Lamado a la acción

CAMBALACHE

Colombia se conmueve mucho, pero se mueve poco

Daniel Samper Pizano. Columnista de EL TIEMPO.

 

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Es mejor un frío protectorado internacional que espectáculos emotivos pero inútiles.

La caminata del profesor Gustavo Moncayo conmovió al país; también resultó conmovedor el apoyo brindado para que instalara cambuche permanente en la Plaza de Bolívar, y no fue menos conmovedora la actitud del presidente Álvaro Uribe cuando se presentó en la Plaza dispuesto a controvertir a Moncayo y enfrentar un público hostil.

Desde hace rato Colombia vive un carrusel de conmociones. Tanto conmovió al país la foto de Tirofijo con un enviado de Andrés Pastrana, que en 1998 eligió gobernante al segundo y cogobernante al primero. Luego conmovieron tan hondamente las prédicas del candidato Uribe contra las FARC, que el pueblo lo llevó al Palacio de Nariño. Masivas y conmovedoras, las manifestaciones contra el secuestro organizadas por Pacho Santos le agenciaron la vicepresidencia.

Vamos de conmoción en conmoción. Nada más conmovedor que la campaña francesa para rescatar a Íngrid Betancur o la emotiva ola de correos de internet que exige la libertad de Emanuel, hijo silvestre de una periodista y un guerrillero. También produjeron conmoción la fugas de Fernando Araujo -coronada con la conmovedora decisión de nombrarlo canciller¿y del policía John Frank Pinchao. La infame matanza de los diputados conmovió calles y plazas con enormes multitudes, y también las declaraciones de la viuda de Diego Mejía Isaza, muerto en un intento de rescate. No provocaron menos conmoción las confesiones de los jefes paramilitares sobre algunos de sus crímenes, ni las mentiras burlonas sobre otros. Las palabras vehementes del presidente Uribe -donde iguala a guerrilleros y ex guerrilleros o a violentos y sindicalistas y pide a sus generales que bombardeen los ignotos campamentos rebeldes¿suelen conmover al país tanto como sus líricas invocaciones a la Patria (ver “Esquirlas”) o ciertos gestos inesperados: soltar porque sí un centenar de guerrilleros presos, liberar a un pez gordo de las FARC por sugerencia de Francia o nombrar una ministra para agradar a unos congresistas gringos.

Sí: Colombia no cesa de conmoverse. Lo lamentable es que aquí todo conmueve, pero nada se mueve. Las emotivas explosiones no han servido para que las FARC entreguen a sus secuestrados, ni para que Uribe acepte el acuerdo humanitario, ni para que las autodefensas ejerzan a fondo y sin engaños el proceso de reinserción social. Ni siquiera la prolongada conmoción de la caminata de Moncayo sirvió para que el gobierno se mueva del sitio en que tercamente está clavado.

Resulta mucho más fácil conmover que mover, y por eso Colombia no resolverá solo con emociones el conflicto violento que la asedia. En algunos procesos atascados ocurre a veces que un gesto espectacular destraba el embrollo, como sucedió en 1977 con la paz de Anwar Sadat, Menahem Begin y Jimmy Carter en el Medio Oriente. Pero en Colombia hay más espectáculo que proceso; por eso vivimos un permanente “reality” que no conduce a ninguna parte porque conmueve mucho pero no mueve nada.
Los hombres providenciales y la inteligencia emocional han rendido poco fruto; las emociones ofrecen mejor bolo electoral que las ideas, pero sus resultados indigestan.

Por eso no saldremos del pantano sin una fuerte tutoría extranjera administrada de manera cerebral, pragmática, realista. Pueden hacer más por nosotros unos fríos y hábiles diplomáticos de las Naciones Unidas, como ocurre con el “tribunal híbrido” ONU-Camboya, que esporádicas y conmovedoras explosiones callejeras o gestos hermosos y bien intencionados como el del profesor Moncayo, a quien ya proponen como candidato a la Presidencia. Lo cual no deja de ser tan conmovedor como absurdo.

ESQUIRLAS¿ Recientes consejos de Uribe en Nueva York a un ciudadano que le pregunta qué puede hacer por el país: “Primero, amar a Colombia; segundo, amar más y más a Colombia; tercero: amar a Colombia más, más amar a Colombia, amar a Colombia intensamente”. Estremecedor. E inútil. A estas cosas me refiero.

cambalache@mail.ddnet.es

function toggle(id) { if (document.getElementById(id).style.display == ‘block’) { document.getElementById(id).style.display = ‘none’ } else { document.getElementById(id).style.display = ‘block’ } }Daniel Samper Pizano

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