Acusar a los banqueros de la crisis sirve para descargarse, pero… ¿quiénes son los verdaderos culpables?

REGULADORES, GOBIERNOS O BANCOS CENTRALES PONÍAN LAS REGLAS

DAVID REILLY | BLOOMBERG | 16:43 – 6/02/2009

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Recriminar a los banqueros es un deporte estupendo y satisface la necesidad popular de ponerle una cara identificable al ‘villano’ de la crisis finaciera. Proporciona un blanco contra el que descargar la ira colectiva y nos absuelve de pensar cómo nosotros -los consumidores que amamos las tarjetas de crédito, las hipotecas y que somos adictos a la deuda- contribuimos a la crisis. Incluso es útil, si se le suma el tope salarial que ahora ha puesto EEUU a sus directivos, para un presidente desesperado por desviar la atención en otros asuntos.

 

El problema en este juego de culpar a los banqueros es que encubre a quienes merecen que se les atribuya mayor culpa por la crisis: las personas cuya tarea era y es establecer las reglas del juego y evitar que las cosas se salgan de control. Me refiero al Gobierno, al Congreso y a la Reserva Federal, especialmente al ex presidente de esta institución, Alan Greenspan.

¿Realmente nos sorprende?

Sin duda los banqueros merecen parte de la culpa y su castigo. Fueron avariciosos y rapaces y se llenaron los bolsillos con tanto dinero de sobresueldos como pudieron. ¿Realmente nos sorprende? La única razón de la existencia de Wall Street es ganar dinero; cuanto más, mejor. Siempre lo supimos. Decir lo contrario sería una tontería, sino es una mentira.

Sin embargo, muchas personas hicieron justo eso. Los reguladores dejaron de regular porque se volvieron prisioneros de quienes se suponía que debían supervisar. El Congreso dejó de establecer leyes para orientar a los mercados porque sus miembros no entendían de finanzas y siguieron a ciegas a supuestos expertos, animados por un dogma de «dejar hacer». La Fed no actuó como debía y en su lugar temió que si se propasaba, podía inhibir la innovación.

Renunciaron a su responsabilidad

En otras palabras, esta gente renunció a su responsabilidad. Y eso es incluso peor que el mal comportamiento de los banqueros. Consideremos a la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC). Cuando no estaba ocupada pasando por alto fraudes, la guardiana de los inversores daba luz verde para que los bancos de inversión tomaran prestadas cantidades suicidas de dinero para apostar en instrumentos exóticos.

Igualmente esta comisión estaba más preocupada por el coste de los controles internos en las compañías que por el precio que los mercados pagarían si, digamos, un banco no monitorizaba y entendía adecuadamente los 25.000 millones de dólares destinados a algún vehículo invisible fuera del balance.

Los reguladores bancarios, mientras tanto, se quedaron cruzados de brazos mientras los bancos vendían más y más préstamos tan rápido como fuera posible a inversores alrededor del mundo. Nunca se detuvieron para asegurarse de que los bancos no estuvieran infringiendo los estándares de préstamos en su prisa por alimentar esta máquina.

Socios con los bancos

Al mismo tiempo, los reguladores bancarios se presentan como socios de los bancos, en lugar de los férreos disciplinarios que necesitamos. El principio rector de estas agencias era una «supervisión prudente», un eufemismo para «no hay policía a la vista».

Después está el Congreso. Los legisladores no solo desaprovecharon la oportunidad de regular los derivados que han contribuido a la crisis, sino que se extralimitaron y prohibieron que la Comisión de Negociación de Futuros de Materias Primas ejerciera supervisión en esta área. También se convirtieron en dispuestos defensores de todo lo que Wall Street quisiera, siempre y cuando las contribuciones de campaña siguieran fluyendo.

Después estuvo la Fed bajo la dirección de Greenspan, que estableció el tono para la debacle por la que ahora estamos pasando y promovió la idea de que la mejor forma de regulación era esencialmente que no hubiera regulación alguna. Los mercados cuidarían de sí mismos, según la doctrina de Greenspan, y el riesgo podía dispersarse entre los inversores.

Ideas erróneas

Después de todo, el mal comportamiento afectaría la reputación de un individuo y de una institución, limitando su capacidad de hacer negocios a largo plazo. Se suponía que esto los desalentaría de asumir riesgos indebidos a corto plazo para obtener una ganancia rápida.

Es difícil creer que cualquiera que viva en el mundo real de verdad crea eso. No obstante, he aquí lo que el vicepresidente de la Fed Donald Kohn dijo sobre el tema en 2005: «La mayoría de los gestores de activos son empleados de instituciones -familias de fondos mutuos, instituciones bancarias- que están en el mercado para el largo plazo», dijo en un debate en la reunión anual de la Fed en Jackson Hole, Wyoming. «No les conviene obtener beneficios a corto plazo a costa de un riesgo a largo plazo, disfrazar el grado de riesgo que están asumiendo para sus clientes, o hacer peligrar su reputación».

Esta idiosincrasia fue lo que nos llevó a la lamentable situación en la que nos encontramos ahora, e incluso Greenspan ha dicho que ahora considera que esta opinión es errónea. Aunque los banqueros tienen mucha responsabilidad, fueron sólo actores de reparto.

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