¿Se metió con el maillot en la cama?

R. Lo dejé en la maleta, pero es cierto que le di muchas vueltas a lo que me está pasando.

P. ¿A lo que le está pasando o a lo que le espera?

R. A todo un poco, pero especialmente, a lo que me espera. Ayer [por el sábado] me cambió la vida. En lo que más pienso es en lo que me viene encima.

P. ¿Le asusta más que subir el Aubisque?

R. No me asusta, pero sé que la libertad que tenía igual ahora va ser más limitada y debo prepararme. Igual no, igual me equivoco. Claro, que bienvenido sea.

P. Usted iba por Pinto excusándose de haber quedado sexto en la Dauphiné ante los cuatro que sabían quién era en el pueblo. De eso hace sólo un mes…

R. En Pinto el ciclismo no era muy seguido y yo podía llevar una vida absolutamente normal, no me conocía nadie. Van a cambiar las cosas, soy consciente. Tendré que hablar con la familia y con la novia para que se mentalicen hasta que se ponga todo en orden. Nunca me ha dado problemas la presión y espero que ahora tampoco.

P. Usted ha ganado un Tour en el que le cayó encima el liderato a las once de la noche de un miércoles, a cuatro días de llegar a París, con una contrarreloj por medio en la que se jugaba ganarlo contra dos tipos de 30 años. ¿Eso no es presión?

R. Pues sí. Pero la he llevado bien porque es ciclismo. También he aguantado mucho en las ruedas de prensa. Sabes que el ciclismo está bajo sospecha y te quieren meter el dedo para ver si saltas, y lo tienes que aguantar como aguantas la lluvia, el calor y el frío. El Tour lo he llevado bien porque soy ciclista, pero lo que viene no sé cómo será.

P. ¿Se han hecho más largos estos cuatro días de amarillo que el resto del Tour?

R. Tengo la sensación de haberlo llevado bien. He disfrutado en el Tour porque he atacado en las montañas y… no sé, tengo la sensación de haber dado espectáculo. Pero ahora piensas en Londres y parece que fue el año pasado.

P. ¿Ha hablado ya con Lance Armstrong?

R. No, no le vi ayer después de la etapa [por el sábado]. Durante el crono le escuché por el pinganillo darme ánimos y gritarme ‘¡ataca, ataca!’, y ‘¡dadme diferencias!’. Conmigo siempre ha sido muy atento. Estuve con él en California, en la concentración, me llamó para felicitarme por la París-Niza y en el Tour me ha llamado dos o tres veces. Le estoy muy agradecido. Para mí fue muy importante saber que iba detrás en el coche.

P. Durante su primer Tour, en 2005, aseguró que le había impresionado estar a su lado.

R. Sí, es verdad. Hay dos ciclistas que me ha impresionado verles a mi lado: Armstrong y Ullrich.

P. Ahora el que va a impresionar será usted.

R. Ése es el problema, que la gente va a cambiar la manera de mirarme y eso me preocupa, porque yo no tengo ninguna intención de dejar de hacer lo mismo que hacía y mirar la vida como la miraba. El problema es que no puedes controlar a los que van a decir, ‘uy, mira qué tonto se ha vuelto éste’. Yo no me noto diferente.

P. Le señalan como el heredero de Armstrong.

R. Etiquetas. Somos del mismo equipo, hemos pasado por una operación grave… Pero, ¡cómo voy a ser heredero de un tío que ha ganado siete Tours! Yo voy a disfrutar de este Tour y ya veremos.

P. Sí es usted heredero de la tradición de escaladores españoles.

R. De eso sí. Soy un escalador. Mi modo de correr es diferente del de Lance. Él era más completo que yo. Estoy contento, además de por haber ganado el Tour, por el sentimiento que me transmite la afición. Cuando atacaba, en las subidas, lo notaba. Eso les ha encantado. Y estuvo muy bien la emoción de la última contrarreloj. Si le meto un minuto a Evans, la etapa no hubiera lucido nada.

P. Y eso de disparar en el pódium tras tocarse el pecho, ¿no es un gesto de pistolero tejano, de Armstrong?

R. Pues no. Es que lo hice cuando gané la París-Niza como un gesto para mi familia. Casi un mes fuera de casa… Les echo de menos. Y a la novia.

P. ¿Y su hermano?

R. ¿El pequeño? No tiene conciencia de lo que hace su hermano [sufre parálisis cerebral], de si gana o pierde o sale por la televisión. Pero supongo que cuando bajó a la plaza disfrutaría, porque hubo tracas, cohetes… Se armó una buena. La gente está revolucionada y se bañó en la fuente como cuando gana el Real Madrid.

P. Para una familia como la suya, de currantes, esto supone poco menos que arreglarles la vida, ¿no?

R. ¡Espera que firme el nuevo contrato y verás! Espero darle a mi familia lo mejor, se lo merece. Mi padre tuvo que dejar de trabajar para cuidar a mi hermano. Hicimos cuentas y nos salía más rentable, porque así también me ayuda a entrenarme. Coge el R-5 y me acompaña.

P. En las cunetas le animaba gentes de todas partes. La afición al ciclismo no entiende de países…

R. Impresionante. El sábado no pude disfrutar tanto, pero en el Aubisque fue impresionante. No eran sólo los de mi cuadrilla de Pinto, mis amigos. Es que hay gente que no me conoce de nada y se ha pegado la paliza de venir a ver el Tour y pintar mi nombre en la carretera. Les estoy muy agradecido. No sé hasta qué punto son conscientes de lo que me han ayudado. Todos, incluso la gente con la camiseta de Euskaltel o del Athletic, que había muchos, me han animado y me han ayudado a sufrir en la bici.

P. ¿Este Tour lo ha ganado sufriendo?

R. Sí, por supuesto. He sufrido para conservar el amarillo. La verdad es que ni las circunstancias que provocaron que me pusiera de amarillo fueron agradables. También me hizo sufrir eso. No tuve ni el más mínimo sentimiento de felicidad, de alegría. No fue nada agradable enterarme de lo que había pasado y verme con un maillot que no pude conseguir atacando en la montaña. Pero luego te metes en carrera.Alberto Contador (Pinto, 1982) se convirtió ayer en París en el quinto español en ganar el Tour. Su nombre entra en la leyenda escrita por Federico Bahamontes (1959), Luis Ocaña (1973), Pedro Delgado (1988) y Miguel Indurain (de 1991

a 1995). Llueve a las afueras de Angoulême, poco antes de la salida de la etapa de ayer, la que le coronaría en París. El ciclista del Discovery Channel es consciente de que su vida deportiva ha cambiado para siempre.P. ¿Qué le decían?

R. Algo evidente: para ponerme primero tenía que ir segundo. Pero empezó otro Tour y después de la crono sí tengo la sensación de habérmelo ganado. Llegó un momento en la carrera en que las referencias eran malas, me dolían las piernas… y quedaba mucho. Ahí pensé que se me escapaba. Eso demuestra que el maillot no estaba ganado. Sentía que era como prestado. Después de la crono ya no. Peleé por ganar siempre, incluso cuando era segundo. Sin esfuerzo no consigues nada.

P. ¿Ya ha pensado en las horas que se ha pasado entrenándose con Pepe Martí?

R. Claro. No sé si estará en París, porque como hasta ayer no supimos que podíamos celebrarlo… Sin duda las horas de entrenamiento a su lado han sido determinantes. Una parte muy grande de la victoria se la debo a París.

P. El pinchazo en Tignes, el ataque en el Galibier… Eso para la táctica no es muy beneficioso.

R. Las buenas sensaciones hay que aprovecharlas. En el Galibier supe en todo momento que si atacaba haría daño, que podría seleccionar el grupo, y así fue. Pero aunque no hubiera ganado, salí muy satisfecho, a la gente le gustó mucho la etapa, disfrutó. Y de eso se trata. Una etapa como ésa puede ser muy aburrida, tienen que pasar cosas. El mejor día fue el de Galibier. En el Aubisque lo pasé mal. No sé si es que el puerto es muy duro o que no estaba bien, o que Rasmussen iba muy fuerte, pero lo pasé mal. Iba Popovich tirando y tenía que aguantar porque sabía que si quería ganar el Tour no podía decirle: ‘Popo, para’. Llegué tercero y reventé.

P. Pese a sus demarres en cuesta y la contrarreloj de Angoulême, en la rueda de prensa le preguntaron mucho por la Operación Puerto.

R. Sí, puedo entenderlo hasta cierto punto, pero es injusto.

P. ¿Cree que está pagando por los errores del pasado?

R. Puede ser. Espero que mi victoria sea un punto de inflexión y esto empiece a cambiar. Yo me quedo con la victoria, la del equipo y mi maillot amarillo. Hemos trabajado mucho y aquí estamos, con eso me quedo. El equipo se lo ha currado mucho. La esperanza que tengo es que mi victoria traiga aire fresco al ciclismo y sea el principio de una nueva etapa.

P. Según Bruyneel, está capacitado para ganar más.

R. ¡Si él lo dice! Tiene mucha experiencia.

P. Bruyneel ha estado en 11 Tours y ha ganado ocho. ¿Se le nota, le ha dado muchos consejos durante la carrera, es muy pesado?

R. Me ha dejado muy tranquilo durante el Tour. Al final se le nota que tiene experiencia. Pero tampoco ha estado muy encima de mí. Le he visto tranquilo y eso se contagia. El viernes, en carrera, le pregunté algo, no sé qué. No me contestó… ¡Se había quedado dormido!

 

 Contador, «el salvador»

POR GABRIEL MUÑOZ

Alberto Contador, madrileño, 24 años, entró ayer por la puerta grande en la historia del deporte español al convertirse en el quinto compatriota en ganar el Tour de Francia. Una victoria inapelable dentro del caos de escándalos que ha convulsionado la carrera, y del mar de dudas sembradas desde dentro y fuera de la propia ronda gala.

Dos letras, AC, en una de las anotaciones del cabecilla de la «Operación Puerto», Eufemiano Fuentes, han servido para que se escriban páginas y páginas sobre y contra el campeón, al que se pregunta más por su presunta implicación en la trama d dopaje que por sus méritos deportivos.

Contador es el nuevo triunfador del ciclismo pero, a la vez, le ha caído encima la responsabilidad de encabezar una época en el deporte de las dos ruedas tras los mazazos que le golpean, día sí y día también. Basta echar un vistazo a esta última semana para ver los casos de Vinokourov, de Moreni, o el escándalo de Rasmussen, despojado del liderato ante la presión de los responsables del Tour. Una carrera que, reconozcamos las cosas, tiene tal potencia y tanta emoción que puede permitirse el lujo de desmarcarse de todo y de todos, de exigir sus propias reglas, de seleccionar a sus participantes y de, incluso, como se hizo público hace dos días, dar un portazo en la cara a la mismísima UCI, supuesto máximo organismo de este deporte.

Al ganador del Tour se le va a exigir a partir de ya que se convierta en el salvador del ciclismo. Que sea limpio, combativo, claro. Que se erija en la tabla de salvación de un deporte impresionante pero en vías de extinción por causa de su propia ambición. Por causa de la vorágine de dinero y fama en la que se han visto envueltos sus protagonistas, sus campeones, en los últimos años.

Nadie está, al día de hoy, libre de sospechas y Contador debe ser el primero en remontar las cuestas de la crisis deportiva y de los dedos acusadores a los que se enfrentan su deporte y él mismo. Esperemos que, al final, esas dos letras, esas AC, desaparezcan para siempre y que el ciclismo vuelva a ser la pugna de superhombres que siempre ha sido… o que siempre debería haber sido.

Contador, «el salvador». Todos se lo piden. Hasta el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, le ha señalado como tal. El Tour es el último reducto del ciclismo y el corredor español su líder.

Julio 29 de 2007

 

 

El Colombiano Mauricio Soler se coronó rey de la montaña en el Tour de Francia

 

Foto: AP/Bernard Papon

El Arco del Triunfo, en París, fue testigo de la celebración del primer lugar en la clasificación de montaña del colombiano en el Tour.

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“Espero seguir mejorando y poder ganar algún día la camiseta amarilla”, dijo el colombiano Mauricio Soler al coronarse como el mejor escalador.

El campeón de la competencia francesa fue el español Alberto Contador, el ganador español más joven, con 24 años, del equipo Discovery.

El colombiano quedó en el puesto 11 de la clasificación a 16 minutos 56 segundos del español, que fue el mejor joven en el certamen ciclístico francés tras sumar un tiempo total  de 91 horas 26 segundos.

El boyacense logró su título de mejor escalador gracias a un total de 206 puntos en esa clasificación, por encima del español Contador que tuvo 128 puntos.De esta manera, Soler se convierte en el tercer colombiano en quedarse con la camiseta de puntos rojos. En 1985 y 1987 lo logró Luis Herrera y en 2000, Santiago Botero.Mauricio Soler tuvo una destacada participación en esta edición 94 del Tour, en la que ganó la novena etapa, se impuso en el puerto de Gabilier, el más complicado del evento francés, y fue protagonista en varias carreras con sus escapadas.Además, el colombiano estuvo entre los mejores novatos en el certamen, solo superado por Alberto Contador, campeón del Tour, el quinto español que se queda con la camiseta amarilla de líder.Contador se quedó con el primer lugar de la clasificación general luego de que el equipo Rabobank pidiera el retiro del danés Michael Rasmussen por sospechas de dopaje.Precisamente, fue a ese pedalista a quien el boyacense Soler despojó, en carretera, del primer lugar en la clasificación de montaña.Así, termina esta edición del Tour, que se caracterizó por el protagonismo de los jóvenes como Contador y Soler, pero que se vió empañado de nuevo por un problema ya frecuente en el ciclismo: el dopaje.Incluso, varios diarios europeos hablaron de la muerte del Tour y hasta pidieron que se cancelara, luego de descubrir en dos días que tres ciclistas usaban sustancias prohibidas para mejorar su rendimiento deportivo.No obstante, para Colombia el Tour sirvió para recordar las viejas épocas, a pesar del retiro temprano de Iván Parra y de la discreta actuación de Félix ‘el gato’ Cárdenas, porque Mauricio Soler se robó la atención de los europeos.

Julio 29 de 2007

 

 

A punta de ‘golpes’, Mauricio Soler se coronó nuevo rey de la montaña en el Tour de Francia

 

Foto: EFE

Soler sube como una moto y baja como un esquiador. Pero no siempre fue así.

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El colombiano tuvo que superar a muchos rivales y hasta a la propia muerte para llegar a este presente feliz.

Hoy, Soler sube como una moto y baja como un esquiador. Pero no siempre fue así. Hace cuatro años, en un entrenamiento con su equipo de ese entonces, el Chocolate Sol, el tenedor de su bicicleta se rompió en el sector de Belén de Cerinza, en Boyacá, y sufrió una fuerte caída. Fue trasladado al hospital de Duitama, donde estuvo tres días en estado de coma.“Mauricio es un berraco. Se ha dado tan duro en la vida, que en poder de otros se hubiera retirado inmediatamente después de un accidente de esos”, afirma Serafín Bernal, presidente del Club Deportivo Boyacá y su primer entrenador.Desde muy joven, cuando en una destartalada bicicleta ganó su primera carrera, en mayo de 2000, Soler dio muestras de que la inclinación de las montañas no era obstáculo para él. Con los premios por ganar la vieja cicla iba recibiendo nuevos repuestos.Pero tenía un defecto: por su afán de ganar era víctima de su falta de experiencia para bajar. Y ahí venían los golpes. Además, hasta la mala suerte parecía acompañarlo: un día estaba lavando y reparando su bicicleta en su casa de la vereda El Común, a cinco kilómetros de Ramiriquí (Boyacá), cuando una teja de barro le cayó en la cabeza…Esa cicla desvencijada se la habían regalado sus padres, Manuel y María del Carmen, una pareja de agricultores que, cultivando habas, arveja y maíz, levantó a Mauricio y a los otros cinco hijos (Rosendo, Héctor, Gerardo, Ómar y Luz Dary). Ellos no pudieron ver la primera victoria de su hijo en el Tour, porque la señal de televisión internacional no entra en su receptor…Después de afiliarse al Club Deportivo Boyacá, a Soler le llegó la oportunidad de pasar al equipo Chocolate Sol. En su primer año, el 2001, se ganó la Vuelta del Porvenir. La Vuelta de la Juventud se le escapó dos veces: en el 2002 fue segundo y al año siguiente perdió el subcampeonato, qué raro, por una caída.Finalmente logró la victoria en el 2004, el último antes de que Bernal se lo recomendara a Raúl Mesa para el equipo Orbitel. “Yo lo tenía como carta para pelear por la Vuelta a Colombia y el Clásico RCN, pero en ambas se cayó bajando de La Línea”, recuerda.

Soler no habla mucho, pero cuando lo hace es contundente. Que lo diga su esposa, Claudia Patricia Flórez, con quien unieron sus vidas hace dos años. “Me enamoró su timidez y sinceridad. Habla poco, pero cuando decide hacerlo, convence, y a mí me convenció”, dice orgullosa para referirse a ‘Múñiz’, el cariñoso apodo de su esposo.

Su tiempo libre lo pasa en Ramiriquí. Allí donde come gallina campesina y toma jugo de mora en la casa de sus papás, donde da vueltas en la moto de su hermano Gerardo, donde juega con ‘Aquiles’, su perro labrador retriever, o se acuesta a ver dibujos con su esposa y con cuatro peluches: Juanis y Juancho, dos osos panda; Bar, un dinosaurio, y Migue, un ratón. Allí disfrutará, muy seguramente, del orgullo de ser campeón de la montaña del Tour de Francia y de saber que les ganó a todos, incluso a la muerte.  

José Orlando Ascencio


 

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