
Que la política ha caído en desgracia y su popularidad está en su punto mas bajo, no es noticia. La actividad sufre, hace tiempo, de este desprestigio. Ya no se trata de un hecho local. Claramente, se ha constituido en un fenómeno global, solo con pocos matices.
Ha pasado mucho para que este sea el presente. Lo que la sociedad piensa de la política se corrobora a diario. Es que tanta discrecionalidad, abuso de poder, clientelismo, demagogia y hechos de corrupción, solo han abonado linealmente a una misma visión. La política es despreciable para casi todos y su deterioro parece interminable.
Sin embargo, algunos se empeñan en reivindicarla como vocación. Dicen, con razón, que la política es el medio más efectivo para modificar la realidad. Y no mienten en ello. Vaya si tienen razón. La política debe ser el vehículo mas eficaz para esa mejora.
Lo que no dicen es que la mala imagen que la gente le atribuye, se sustenta en realidades y no en suposiciones. Se apoya sobre la base de hechos reiterados y de una experiencia confirmatoria que se prolonga en el tiempo. Ya no son incidentes aislados, sino sucesos repetidos incansablemente, solo reediciones de situaciones parecidas.
El abuso de poder, se origina en la brutal concentración de recursos y atribuciones, que hacen del poderoso, alguien con demasiada supremacía, y que ostenta un arsenal de inexplicables privilegios personales. Un desproporcionado costo operativo, sin correlato razonable con sus ingresos aparentes y sus funciones publicas. Nada mas despreciable, que quien aprovecha las prerrogativas que otorga el cargo. Sobre todo cuando quien financia ese despropósito es un ciudadano, sin privilegios, ni prioridades especiales. Soportar el desagradable espectáculo de pagarle lujos al funcionario, que no se pueden dar quienes pagan sus obligaciones, es una muestra mas del desparpajo con el que algunos se mueven.
La discrecionalidad genera igual sentimiento negativo. El funcionario, aparentemente tocado por una varita, parece convertirse por arte de magia, en el único iluminado capaz de saber a quienes beneficiar con ciertas medidas y a quienes no. Su arbitrariedad no tiene demasiados límites y las explicaciones brillan por su ausencia. Ejemplos abundan. Recibe a quien quiere, cuando quiere y si quiere. Su despliegue esta plagado de caprichos y eso lo hace absolutamente cuestionable.
La corrupción, tal vez sea el punto máximo de toda esta descripción, pero solo la esperable consecuencia de un sinnúmero de atrocidades aceptadas con naturalidad. Es que a las patéticas actitudes propias de la función, se suman ahora cuestiones morales que solo esperaron la oportunidad para rapiñar todo lo que se encuentre a su paso.
La escala de valores de estos personajes se ha malogrado porque han consentido situaciones en ese recorrido, donde el umbral de la moralidad, se corre permanentemente aceptando hechos que de estar en posición ciudadana no se tolerarían.
Le toca en suerte aprovechar esas posibilidades y allí su deshonestidad aflora. Esa que estuvo latente durante mucho tiempo y que las mismas reglas de la política fueron limando en permanentes concesiones, aprobando ciertas pautas inaceptables éticamente.
La política aporta pruebas aplastantes a diario, con múltiples y cada vez más creativas formas de asistencialismo, clientelismo, corrupción, discrecionalidad, demagogia y populismo. Estos atributos solo se sostienen cuando el que paga es otro. Se trata de esa masa impersonal al que llamamos ampulosamente “ciudadanos”, cuando en realidad debiéramos llamarlos “contribuyentes”, porque si algo hacen es financiar a otros.
Por eso, cualquier cosa que se diga de un dirigente político, o más aun de un funcionario, resulta creíble. No importa cuan retorcido sea el planteo o la historieta. Poco importa saber si es total o parcialmente cierto. Es más, hasta puede ser una absoluta calumnia, pero ese no es el problema. El asunto es que resulta verosímil y con ello todo intento por encauzar la cuestión resulta insuficiente. Entonces devolverle valor positivo a la actividad política se convierte en un esfuerzo discursivo y voluntarista.
Parece imposible salir de este círculo vicioso. La naturalización de algunos hechos, nos llevan por el sendero de la resignación y de la aceptación mansa de que “todo es así” y “nada se puede hacer”. Vaya funcional filosofía para los que quieren seguir haciendo uso indiscriminado de las “bondades” del sistema para provecho propio.
Esa acumulación de poder precisa de esa interminable transferencia de recursos económicos que el sector privado drena hacia el sector público. Sin ella no hay concentración de decisiones ni de dinero. Esta habitual manera de ver el presente, es la fuente inagotable de tantas desventuras. Cuando esta dinámica se modifique, y los recursos económicos que sector público obtiene, no se tornen tan tentadores, ni sus privilegios y prebendas surgidas de la discrecionalidad, puede que los operadores del poder, no se muestren tan entusiasmados con la idea de acceder a él. Es que en ese caso, el botín de siempre, no será la motivación central que inunde a la política de parásitos, temerarios personajes oportunistas, e improvisados arribistas.
La ideología reinante, esa que dice que el Estado debe ser grande y ocuparse de múltiples tareas, abarrota al mismo de recursos eternos. Sus funciones son casi todas, y por lo tanto debe seguir acumulando financiamiento, con impuestos, emisión monetaria o endeudamiento. No importa como, interesa sostener el andamiaje del sistema.
Esta forma de ver el mundo solo conseguirá atraer a multitudinarios ejércitos de partidarios que quieren acceder al reparto de la torta. La lista de abusos estará a la orden del día, y no faltaran voluntarios a la cita. La misma política se ocupará de convocarlos.
Mientras los ciudadanos razonemos de este modo, mientras defendamos ideologías que concentran recursos en el Gobierno, bajo la simpática leyenda de la justa redistribución de la riqueza que quita a unos para dar a otros, la ficción del Estado eficiente y la falaz utopía controladora, seguiremos abonando al conveniente escenario que una casta eterna alimenta para que nunca le falten los recursos para asignar a sus seguidores. Ellos continuarán con esta tradición, como siempre, con discrecionalidad y excesos, con privilegios y asistencialismo, con clientelismo y demagogia.
Todos los calificativos despectivos que podamos atribuirle a la clase dirigente parecen tener asidero, se hacen verosímiles, pero a no equivocarse, los ciudadanos hemos fomentado y legitimado durante décadas a este linaje con doctrinas plagadas de falsos argumentos, pero que han sido altamente convenientes para ese despliegue.
Si aún creemos en la idea de que podemos intentar salir de este laberinto, tal vez debamos mirarnos un poco para buscar en nuestros reclamos la explicación a tanto desatino. Solo estamos recibiendo a cambio, las predecibles consecuencias de lo que nuestro desaprensivo discurso ciudadano, clama en público y detesta en privado.
Despreciamos a la política, la aborrecemos, pero solo hemos construido una caricatura de ella misma. La noble herramienta del cambio es solo un espejo de nosotros mismos, tal vez su costado menos agradable, pero sigue siendo una “política a demanda”.
Alberto Medina Méndez
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A poco que se leen y escuchan los argumentos de la nueva generación de ambientalistas se percibe claramente el contexto ideológico de tantas encendidas afirmaciones.
Habrá que reconocerles una alta dosis de inteligencia a los acomodaticios militantes del renovado socialismo gramsciano que, como antes, se reciclan y van por más. Ya no insistirán por la vía de la reiterada prédica del siglo pasado que sucumbió ante sus propios baches dialécticos. Ahora están abocados a un camino con nuevos horizontes. Encontraron este espacio, que combina con habilidad demagogia, populismo y discurso “progre”, con las más profundas bases colectivistas de quienes lo promueven.
En el ambientalismo, la defensa de la ecología y las consignas del calentamiento global, hallaron su nueva casa. Es un hogar atractivo, lleno de seducción y modernidad, con argumentos que parecen razonables, demasiado sensibles y fáciles de difundir.
Esta nueva tribuna, les viene muy bien. Desde ahí pueden despotricar con desparpajo contra sus enemigos de siempre, destilando todo el odio y el resentimiento que los moviliza a diario. Tienen vocación destructiva y esta movida les permite desplegar todas sus artes. Los convoca la ira, la envidia y un profundo desprecio por los demás.
Todo lo que se asemeje a la noción de éxito y progreso ajeno, les genera un intenso malestar. Este medio que exploran, parece brindarles la esperada chance de atacar al capitalismo y a la propiedad privada. Su pseudo – ideología ambiental relativiza el concepto de propiedad, pilar sobre el cual pretenden instaurar su visión del mundo.
Si consiguen que la sociedad acepte la idea de que su propiedad sobre las cosas, el producido de su esfuerzo, lo que han conseguido con su trabajo, ya no es un derecho absoluto, y que solo se puede disponer de algo si se ajusta a la matriz que “otros imponen”, estaremos en la senda que estos pérfidos gurúes pretenden desplegar.
Quieren combatir la propiedad privada, y descubrieron un modo efectivo para lograrlo, mucho mas retorcido que el clásico sendero original. Pero este parece más prometedor porque goza de la aparente aprobación de algunos crédulos que compraron su visión.
Y no es que la mayoría de los que defiendan el equilibrio ambiental sean colectivistas. Los más de ellos, son personas de buena fe, ciudadanos genuinamente interesados por lo obvio, pero que se han dejado influir por los más procaces personajes del colectivismo.
El reciente fallo del Tribunal de La Haya en el conflicto del Río Uruguay, el poco difundido “climagate“ y tantas otras historias manipuladas por pseudo – científicos rentados y miembros “ a sueldo” de fundaciones y gobiernos, se encargan de hacer muy bien su trabajo.
La ejemplar recomendación del tribunal internacional, tiró por la borda tanto artero y superficial libreto esgrimido. Todo lo que dieron por cierto, tuvo que abdicar ante la innegable ausencia de elementos objetivos. Las especulaciones y las sospechas no sirvieron más que para atemorizar a la sociedad y quitarle de las manos miles de sueños.
El “climagate” disparó otra parodia. Una tradición de quienes usualmente adulteran resultados científicos para justificar sus fuentes de ingresos, sus sueldos y subvenciones. Como en tantos otros casos, exponen las conclusiones de los estudios que encaran, con anticipación a la investigación que deben hacer. Una vieja trampa del fundamentalismo que no quiere razones, sino solo falacias, que sirvan para engañar a los más incautos.
Ellos han desarrollado una potente red económica solventada por los Gobiernos del mundo, con fondos públicos detraídos de los contribuyentes del sector privado que alimentan sus propias arcas, permitiéndoles un medio de vida, con una fachada digna.
Resulta difícil mantener ecuanimidad cuando se vive de los salarios que pagan las fundaciones que reciben subsidios gubernamentales y aportes de algunos desprevenidos que siguen apostando ingenuamente por causas, aparentemente nobles, pero que esconden perversas intenciones detrás de lo que, sesgadamente, se animan a mostrar.
Cuando los estudios que conciben no se corresponden con las conclusiones deseadas, esas que muestran caos, contaminación y un mundo en caída libre, las ocultan, con absoluta inmoralidad. Cuando sus exposiciones, encuentran alguna correlación entre el desarrollo económico y sus supuestas consecuencias indeseadas, pues allí ponen foco, exacerbando cualquier comprobación y multiplicándola hasta el infinito.
Son selectivos a la hora de elegir sus blancos. Buscan aquellos que puedan ser potenciados mediáticamente. Prefieren las oportunistas ocasiones que posibiliten manifestaciones populares, el escándalo y por ende, toda la cobertura de prensa.
El show es parte central de su negocio. Les sirve para visibilizar sus patéticos argumentos cínicos, pero fundamentalmente para sostener el “negocio ambientalista”, ese que permite incrementar la facturación de sus asociaciones. Sus mecenas, sus miembros y los gobiernos vía subsidios, seguirán contribuyendo allí donde detecten peligro y catástrofe. Son requisitos indispensables del panfleto ambientalista.
Sus propias contradicciones cotidianas los describen suficientemente. Les preocupan las papeleras foráneas del Río Uruguay, pero no las nacionales del resto del país. Los desvelan las enfermedades que le endilgan a los mega emprendimientos, pero no los inquietan los padecimientos endémicos de la pobreza con las que conviven a diario.
Algunos de esos astutos ideólogos pergeñan sus estrategias, abusando de cualquier mínimo dato que les permita generar temor y pánico. Cuanto más puedan asustar, mejor posicionan la imagen de sus organizaciones. Eso parece darles prestigio en su entorno. Cuanto se equivocan. Ese será justamente el comienzo de su fracaso. Cuando sus paranoicas teorías caigan por su propio peso, no tendrán donde ocultarse. Sus profecías plagadas de confabulaciones, imperialistas proyectos de devastación que subyacen en cada propuesta industrial, están armadas con el mismo profesionalismo que los guiones de las películas de ciencia ficción. Incluso creen que lo mejor que pueden hacer para atemorizar a la ciudadanía, es advertir de las enfermedades que se difundirán como plagas y anticipar catástrofes climáticas como si estuvieran a la vuelta de la esquina.
Vaya paradoja, la epidemia de la pobreza es la fuente de las enfermedades mas temibles, y la que extermina mas vidas a diario, pero esto no lo cuestionan. Es que no les resulta funcional a sus propias metas, y como en otros casos, enmascaran esa información.
La política partidaria, equivocada como tantas otras veces, juega el juego de estos especialistas en intrigas y manipulaciones comunicacionales. Los partidos, la política, los gobiernos, oficialistas y opositores, bailan al ritmo que imponen estos personajes. En el reino de la demagogia, habrá que hacer lo que digan las encuestas, y los principios quedarán para mejor oportunidad. Es que la política, cuando no, teme a los movimientos populares y cuando aparecen las manifestaciones, la política cede mansamente.
A no confundirse, la inteligente perversión del colectivismo, ha ingresado al mundo del ambientalismo. Vinieron para quedarse y para manosear a los cándidos defensores del planeta. Intentan instalar la idea de que algunos seres humanos ambicionan la destrucción del planeta planteando un nuevo embuste que carece de sentido común.
Será cuestión de no pecar de ingenuidad, porque cierta perimida izquierda, está haciendo un trabajo de hormiga para apropiarse de las banderas de la humanidad, con el fin de instalar la contradicción entre progreso y conservación, empujando a la sociedad toda, a una falsa opción que solo tiene por objetivo demonizar a los empresarios.
Prestarse candorosamente a ese juego, conlleva un riesgo enorme. Aquellos que “compren” esa irracional visión, no solo perderán oportunidades de progreso, para salir de la pobreza y aprovechar al máximo sus legítimas oportunidades. Estarán hipotecando su futuro, pagando el precio que los embaucadores fijaron. Estamos asistiendo a una nueva transformación de quienes han encontrado la nueva trinchera del colectivismo.
Alberto Medina Méndez
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Ciertas creencias fallidas, nos llevan invariablemente, a recorrer caminos incorrectos, deambulando así entre discursos vacíos, contradictorios e ineficaces. Es probable que uno de los mayores fracasos intelectuales consista en no reconocer aquello que resulta parte vital de la esencia humana, eso que el hombre trae consigo, independientemente de donde haya nacido, del régimen político con el cual conviva o de quienes lo gobiernen circunstancialmente. Se trata de normas naturales que se ajustan a su existencia misma y que no siempre se corresponden con el ordenamiento jurídico.
Ya no se puede desconocer que el espíritu de lucro mueve al mundo. Aunque algunos se empeñen en denostar esta visión, es ella y no otra, la que le ha permitido, en buena medida, al mundo multiplicar sus bienes, generar trabajo, incrementar ingresos, obtener progresos en la ciencia, en el arte, en las finanzas y en casi cualquier oportunidad que el mundo moderno ofrece en el presente.
La deformación mas relevante de este concepto ha tenido que ver con atribuirle, al lucro, una carga moral negativa. ¿ Desconoce acaso la humanidad que el altruismo resulta inviable sin previa generación de riqueza, lucro mediante ?.
Es que tanta tradición culposa, promovida incluso por algunas creencias religiosas, ha terminado por convencer a propios y extraños. Quienes atacan “el afán de lucro”, critican el ajeno pero jamás el propio. Tienen un doble estándar moral que divide hasta sus juicios de valor según los tamaños. Los pequeños tienen vía libre, los grandes son solo pulpos malvados.
Habrá que dejar de lado la hipocresía en esto, como en tantas otras cosas. La inmensa mayoría de los individuos responden a los atributos del ser humano medio. Los más, de uno u otro modo, tratan de maximizar esa ecuación que les permite obtener la mayor cantidad de satisfacción con la menor cantidad de sacrificio posible.
Se aspira a ganar mas, cobrar dinero extra, obtener una mayor rentabilidad, remuneración, o como prefiera llamarse a ese instrumento que posibilita luego, conseguir los bienes que se consideran necesarios para lograr un mayor bienestar. ¿ O es que acaso alguien desea lograr menos de lo que obtiene ?, ¿ o prefiere trabajar mas tiempo para conseguir menos ?, ¿ o tal vez desea esforzarse sin compensación alguna ?
Algún merito habrá que atribuirle a la exitosa corriente socialista de estas décadas que ha logrado convencer a muchos de que el lucro es MALO. Obviamente que no se refieren al propio, sino siempre, al de los demás. Pretenden que los otros funcionen de un modo diferente, incluso al de ellos mismos. Cuando se trata de hablar en primera persona, a su mayor rentabilidad le llaman esfuerzo, premio al mérito, justa recompensa a sus sacrificios. Sin embargo, cuando el evaluado es alguien diferente, preferentemente un emprendedor o empresario, esa misma lógica les parece repudiable.
Consideran que esos otros piensan obtener sus ganancias a partir de explotar a otros, de perjudicar a terceros. Solo conciben a la relación entre humanos como un mecanismo en el que unos ganan y otros pierden. No creen en las transacciones voluntarias entre individuos. El sometimiento, es la matriz con la que tamizan cualquier argumento.
En esa historieta, cuando se describan a si mismos, se enrolarán en la lista de los que merecen ganar mas, en la nómina de aquellos que son explotados por sus superiores, por el poder, por los expoliadores de siempre, por los intereses sectoriales, por el imperialismo de la corporación económica internacional.
Cuando esa misma descripción intente destacar los atributos ajenos, serán de lo peor, gente ambiciosa, desmedidamente rapaz, seres inhumanos, desalmados, sin sensibilidad y llenos de codicia, avaricia e individualismo.
En síntesis una mirada de caricatura, donde el mundo se divide entre buenos ( ellos mismos ) y malos ( los otros ). Una simplificación demasiado benevolente con si mismos, y bastante paranoica respecto de los demás, como para ser razonable.
Es bueno recordar que las sociedades más altruistas y solidarias, no en el discurso, sino en la acción concreta, son las que se han desarrollado, justamente allí, donde el lucro ha avanzado, donde menos se lo ataca y más se lo reconoce como atributo de la especie.
Es que nadie puede “donar” allí donde ciertas necesidades no son cubiertas. Solo aquel que ha logrado avanzar y mucho en sus expectativas, puede pensar con claridad en ayudar a sus pares. Y además, cabe decirlo, lo hace con convicciones y no con amenazas del poder, extorsiones veladas de grupos de presión o aprietes sectoriales.
Adam Smith decía “no es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podemos contar con nuestra comida, sino por su propio interés”. El lucro, forma parte indivisible de la esencia humana. No se trata de renunciar a él, sino de aprender a convivir con su costado mas positivo, ese que hace que el individuo encuentre plena motivación para su propio progreso. Es esa evolución la que lo hace crecer y que, independientemente de su voluntad, multiplica oportunidades para otros, con la eficiencia que le plantea el desafío de un marco competitivo, que le exige creatividad, impulsándolo a ir por mas, para provecho propio y de sus semejantes, incluso sin pretenderlo.
Cuesta comprender esa lógica culposa de esos que creen decir que algo es moralmente bueno solo porque repiten la consabida fórmula de “sin fines de lucro”. Como si esa afirmación los colocara en un pedestal de superioridad ética, por sobre aquellos que desarrollan actividades movilizados por su claro espíritu de lucro.
Intentar obtener una ganancia en un negocio legítimo no tiene nada de malo. Por el contrario, tiene mucho de bueno. Nadie puede avergonzarse de levantar las banderas de la esencia humana, porque en ese intento, y muy a pesar de algunos, ese individuo no solo obtendrá su progreso propio, sino también el de su entorno, el de su familia, amigos y colaboradores. Generará empleo directo y otros puestos de modo indirecto. Hasta quienes lo odian, se beneficiarán de su involuntaria bondad, y es posible que una vez satisfechas sus subjetivas necesidades decida, sin presión alguna, sin otro móvil que su propia satisfacción personal, aportar algo de lo legítimamente obtenido, para aquella causa que desee apoyar, la que fuere.
Existen en el mundo muchos seres humanos buenos. Seguramente otros tanto malos. El odio, el rencor, el desprecio, no puede ser jamás, fuente de algo positivo. Suelen ser los padres de la intolerancia, el autoritarismo y la destrucción. El dinero no hace a nadie mejor o peor persona, pero el lucro en si mismo no describe de modo alguno un costado negativo de la humanidad.
Quienes encuentran en el lucro su motor diario, no tienen nada de que avergonzarse. Cuando lo despliegan como un atributo, no hacen más que responder a la naturaleza humana y es muy probable que en su transitar consigan mejoras para todo su entorno, aun cuando siquiera se lo hayan propuesto.
Lo inmoral no es el lucro, sino las actividades ilegitimas, aquellas que se sostienen sobre valores morales inadecuados, esas que implican realizar negocios espurios con el Estado, bañadas de corrupción o incluso aquellas otras cuya ética es reprobable.
La actividad empresaria es digna de ser destacada, son esos emprendedores quienes potencian al mundo, son ellos, los que han logrado, en buena medida, minimizar la pobreza en el planeta, de la mano de esos ha progresado la ciencia y la tecnología, ofreciendo una sobrevida que no encuentra antecedentes en la historia de la humanidad.
Vergüenza debe darles a los que roban la propiedad de otros, a los que viven del esfuerzo ajeno, a los que confiscan el resultado del sacrificio de terceros, en nombre del bien común. El lucro, no debe ser vergonzante.
Alberto Medina Méndez
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Muchos creen que la clase dirigente, especialmente en América Latina, tiene ambiciones relacionadas exclusivamente al poder o al dinero que se puede obtener a partir de ese clásico uso y abuso de la autoridad, tan típico de países como los nuestros.
Y es que algo de eso hay. Tal vez mucho. Pero para quienes accedieron al poder, para quienes hicieron de su vida una lucha para alcanzarlo, esta meta está obtenida cuando se llega al ansiado sillón. El dinero, la riqueza, los negocios, esos que definitivamente quitan la preocupación por el futuro personal y familiar, son a veces también una motivación potente para los que hacen del poder, y no de la política, una profesión.
Pero, cuando poder y dinero ya son materias superadas, resta siempre la pretendida apetencia de pasar a la historia, de quedar en el bronce. Se trata de algo que está en la esencia misma del ser humano, superarse a si mismo y encontrar en los demás, el reconocimiento público, el prestigio que solo se consigue cuando se es grande en serio.
Dinero y Poder, cuestiones terrenales, contemporáneas con la vida propia, que agotan su utilidad en el mismo momento que el personaje es despojado de esos atributos o, incluso cuando el fin de la vida golpea la puerta.
Sin embargo, esa aspiración de permanecer en “el bronce”, de que una calle, una escuela, un monumento, una plaza recuerde su paso por la función, es la máxima pretensión con la que sueñan los mas de los que llegan al poder, aunque no lo confiesen.
Es que la búsqueda del dinero desde el poder político y la obsesión enfermiza por tener la voz de mando, destruye casi todo a su paso. Y cuando el líder, el dirigente, pretende dar un vuelco a sus objetivos y se prepara para el bronce, ya es tarde.
Su estructura de corto plazo, su estrategia de coyuntura, su mediocre mirada de la inmediatez, lo deja fuera de esa carrera. Ya no podrá pasar a la historia por lo que hizo. En todo caso, su nombre, quedará plasmado en los manuales escolares por lo que no hizo, por lo malograda de su gestión, en su equivocada táctica de cabotaje.
Hacer nombres sería un ejercicio infinito. Es que son más los nombres que quedaron en los libros por su capacidad de hacer daño, de destruir y de generar fracasos a su paso, que los que lograron la difícil misión de obtener el respeto de su sociedad.
Es que la diferencia queda clara. Solo resta mirar un poco hacia atrás. Los hombres y mujeres que hicieron ALGO positivo por sus comunidades, por sus ciudades, por sus provincias y países, fueron quienes lograron mirar mas allá de sus circunstancias cotidianas, privilegiaron el después por sobre el hoy.
Y claro está, que cometieron errores y probablemente muchos. La historia tal vez los premie con ese reconocimiento popular, pero sus mismas leyendas estarán plagadas también de pequeñeces, mezquindades y múltiples imperfecciones. Es que no se trata de idealizarlos. Fueron seres humanos, personas, con virtudes y con sus particulares defectos. Pero pasaron a la historia por su capacidad de pensar más allá, de proyectar un horizonte que exceda su vida misma. Pretendieron dejar un legado a las generaciones futuras, y trabajaron por ello.
Es que trascender implica lograr que las próximas generaciones disfruten de la visión acertada, que un líder de su tiempo, modeló poniendo foco sobre ello. Pocos lo lograron. Seguramente seguirán siendo pocos, aunque a veces tengamos la sensación de que casi nadie, en este tiempo, concentra su mirada en el futuro.
Nos gobierna lo inmediato, la búsqueda del poder, la permanencia en él, y los negocios que se derivan directa o indirectamente de la cada vez más concentrada concepción que tenemos de la forma de ejercer la conducción de una sociedad.
Es que esa es la diferencia entre liderazgo y la grandeza. El líder nos podrá marcar el camino hacia el objetivo, pero solo los grandes pueden iniciar la obra mas trascendente, esa que sabe de la necesaria conjugación de esfuerzos, que varias generaciones y consecutivos gobernantes, tendrán que alimentar para conquistar aquella visión.
Muchos, rodeados de experiencias recientes y propias de estos tiempos, seguirán mirando con escepticismo toda esta línea de sucesos. Otros seguirán esperando al Mesías, ese iluminado pleno de virtudes que con atributos personales superiores nos lleve a la cima y piense en grande.
Tal vez la sociedad toda, deba replantearse el tema y mirarse en ese espejo, ese que muestra cuanto de lo que hacemos a diario, encaja con esa mirada de largo plazo, de dejarle algo mas que algún patrimonio, o alguna deuda a nuestros hijos.
Si la sociedad hace el giro, podremos aspirar alguna vez a que de ella surjan no solo circunstanciales hombres que piensen en grande, sino una generación de personas con espíritu de construir una sociedad mejor, de ayudar a que esa sociedad pueda dar el ansiado salto que muchos anhelamos pero por el que poco estamos haciendo.
Depende mucho más de nosotros, de la inmensa mayoría de personas que recitan lo correcto y hacen lo incorrecto, de los más que siguen apoyando a los peores y de valorar la picardía sobre la grandeza. Una sociedad puede ser mejor, cuando los que la componen son mejores y sus valores están alineados a su acción cotidiana.
Para pasar a la historia, para quedar en el bronce, no hace falta ningún Mesías, no se precisa de iluminados. Solo se necesita que los ciudadanos, esos que podemos cambiar la realidad de nuestro metro cuadrado, empecemos a cambiar nuestra propia historia, allí donde estemos, allí donde podamos influir positivamente. El optimismo parte de la base de ese acuerdo tácito que una generación debe poder hacer para poner una línea divisoria con el pasado, y arrancar de cero, abandonando rencores, viejas luchas y facturas del pasado. Es posible, pero para eso, debemos hacer un importante esfuerzo de compromiso con el futuro y de mirada critica sobre lo que hemos hecho hasta aquí para no repetirlo, y para no seguir en la inercia que nos propone el presente.
Probablemente no podamos ver los cambios muy pronto, al menos no sus resultados, pero los que hicieron a cada nación grande, no pensaron en vivir el fruto de su esfuerzo ciudadano, priorizaron que ese sueño sea posible, y lo vivieron en su interior como si fuera actual. Cuando podamos proyectarnos de ese modo, cuando podamos trabajar para el futuro y no para el presente, tendremos alguna chance de pasar a la historia, de que esta generación alguna vez, quede en el bronce.
Alberto Medina Méndez
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PUBLICADO EN EL DIARIO EPOCA DE CORRIENTES, ARGENTINA EL MIERCOLES 10 DE FEBRERO DE 2010.
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Néstor Kirchner, actual Diputado Nacional y ex Presidente de la Nación apareció en una nomina de operaciones en moneda extranjera. El tema levantó el avispero, pero tengo la sensación, de que el debate periodístico y político aborda solo lo coyuntural y perdemos así los argentinos la oportunidad de discutir el fondo del asunto
La idea es que sirva para leer, reflexionar, debatir y difundir
Potestad indecorosa.
La reciente novedad de la compra de una importante cantidad de dólares estadounidenses por parte de un Ex Presidente, quien además es un hombre gravitante en la política actual, en cuanto se trata del esposo de la actual primera mandataria nacional, pone en el centro de la escena un tema que vale la pena profundizar.
No es preciso caer en el bajo recurso de la descalificación al conductor del oficialismo. Se trataría de una mera artimaña plagada de oportunismo investigativo y judicial propia de una casta opositora sin ideas propias, y ávida de hechos que faciliten el ya iniciado descenso de la imagen gubernamental de cara a sus futuras probabilidades electorales.
Lo cierto es que, independientemente de la situación particular de este caso paradigmático, y de las derivaciones políticas y legales que puedan surgir a partir de este suceso, el hecho instala otro debate, mas significativo y menos coyuntural.
Es que no se trata de hurgar sobre el origen de los fondos, la legalidad del procedimiento o hasta las eventuales intenciones especulativas de tal maniobra. No debiera ser necesario siquiera aclararlo, aunque las actitudes de uno y otro lado demuestren lo contrario por estas horas.
Lo que desnuda este incidente, casi anecdótico en algún punto, aunque pueda constituirse luego en un hito determinante en la cuestión política electoral, es que la discrecionalidad de las decisiones, la concentración de poder y un Estado dominante, ponen en situación de sospecha a quien tiene responsabilidades decisorias y que tiene un claro conflicto de intereses entre los generales que debe defender y los individuales.
No es noticia, ni en Argentina, ni en América Latina, ni en el mundo entero, que el manejo de “información privilegiada” disponible de modo oportuno, permite tomar decisiones anticipadas que minimizan o neutralizan el riesgo. Con una llamada telefónica que comunica “extraoficialmente” una decisión económica, o hasta política de un gobierno, con antelación, quien recibe la comunicación podrá, comprar, vender, o hacer lo que fuera necesario para obtener un provecho personal a expensas de ese “dato obtenido gentilmente” de la mano del funcionario amigo.
Esto pasa en todos lados. Y sucede, no por la corrupta actitud de deshonestos funcionarios, ni por la excesiva ambición de individuos inescrupulosos que lucran con tal ventaja originada en la información privilegiada. Sucede, simplemente, porque un ser humano tiene el PODER suficiente para decidirlo y está legitimado por normas instrumentales que hacen de esa aberración moral una cuestión absolutamente ajustada a derecho. El PUEDE decidir y ese es el punto.
Somos los individuos, las sociedades en su conjunto, las que delegamos graciosamente el mando, poniendo en manos de ALGUIEN o ALGUNOS un desproporcionado poder capaz de generar las condiciones ideales para que las personas desplieguen sus mas deshonestas actitudes. Ni siquiera deben recurrir al ilícito, una cuota de picardía combinada con un concentrado poder decisorio basta y sobra.
En casi todo el mundo un Banco Central, estatal por cierto, incide directa o indirectamente en la determinación de los precios relativos de la moneda, y no solo en ello. El mercado de divisas funciona así con una flotación sucia, asistida, en la que un funcionario, determina cuanto y cuando comprará o venderá el Estado y por lo tanto cual será su rol para sostener, aumentar o disminuir el precio de alguna divisa en particular. También tendrá la potestad de emitir mas o menos moneda, si vuelca dinero fresco e inunda, mucho o poco, la plaza local, teniendo de este modo una clara participación a la hora de determinar el valor “pretendido” de la divisa en cuestión.
En algunos países esto funciona de un modo más equilibrado, menos burdo. Allí las instituciones están compensadas, existen los contrapesos de poder, y este efecto se ve disminuido. Pero el hecho tiene similares ribetes que no cambian la cuestión de fondo.
Ahí también, algunos individuos, que bajo el paraguas que les concede el poder cedido por los ciudadanos, deciden con mas o menos arbitrariedad, como incidirán en el mercado para determinar el valor de las monedas en relación a la de circulación local.
Por eso, escuchar explicaciones acerca de la legalidad de la “operación testigo” que dispara el debate, no parece relevante. Ese no es el tema central. No debiera estar en tela de juicio la cuestión formal ( aunque algunos elegirán ese sendero ). Se trata de que quien opera como individuo protegiendo legítimamente su patrimonio personal y familiar, es la misma persona que toma “virtualmente” la decisión de cuanto será el valor de la moneda nacional en relación otra extranjera en su mercado doméstico, gozando no solo de información privilegiada como marca la ya patética tradición en el asunto, sino siendo el protagonista principal de la decisión. Allí radica el problema.
No se puede apostar por un equipo en una competencia, cuando al mismo tiempo se ocupa la posición de árbitro. La posibilidad de influir decididamente en el resultado, debiera eximirlo de participar. El protagonista de esta hipotética historia enfrentará así al dilema de intentar hacer lo correcto, o ceder a la tentación de lo inadecuado.
En este caso especifico, mucho mas aún que en el de los que trafican influencias e información, el hecho podría ser más que cuestionable desde lo moral. Pero no corresponde agotar el asunto en la particularización del debate. Porque un próximo gobierno, aquí o en casi cualquier nación del mundo, se encontrará con esta permanente contradicción intrínseca del sistema. Se trata de revisar a fondo esta potestad indecorosa que los ciudadanos del globo, delegamos a diario en esta y tantas otras cuestiones.
Alberto Medina Méndez
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PUBLICADO POR EL DIARIO EPOCA DE CORRIENTES, ARGENTINA, EL MIERCOLES 3 DE FEBRERO DE 2010.
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REFLEXIONES LIERTARIAS
Consecuencia de mi artículo publicado la semana pasada; “Sonora..La viuda,” he recibido infinidad de respuestas en su gran mayoría acordando conmigo. Sin embargo, recibí una producto de esos enguaracados Keynes mexicanos en la que me señala la avalancha de subsidios que reciben los agricultores en EU, por lo cual, me exige detener mi diarrea verbal pagada por un patrón imaginario quien dicta mis escritos…y salud, que vengan las otras.
Decía Albert Camus; “aquellos que escriben claro tienen lectores, y los que escriben confuso, tienen chismosos.” Hace unos meses un profesor de economía de pequeña Universidad; en un examen les hizo a sus alumnos la siguiente pregunta: “Cuando la función económica se pone en manos del Estado, invariablemente la cooperación social reemplaza al interés individual como el principal motivador de la acción humana; ¿falso o verdadero?”
La respuesta correcta debería de ser; falso, porque redistribuyendo el control de la propiedad a través de la actuación draconiana del Estado, jamás podrá cambiar la naturaleza de los seres humanos. Aunque los “compasivos” no estén de acuerdo, el interés individual permanece como el término adecuado para describir la conducta humana trátese de oficiales del gobierno, empresarios o quien sea. Si algo nos enseñó el fracaso del comunismo, fue su incapacidad para reconstruir la humanidad—cómo lo profesaban—y tampoco fue capaz de crear ese “nuevo hombre” que se convirtiera en alguien que solo se preocupa por sus semejantes. El concepto de interés personal, ambición y la incomprendida mano invisible de Adam Smith, siguen siendo las bases para el buen funcionamiento en economía.
Sin embargo, la mayoría de los alumnos contestaron; verdadero. Esto llevó al profesor Paul Cleveland a escribir un artículo para exponer su asombro, de cómo alumnos de clase social media alta respondieron dándole esa importancia al estado que ha sido el espejismo con el que, a través de los tiempos, este amorfo ente ha acrecentado su poder sobre una sociedad cada día más ignorante en asuntos económicos. Lo más interesante de este experimento fue que, del total de los alumnos, solo dos contestaron; falso. Ambos eran extranjeros, uno de China y el otro de la antigua Yugoslavia. Aparentemente ellos habían tenido la oportunidad de observar muy de cerca la destructiva labor del Estado represivo en sus respectivos países.
Durante semanas he estado leyendo los editoriales en diferentes periódicos, he también escuchado declaraciones de empresarios, políticos, articulistas etc., emprendiendo de nuevo la vieja jornada de promoción para la intervención del Estado con el propósito de resolver los problemas económicos del país. Tristemente hemos visto cómo en los noticieros nacionales se reporta agricultores quemando sus cosechas, ganaderos derramando miles de litros de leche en las calles para exigir esa intervención del Estado y lograr mejores precios, o más triste, exigiendo el cierre de la frontera a los productos con los que compiten culpando al TLC de todas las desgracias que nos azotan.
Esta reflexión me ha llevado a coincidir totalmente con una de las conclusiones del Prof. Cleveland en relación a sus estudiantes en esa pequeña Universidad: La magnífica labor que ha desarrollado el gobierno educando a la población en un sistema socializante que ha esclavizado a los mexicanos, produciendo los “enguaracados y chismosos Keynes autóctonos,” los ha hecho dependientes de las marañas estatistas y la corrupción que siempre ha caracterizado a nuestro gobierno. En este siglo XXI, en esta economía digital, en este mundo sin fronteras; ¿por qué el gobierno debe fijar precios de los productos? O, inclusive, adquirir esos productos. El lenguaje más efectivo de una economía sana es el sistema de precios libres.
En México seguimos sin entender el funcionamiento de esta nueva economía. Pero lo más grave, no únicamente no lo entienden los agricultores de Sonora, los ganaderos de Veracruz, los industriales del estado de México, no lo entienden nuestros líderes y, sobre todo, gente que hace opinión; periodistas, profesores, líderes.
EU vive en estos momentos una experiencia única. Un joven presidente armado con ideas viejas enfrentado a una vigorosa sociedad civil aglutinada, no en partidos políticos, en lo que han llamado el Tea Party combatiéndolo ferozmente en cada rincón del país. Y no se confundan, esa sociedad civil emergerá victoriosa.
A los agricultores y empresarios de todo el país, a los líderes políticos y sobre todo periodistas, entiendan; en esta nueva economía se acabó papá gobierno, ahora hay que competir. Lo quiera o no Hugo Chavez, estamos entrando finalmente a una verdadera economía regida por los mercados, no el estado. Una economía en la cual los precios los definirá el mercado, no Barak Obama. En la cual si los productos extranjeros son más baratos y de mejor calidad, Bienvenidos. Tienen que entender que el gobierno no tiene la fábrica de dinero. El sobre precio que exigen o el cierre a las importaciones, le cuesta el resto de los mexicanos. Finalmente, tienen que entender que el Estado mexicano debe quedar fuera de su papel tradicional como agente económico motivo por el cual, nuestra estructura política se convirtió en el centro de corrupción más descarado del mundo.
Sí este nuevo Keynes mexicano me grita: “tenemos que recibir los mismos apoyos que los agricultores de EU,” yo le respondo; la economía de México es el 5% de la de EU, es decir, ellos tienen con qué cometer los crímenes económicos del populismo y sufrir las consecuencias. Le informaría cómo la pobre infraestructura de comunicaciones del país encarece nuestros productos hasta en un 40%. Cómo los derechos de propiedad de los agricultores americanos son sagrados, por lo que han hecho las inversiones requeridas para lograr la productividad de la que hoy hacen gala. Cómo los agricultores americanos se han convertido en esos grandes comercializadores, lo que los ha llevado a crear el mercado para sus productos más sofisticado del mundo en el Chicago Mercantile Exchange. En lugar de apoyo, ¿no necesitaremos otra clase de gobierno?
Dejemos de pedir devaluaciones para competir mientras arruinamos el resto del país. Dejemos de quemar cosechas, cerrar carreteras y pongámonos a reflexionar sobre los cambios que necesitamos promover para poder no solo sobrevivir, sino aprovechar la oportunidad que nos brinda esta nueva era económica.
Reflexionemos que clase de país deseamos construir para que nuestros hijos y generaciones futuras no tengan que seguir mendigando al Estado. Para quitarles a los políticos el poder de decidir quiénes son los ganadores y perdedores en el remedo de economía que hemos tenido. Pero lo más importante, actuemos para llevar a cabo esos cambios. Y los chismosos, como el burro de la noria que sigan dando vueltas para llegar a donde mismo.
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Ha culminado el proceso electoral chileno, ese que desembocó en la elección del candidato presidencial Sebastián Piñera.
Tras 20 años de democracia, y luego de una ininterrumpida seguidilla de triunfos electorales de la poderosa Concertación de partidos de centro izquierda, se produjo el punto de inflexión. Es ahora el turno de los opositores a esa coalición gobernante que dominó el arco político local durante estas últimas décadas
Podría tratarse de una elección más, de una doméstica compulsa electoral de mera trascendencia interna del país andino. Quedarse en la anécdota sería desconocer el valor testimonial histórico que tiene esta elección, esta bisagra en la historia de Chile, y el impacto en el continente de un hecho sin precedentes ya no por el resultado ni por el giro político implícito, sino por su profundo significado institucional y democrático.
Chile es, sin duda alguna, el país de América Latina que más logros ha obtenido en los últimos tiempos. Ha progresado económicamente, se ha consolidado como una democracia robusta, logrando discutir temas impensados para las paupérrimas agendas políticas del continente, constituyéndose en una referencia viva de lo que puede conseguirse cuando se hacen algunas cuantas cosas bien.
La nación transandina tiene muchos problemas, como casi cualquier país. Enfrenta conflictos, debe superar sus propias limitaciones, tiene asignaturas pendientes. No se trata, está claro, de un paraíso terrenal.
Pero todas sus falencias no opacan lo mucho que ha avanzado. Una economía consolidada en muchos aspectos, una sociedad abierta al mundo, integrada a la comunidad internacional con múltiples acuerdos, que goza de un respeto sin límites por su capacidad para cumplir compromisos, por su formalidad y seriedad a la hora de los acuerdos, por su, a veces discutida, ecuanimidad en materia de política exterior.
Y no es que todos sus ciudadanos estén conformes con lo obtenido. Aún resta demasiado por hacer. Pero queda claro que los chilenos confían plenamente que ese proceso de mejoras, se consigue solo de la mano de instituciones sólidas, de una democracia que teniendo mucho por evolucionar, ha conseguido avanzar y que sus logros pendientes aparecerán una vez que los ciudadanos se enfoquen en resolverlos como ha pasado con cada una de sus conquistas locales.
América es un continente con pocas democracias maduras, repleta de signos cotidianos de intolerancia, violencia. Tenemos comunidades hostiles con el despliegue económico, que recitan progreso haciendo todo lo inverso. América es, muchas veces, verborrágica, tumultuosa, grandilocuente, plagada de conflictos, pero siempre inmersa en un debate populista y demagógico que solo ha logrado, retrocesos indefinidos.
En ese contexto, Chile, se ha constituido en un faro, una guía, un norte ( vaya paradoja ), un espejo en el cual reflejarse. Con sus virtudes y defectos, hay mucho que copiar y admirar de ese país y sobre todo de su modo de hacer las cosas.
El discurso de sus líderes políticos, vencedores y vencidos de la contienda es solo un ejemplo de ello. Escenas que nos muestran a la actual mandataria y al nuevo Presidente electo, desplegando elogios cruzados, agradecimientos mutuos, y deseos de éxito para el futuro, en espacios compartidos ante los canales de televisión, con transparencia ciudadana, hablan de una madurez política, cívica, una acabada comprensión de lo que significa vivir en democracia. Una democracia, que nada tiene que envidiar a las civilizaciones con más tradición republicana del planeta.
Algunos pueden preferir pasar por alto el hecho reciente, tomando este enero de 2010, como solo una escala del surtido calendario electoral de América Latina. El resultado no debe cegar a los analistas. Las inclinaciones ideológicas y las pasiones políticas no deben interferir, de modo alguno, el significado que esta sociedad chilena le aporta al continente. Podría haberse dado otro resultado electoral, y mucho de lo afirmado, tendría idéntico valor.
Cuando nuestra América, el mundo en definitiva, comprenda la casi matemática correlación que existe entre el progreso de las naciones, el crecimiento económico, el desarrollo productivo, la vigencia plena de las libertades individuales, instituciones sólidas y democracias firmes, puede que la historia del planeta, de paso, al giro positivo que tanto anhelamos
Los gobiernos populistas, tan presentes en nuestra geografía latina, las aisladas pero aún vigentes dictaduras del globo, y las precarias democracias plagadas de oportunismo y demagogia, no son el sendero a recorrer en el camino hacia un mundo mejor.
No existe progreso económico ni sociedades capaces de superarse a si mismas, allí donde reina la mediocridad, los mesiánicos lideres contemporáneos, o las parodias de democracias que tanto conocemos y padecemos.
La fórmula ideal siempre es compleja, pero sin duda alguna, los ingredientes principales para la construcción de una sociedad capaz de generar cambios positivos, viene de la mano de una democracia sin condiciones y el desarrollo de un férreo respeto por instituciones en constante evolución.
Sin estos componentes, nuestras comunidades, nuestras naciones, están condenadas al fracaso eterno. Los chilenos tienen aún mucho por mejorar, sus asignaturas pendientes están a la orden del día. Pero queda claro, que en un contexto continental tan débil, Chile, es el lazarillo de América.
Alberto Medina Méndez
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FUENTE: PUBLICADO EL 20 DE ENERO DE 2010 EN DIARIO EPOCA DE CORRIENTES, ARGENTINA
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SI JUAREZ NO HUBIERA MUERTO
Ricardo Valenzuela
Desde tiempos inmemoriales y revolucionarios la actitud del gobierno mexicano en primer lugar, y la de gran parte del ciudadano común en segundo, ha sido no sólo negativa sino agresiva y hostil hacia los EU. Sin embargo, desde los ataques terroristas del 11 de Septiembre del 2001, esa actitud ha emergido con la fuerza de un despiadado huracán de tal manera que infinidad de compatriotas de alguna forma han tratado de justificar tal tragedia, afirmando la responsabilidad en este caso de la victima ante tan cobarde crimen en contra de la humanidad.
En estos momentos ante los ya estertores previos a una segura guerra en contra de Irak, emerge de nuevo como ardiente volcán ese sentimiento de ultraje, de violación que muchos mexicanos exhiben en contra de su odiado y casi definido como su enemigo; los EU. Es impresionante el observar la manipulación de los noticieros de Televisa—la única señal recibida en Arizona—en contra de este país confeccionadas de la forma mas turbia, deshonesta y ausente de toda veracidad, lógica y ética periodística, agraviando cada noche a los EU.
Ante esta nueva avanzada que me hace recordar las psicóticas peroratas de Echeverría en los años 70, me he dado a la tarea de tratar de identificar los motivos y las causas más importantes de esta para mi injusta actitud hacia nuestro odiado vecino. Como el programa de TV “100 mexicanos opinaron,” me he quedado frió ante el resultado consolidado de mi breve investigación, al darme cuenta que la gran herida aun abierta es la pérdida de la mitad de nuestro territorio hace mas de 150 años ante los expansivos apetitos territoriales de un Presidente americano; Polk—muerto hace mas de 100 años; Mas los sueños de opio del orate mexicano su Alteza Serenísima; el General Santana.
Ha sido tal mi sorpresa que me he dado a la tarea de usando intensamente mi imaginación, proyectar un mundo y sobre todo un México sin haber sufrido esa amputación que aun ante la bruma de casi dos siglos de historia, el orgullo nacionalista de los mexicanos sangra profusamente a través de esa herida—y mas grave, sin reconocer nuestra responsabilidad en un conflicto en el cual como todos, hay combustible de ambas partes. ¿Como luciría el mundo actual si los estados de California, Arizona, Nevada, Nuevo México, Colorado, Texas, Utha y parte de Oklahoma fueran todavía parte de México? ¿Que efectos tendría ese ficticio mapa en la geografía económico—político—social del mundo?
Esta región de los EU que otora perteneciera a México, forma hoy día la rica esquina conocida como el Suroeste del país y aporta casi el 30% de la economía de los EU. Es decir; de los 11 Trillones de dólares que conforman al PIB americano, aproximadamente 3 Trillones se confeccionan en lo que fuera parte de México. Las extremidades amputadas a México para luego sumarse a la Unión Americana, en estos momentos si se pudieran considerar como un país independiente, portarían la tercera economía del mundo después de los podados EU y Japón, con un PIB superior al de Alemania, Inglaterra, Francia, Italia etc.
La economía de esta parte de los EU que “le fuera arrancada” a México, es seis veces mayor que la de todo nuestro país. El ingreso per capita de los habitantes de esta región, es en estos momentos casi 8 veces superior a la de los mexicanos. La economía del suroeste de los EU es aproximadamente el 10% del PIB mundial, mientras que la mexicana apenas sobre pasa el 1%. El ingreso de los mexicanos que viven en esta parte de los EU, es mayor al de los 100 millones residentes en México.
Ahora, siguiendo la ley estadística de las probabilidades combinada con la teoría “a priori” tan manejada por al gran economista y filósofo Hans—Herman Hoppe. Si esta región fuera todavía una extensión de nuestro querido México, proyectando el comportamiento económico del país como un todo similar al entorno actual, el PIB de la dolorosa amputación debería de situarse en 150 billones de dólares; es decir, el 5% de lo que actualmente lo configura. Subrayando; el mundo se estuviera privando de 2 Trillones, 850 Billones de dólares de riqueza no generada en esa región todavía orgullosamente mexicana.
De los 11 Billones de dólares que los mexicanos legales e ilegales envían cada año a sus diferentes regiones en México, aproximadamente el 90% provienen del suroeste de los EU. Es decir, si todo ello fuera todavía parte de México, nos estaríamos privando de un ingreso de más de 10 Billones de dólares. De los 6 millones de mexicanos ilegales que se estima trabajan en los EU, el 80% lo hacen entre Nevada, Arizona, California y Texas; entonces, tendríamos en México aproximadamente 4, 000,000 de mexicanos y mexicanas sin empleo. De los más de 100 Billones de dólares que México le vende a los EU, su mercado en un 90% es el suroeste; en otras palabras, nos estaríamos privando de exportar 80,000 millones de dólares.
Los depósitos de petróleo de California y Texas que ha sido la base para cimentar empresas como Texaco, Standard Oil etc, fueran ene estos momentos propiedad de PEMEX y de su jauría de lobos rapaces con su respectivo sindicato. California con su Valle de San Joaquín considerado como el jardín del edén mundial, sin duda fuera un gigantesco ejido controlado por la CNC y sus líderes perredistas, pero en estos momentos el valor de su producción, es mayor que el de toda la producción agrícola de México. El Valle de San Joaquín produce 80 millones de cajas de uva; México produce 12 millones.
Los mexicanos vivimos atrapados entre esos dos sentimientos; el dolor del pasado y lo incierto del futuro. El pasado debe ser el canasto de las cenizas; hay que permitir al viento se lleve las hojas secas. El pasado no debe atrapar el futuro y los sueños de los mexicanos. Los sueños del futuro deben ser mejores que el pasado que nos atormenta e inmoviliza.
Los EU se preparan para la guerra mientras infinidad de mexicanos y mexicanas apasionadamente se oponen. Nuestro tibio Presidente como siempre no da color; pero en este conflicto ya hay dos posiciones muy claras. Ya las han expuesto los líderes del movimiento pro desarme de Irak a costa de lo que sea, inclusive la guerra; Bush, Blair, Aznar por una parte. Y los pacifistas Chirac, Putin, Schroeder por la otra sacando el dedo para ver hacia donde sopla el viento. En este de póquer global se están apostando el futuro del mundo. En las siguientes semanas se develará quienes con los verdaderos estadistas y quienes los demagogos.
Los que resulten ser los demagogos se les podrá aplicar el sabio adagio: “Si abordaste el tren equivocado, no tiene caso que corras por los pasillos en la dirección opuesta.” Si la jugada le resulta a Chema Aznar quien se juega todo su resto, esperen el primer líder de ascendencia española que deba ser figura mundial.—“así se pondrían de nuevo de moda los chapitos.”
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¿Estamos dispuestos?
Quienes manifiestan su preocupación por lo que esta pasando en el mundo, por lo que nos ocurre como sociedad, siempre corren el riesgo de caer en excesos de diagnóstico y convertirse en meros relatores del presente.
La desazón, la impotencia, la resignación aparecen así como si todo estuviera perdido y cada círculo vicioso fuera eternamente interminable.
En algunos casos, efectivamente, solo se trata de meros detractores de lo que nos pasa. Gente capaz de describir lo que sucede, pero absolutamente inhábil para el diseño de una construcción que incluya, al menos, los pilares básicos para la reconstrucción.
En otros casos, los que lo dicen, hacen algo más que verbalizarlo. Con aciertos y errores, intentan esfuerzos en su “metro cuadrado” para mejorar su ámbito más cercano. Por insuficiente que parezca, al menos, ellos alinean discurso y acción. No es poco.
En estos tiempos es frecuente escuchar frases, tales como “la queja no es suficiente”, “es muy fácil criticar” o “nadie propone soluciones”. Y lo mas grave, es que esos lugares comunes, tienen bastante de asidero.
Por otra parte, resulta razonable que muchos hayan alcanzado su máximo punto de saturación. Es que son demasiados los que dicen “BASTA”. Afirman con convicción que no quieren reiterar su presente y mucho menos proyectar ese futuro que les propone poco.
Pero la cuestión de fondo es aún mas profunda. Quienes dicen sentirse superados por la situación, llegan también a estar molestos con los relatores que solo recitan diagnósticos y críticas, aunque éstas estén parcialmente ajustadas a la realidad en más o en menos, porque las consideran inconducentes, irrelevantes.
Bajo esos supuestos, cabe preguntarse, Si eventualmente alguien, o algunos, propusieran, o tímidamente, sugirieran un recorrido posible, ¿ Qué estamos dispuestos a hacer ?. Y es que esta cuestión aparece, porque muchas veces, todo hace pensar que el problema pasa solo por fallas diagnósticas, o hasta por ausencia de ideas. Y es posible que eso fuera así, en alguna medida. Sin embargo ¿ Qué sucede cuando alguien propone algo concreto, audaz, específico, una lucha por un derecho legítimo ?.
Entonces surge, necesariamente, la pregunta ¿ Realmente queremos saber que debemos hacer para cambiar el curso del presente ?. ¿ Nos interesa en serio modificarlo, o solo se trata de otro formato de la queja simplista, de un recurso retórico ?.
Es que la ausencia de ideas, de propuestas, de caminos alternativos resulta excesivamente confortable. No requiere sacrificio. Solo conversaciones de café, insignificantes y superficiales, que solo consiguen socavar las pocas convicciones que les quedan a algunos.
Los problemas que enfrenta la humanidad, el continente, nuestro país y cada una de sus ciudades, son complejos, al menos los más de ellos, sobre todo los mas significativos. Requieren de dedicación, inteligencia, una eficiente asignación de recursos y esa sincronizada convicción popular que sea capaz de sostenerse en el tiempo.
Algunos dirán que las soluciones son simples. Probablemente lo sean, para temas secundarios o menores. Pero la pobreza, la inseguridad, la decadencia de los valores, la república perdida, la democracia imperfecta, los indispensables contrapesos del sistema, precisan de soluciones, que las más de las veces son difíciles. Suponen no solo mucha tarea, sino de una coordinación absoluta que resuelva cada una de las aristas de esa innumerable nómina de componentes parciales de la problemática abordada.
Ninguno de esos flagelos se resuelve con un chasquido. Hace falta bastante más que genialidades e iluminados para eso. Lo que incluye, claro está, un diagnóstico que nos encuentre mayoritariamente encolumnados en una interpretación ideológica afinada. De lo contrario solo aplicaremos paños fríos a nuestro enfermo que agoniza. Los problemas son complejos, las soluciones no solo lo serán, sino que además, si aspiramos a superarlos, nos encontrará en el camino, con la necesidad de revisar si estamos haciendo lo correcto casi en forma permanente.
Y entonces, vuelve irremediablemente la pregunta original. ¿ Estamos dispuestos ?. ¿ Hemos tomado la decisión previa de saber que el proceso tiene un costo ? ¿ Qué ese costo como individuos, supone esfuerzos, recursos económicos y de los otros ? ¿ Qué, en el camino, las cosas que salgan mal implicaran pérdidas importantes ? ¿ O es que acaso en este mundo algo se consigue sin esmero ?. ¿ Estamos dispuestos a abandonar los espacios de comodidad, los privilegios mal habidos, esos beneficios con los que nos endulzó el perverso sistema presente ?. ¿ O es que creemos que la lucha se trata de que otros hagan la tarea y nosotros solo aplaudamos de tanto en tanto ?.
Cambiar la historia, requiere de buenos diagnósticos, inteligentes soluciones, pero fundamentalmente precisa de brazos, del esfuerzo de gente dedicada y capaz de hacer de eso, una tarea literalmente “militante”, disciplinada, perseverante, consecuente y coherente con el resto de los valores individuales que esgrimimos a diario.
¿ Cuántos de nosotros estamos dispuestos a eso ? ¿ O es que ante la primera convocatoria para convertirnos en piezas claves de esta causa, aparecerán las excusas de siempre, esas que esgrimen los abúlicos, esas que funcionan como justificativos que explican que yo no puedo, pero que otro debe hacerlo por mi ?.
Formamos parte de una sociedad plagada de discursos desdoblados. Decimos una cosa y hacemos otra. Reclamamos que otros se ocupen de lo que nosotros debiéramos y nos enojamos con el sistema por nuestras propias torpezas y decisiones equivocadas.
El relato del presente sirve. También es cierto que no alcanza. Pero antes de dar el siguiente paso, el de llenarnos la boca con lo que creemos que debemos hacer, sería bueno que revisáramos con absoluta honestidad intelectual “que estamos dispuestos a hacer”. No sea cosa que esos que dicen VAMOS solo digan que no lo hacen porque no saben que hacer, cuando en realidad esconden algo mas elemental, mas básico, mas primitivo. No están dispuestos. No importa el plan, no es relevante la idea. Su preocupación solo llega hasta allí. Después de todo, si el plan existiera, deberían finalmente demostrar que su discurso era consistente y que realmente estaban dispuestos a todo. ¿ Será así ? ¿ Realmente faltan orientadores, esos que nos digan hacia donde ir y como hacerlo ? Pareciera que antes de eso debiéramos poder contestar a la pregunta original, esa que define cuanto esfuerzo personal, individual e intransferible creemos estar en condiciones de ofrecer. ¿ Estamos dispuestos ?
Alberto Medina Méndez
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Hace nueve años los mexicanos celebrábamos jubilosamente la primera presidencia ajena al partido que nos oprimió durante 7 décadas. Apuntábamos hacia el futuro llenos de esperanza y optimismo pensando la enfermedad revolucionaria había sido contenida. Pero después de estos casi diez años, con tristeza nos damos cuenta que seguimos patinando en el lodo de la burocracia profesional que, como la mordida del león, se rehúsa a soltar su dócil presa.
Hace 20 años Barry Levine publicó un excelente libro titulado, “El Desafió Neoliberal.” Iniciaba esa reflexión del futuro de América Latina con un mensaje del inolvidable Peter Berger, quien fuera uno de los expertos en la problemática de países subdesarrollados. Berger abría el juego para ubicarnos en aquel presente de 1990 afirmando que, el pasado no se puede modificar, pero podemos aprender de los hechos que han provocado tanto sufrimiento en nuestra región y obtener una promesa de prevención en el futuro.
Procedía luego a desarrollar un análisis tipo Harvard, cuando desmenuzan los problemas a base de hechos y él mismo se preguntaba: ¿qué es lo que sabemos, y lo que no sabemos? Es decir, ¿qué es lo comprobable y que es lo que no podemos comprobar?
LO QUE SABÍAMOS EN 1989. 1) El socialismo nunca funciona. Las economías operando mediante mecanismos políticos, no a base de los dictados del mercado, y aboliendo la propiedad privada de los medios de producción, siempre ha fracasado llevando a las masas a niveles de pobreza y explotación patéticos.
2) Los mercados libres tradicionalmente funcionan. La economía de mercado con la propiedad privada de los medios de producción, construye países ricos y altos niveles de bienestar. Basta observar la historia para entender que los grandes éxitos económicos del mundo han sido capitalistas, primero en Europa, después en Norteamérica y en los dominios europeos, y en el presente en Asia del este y sureste.
3) No existe una tercera vía entre capitalismo y socialismo. Ello ha sido una fantasía sostenida por la izquierda no marxista. Existen hoy día las economías mixtas, y en un sentido, todas portan ese ropaje lo que se traduce en diferentes grados de intervención oficial y, el gran problema, no hay ya capitalismo puramente Laisezz-faire. Quienes argumentan el que los estados escandinavos representan esa tercera vía, se equivocan puesto que están cimentados en economías capitalistas y solo difieren con otros, es sus políticas de beneficencia.
4) El capitalismo es condición necesaria, pero insuficiente para la democracia. Las democracias de larga historia están ligadas a economías capitalistas y nunca han sobrevivido democracias socialistas. Subsisten, eso sí, economías capitalistas en países con regímenes no democráticos. Pero en la medida que esos países enriquecen, las presiones democráticas se expanden. El capitalismo no puede florecer a menos que el estado abra ese espacio social. Eso reduce su poder permitiendo se desarrolle la sociedad civil y así, el capitalismo le abre campo a la democracia.
5) Las políticas de crecimiento benefician más a los pobres que las de redistribución operadas por gobiernos. Es decir, es mejor ser pobre en EU que en Cuba. Los 30 millones de americanos que su censo califica como pobres, el 50% son propietarios de su vivienda con tres habitaciones y dos baños. El 70% tienen automóvil y el 40% poseen dos. El 99% tienen refrigerador y televisión a colores. Casi el 70% tiene horno de microondas, más de la mitad estéreo y una tercera parte lavadora automática.
6) La capacidad empresarial es un factor decisivo en el desarrollo de países. Los empresarios, sobre todo los pequeños, producen el 100% de la riqueza en naciones desarrolladas. Una nación sin esa cultura empresarial, libre competencia y la persecución del beneficio personal, no puede construir una economía sana y próspera.
Berger nos surtía luego una lista de lo que no sabíamos, pero después de estos 20 años, la mayoría de los puntos listados tienen ya respuestas contundentes. Afirmaba el que no se sabía con precisión cuales eran las condiciones suficientes para el enriquecimiento y la democracia. Es posible, continuaba, el que los requisitos para prosperar sean de naturaleza económica, pero luego se declaraba incapacitado para siquiera iniciar la discusión. Exponía las mismas confusiones en cuanto a la democracia.
Pero los últimos 20 años han sucedido infinidad de cosas que han disipado esas incógnitas que Berger se planteaba. Está ya comprobado el que los países que han liberalizado sus economías, los que han puesto los medios de producción en manos de la sociedad civil, en los cuales el estado asume el papel de garante respetando el estado de derecho, han prosperado enormemente. Los que han seguido la ruta contraria y aquellos en los que el estado se vuelve ese fatal ente intervencionista, se hunden en el subdesarrollo.
Aun después de su tropiezo, tal vez el caso más impresionante sea Irlanda. Después de sufrir pobreza durante siglos, en 1990 su PIB partía de 32 billones de dólares para ya arribar a los 110 billones. Su ingreso per cápita viajó de $8,000 dólares a los $35,000, lo cual supera casi cinco veces al de México. ¿Cuál ha sido la fórmula? Algo sencillo, hace 15 años se ubicaba entre los países cuyos gobiernos asfixiaban sus economías, para hoy día escalar hasta el sitio #5 en cuanto a su índice de libertad económica. Otro ejemplo igualmente impresionante es el de China que iniciaba la década de los 90s con un PIB de $400 billones de dólares, para arribar a más de $2 trillones hoy día.
En 1970 el ingreso per cápita de México, Hong Kong y Singapur era similar, alrededor de $800 dólares. En estos momentos el de Hong Kong se ubica en $45,000 dólares, el de Singapur $40,000 y el de México apenas sobre pasa los $10,000. El ingreso de España apenas alcanzaba $1,000 dólares y en estos momentos se aproxima a los $35,000. ¿El secreto? La democracia liberal operando. En los índices de libertad, Hong Kong es #1, Singapur #2, España #30 y México #65 por abajo de Mongolia, Bolivia etc.
Mientras esto sucede, América Latina, a excepción de Chile, camina hacia la dirección opuesta cubriéndose con el manto del estatismo sin entender ha sido la causa de nuestros fracasos. Cuando México cabalga sobre la segunda administración que debería haber manejado la urgente transición cuando algunos miopes aseguran lo exitoso de la misma, sin darse cuenta del fracaso ante esa responsabilidad histórica y, al momento de avanzar la ruta de Calderón, es obvio que ese auto llamado México ha estado patinando en el mismo pantano sin avanzar.
Berger se equivocó con los mexicanos al afirmar que, el pasado es sólo referencia, pero nos debe servir para no cometer los mismos errores. Ante el acomodo de las cartas políticas para las elecciones del año 2012, México apunta hacia la dirección que nos llevó por esa ruta de la servidumbre, pobreza, subdesarrollo e injusticias. “No hemos aprendido nada del pasado.”
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PROMETEO SE RETIRA
Ricardo Valenzuela
A principios de los años 90 la ciudad de Guadalajara se vestía de luces para acoger una singular reunión; La segunda convocatoria de mandatarios latinoamericanos en un nuevo espíritu de concordia, comunicación y fraternidad, para montar el tren de la modernidad ya apuntado hacia el nuevo milenio. El espectáculo era especial al observar la pasarela de jóvenes líderes navegando sobre los nuevos vientos que soplaban por los rincones del mundo: democracia liberal, mercados libres, el reino de la tercera ola; la de la información y el conocimiento.
Las décadas de los años 70 y 80 pasaba a los libros por la animosidad de estos países contra los Estados Unidos, por lo que reuniones de esta magnitud tradicionalmente eran con el propósito de agredir al odiado enemigo identificado por los rollizos dictadores en turno, mismos que congestionaban los bancos y las playas de Miami con sus elegantes residencias y dineros escurridos de las endeudadas tesorerías. La mayoría de ellos legislaban la forma de mantener los capitales internacionales lejos de sus fronteras
Pero en esta ocasión los observadores se pellizcaban unos a otros para asegurarse no estar soñando ante las actitudes de estos jóvenes políticos totalmente alejadas de las explosiones nacionalistas, proteccionistas, mercantilistas de las últimas décadas, mismas que hicieran tristemente inmortales hombres como Echeverría en México, Perón en Argentina, Somoza en Nicaragua. El tema en boca de todos ahora era libre comercio, mercado libres, capitales internacionales, democracia. Sin embargo, había un instrumento que desentonaba tan bella sinfonía; Fidel Castro.
Durante los siguientes días el evento se convertiría en una pasarela en la que coquetamente estos noveles estadistas desfilaban protagonizando lo que parecía ser una pujante subasta por el capital internacional. Cada uno de ellos exponía con gran pasión las ventajas de inversión en sus respectivos países, presentando sus mejores caras a esa masa de modernos J. P. Morgans que acudían a la invitación del Presidente anfitrión; Carlos Salinas de Gortari. Los nuevos centuriones del capital—administradores de Fondos—no salían de su asombro al observar el florido y novedoso campo para los 15 trillones de dólares hirviendo en sus portafolios.
Se iniciaba una era diferente de entendimiento entre la nueva Hispano América y ahora la única potencia mundial; los E. U. El siguiente paso sería la inclusión de México en el acuerdo de Libre Comercio entre E. U. y Canadá transportando a nuestro país a una dimensión nunca vista. Al abandonar la reunión, los contingentes de cada nación celosamente portaban el nuevo mapa que los debiera conducir por las avenidas de la modernidad, libertad, prosperidad, justicia, tomados de la mano con su antiguo Némesis. Los nuevos líderes parecían entender el que el mercado de capital, como Prometeo, luego de haber permanecido encadenado durante más de 50 años, lograba su liberación para iniciar su celestial toque de Midas.
Los siguientes años la nueva relación entre México y los EU escalaría alturas impensables cuando Salinas, rompiendo los viejos y tradicionales moldes, se arrimaba a la sombra de Bush I de forma inaceptable para la oxidada y senil izquierda mexicana. Fue tal la proximidad de estos hombres que al perder Bush la elección frente a un joven y carismático gobernador, la estrella de Salinas se empieza a empañar. Al inicio del plan de saboteo en contra del presidente en 1994 y luego del asesinato de Colosio, el gobierno de Clinton no le permitiría a Salinas usar una línea de crédito ya establecida para apoyar al peso y evitar su derrumbe.
A casi 20 años en la distancia, el horizonte luce hoy día como ninguno de los participantes lo hubiera imaginado. De los prospectos de líderes mundiales presentes en esa convocatoria, no hay uno solo que haya sobrevivido la revancha de los perfectos idiotas. Color de Mello fue expulsado de la presidencia y se ha perdido en el olvido. Carlos Menem luego de purgar prisión, fracasó en su intento de regresar. Fujimori se encuentra prisionero en el Perú. Carlos Andrés, luego de su conversión, ha sufrido la misma suerte. Pero el caso más dramático es el de Salinas quien, luego de haber provocado el “milagro mexicano,” se ha convertido en el hombre más despreciado del país.
PROMETEO RECULA
América Latina se encuentra como el burro de la noria: En su ceguera después de muchas vueltas llega al mismo lugar.
México, Brasil y Argentina, al abandonarlos Prometeo, sufrieron dolorosas devaluaciones que los devastaron. Pero tal vez lo más grave es observar la nueva pasarela de líderes en la remuda. En Venezuela se ha conjuntado lo más granado de lo ridículo: Un militar golpista, casi analfabeto, asesino, con total desprecio por la ley y una admiración enfermiza por Fidel Castro. Argentina festeja a un cachorro de lo más recalcitrante del Peronismo de los 50s. Nicaragua de nuevo bajo el puño del guerrillero Ortega. Ecuador duerme con la segunda versión de Chávez en el continente. Bolivia porta un presidente marxista leninista…..confesado por él mismo con gran orgullo.
EE.UU., aunque parezca increíble, es ahora liderado por un joven marxista que pretende convertirlo en un país dominado por la tiranía del estado. Las fuerzas guerreras de la política norteamericana se preparan para la madre de todas las batallas….la sobrevivencia de la libertad.
Pero ¿y México? Ah, nuestro México luego de sufrir una devaluación que nos dejara enseñando las mataduras en el lomo, Zedillo mantuvo el barco a flote para entregarlo al Mariscal del cambio. El año 2000 debería haber pasado a la historia como el inicio del desmantelamiento del viejo orden monetario mundial ante los avances de un incontrolable mercado. Nacía así el mercado global de capitales que nuestros líderes no parecen entender, y ahora se expande calificándolos cada minuto con su voto en las Bolas de Valores del mundo.
Los mandatarios del nuevo milenio, a diferencia de los congregados en Guadalajara, no tienen idea del perfil del nuevo votante que solo responde al verdadero entorno, no a las promesas o campañas publicitarias. El votante se llama el Mercado de Capitales y, en sociedad con el Internet, está creando una zona económica global imposible de regular y que pronto deberá poner en duda el mismo concepto de Estado-Nación expandiendo su dulce recompensa o su creativa destrucción, dependiendo de las conductas de los países.
La relación México—EU que tanto pavimentó Salinas, regresa ahora a la época de Echeverría y Jimmy Carter cuando se pretende renegociar el TLC y de nuevo se vocifera; “el petróleo es patrimonio de los mexicanos”—provocando la estampida de Prometeo. Este nuevo mundo libre y virtual estará moldeando una economía global de 100 Trillones de dólares para el año 2020. EU, recuperado de Obama, estará al frente de la carga—Benditos los invitados a la mesa pues serán los que les haga justicia la globalización.
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Ricardo Valenzuela
Desde que Nixon abandonó los últimos vestigios del patrón oro en 1971, el dólar ha perdido casi el 100% de su valor. Si esta tendencia persiste, los precios en los EU se habrán triplicado para cuando la generación que en estos momentos está naciendo entre a la fuerza de trabajo, dejando así el campo fértil para futuras crisis económicas y monetarias.
Durante años el mundo entero estuvo controlado por un esquema monetario Keynesiano que fue impuesto por los EU e Inglaterra después de la segunda guerra mundial. Bretton Woods fue un sistema de un dólar manipulado como “patrón oro” para aprovechar el prestigio del sistema monetario más antiguo y estable del mundo. Finalmente, a principios de los años 70s, la comunidad financiera internacional abandona dicho acuerdo para arrojarnos a un mundo de monedas flotantes, de economías manipuladas por los bancos centrales y especuladores internacionales.
En México, desde la administración de Echeverría, el Banco de México se había convertido en la caja chica del presidente de la república. Echeverría quiso estimular la economía a través del esquema Keynesiano de impresión de dinero para promover una demanda artificial utilizando para eso al banco central, los resultados ya todos los conocemos y todavía estamos pagando por ellos. En la administración de Salinas, bajo la mirada de Pedro Aspe, el Banco de México inició por primera vez en muchos años una responsable estrategia de la política monetaria con la desagradable tarea de combatir la inflación-devaluación provocada por las anteriores administraciones, y lograr la estabilidad tan ansiada por los mexicanos.
En diciembre de 1988, al tomar Salinas posesión como presidente de la república, la inflación en el país corría a casi un 200%, el peso se había devaluado más de un 2000%, las reservas internacionales del Banco de México eran negativas, el déficit del presupuesto federal era ya ridículo, los intereses se asemejaban lógicamente a la inflación cotizados en cerca de un 200%. En diciembre de 1993 la inflación se había controlado en un 7%, las reservas del Banco de México eran de más de 30,000 millones de dólares, se había logrado superávit en el presupuesto federal, los intereses se habían estabilizado abajo del 20%, el peso se había también estabilizado en $3.50 por dólar.
En diciembre de 1994 toma posesión Ernesto Zedillo como presidente de la república, se cambia radicalmente la política monetaria del país, se modifican las estrategias del Banco de México y, ante un problema de liquidez temporal, se opta por una “pequeña” devaluación. En esos momentos se da inicio a una de las peores crisis financieras a nivel internacional y obviamente una de las peores en nuestro país. La devaluación Zedillita había retrocedido el progreso de México por lo menos 30 años. Las huellas del FED aparecían por todas partes.
Desde que el mundo destruyó los últimos vestigios del patrón oro con el desmantelamiento de los acuerdos de Bretton Woods, nuestro planeta se ha convertido en una fábrica general de dinero artificial. Los gobiernos obviamente son los principales productores, lo es igual el sistema bancario mundial a través de sus prestamos piramidados, pero la fábrica de lujo son los bancos centrales. Sin embargo, recientemente ha hecho su aparición un nuevo esquema de creación de dinero artificial particularmente en México: el endeudamiento de los estados.
Todos sabemos de los graves problemas de la banca mexicana, sin embargo, los señores feudales (gobernadores) en los estados a base de presión obligan a los bancos a darles prestamos con dinero que no existe, es decir, tienen que crearlo, y lo fabrican simplemente con la firma de un pagaré para después abonar esa cantidad a las cuentas del gobierno para “sus planes de desarrollo.” Pero ese dinero no existe, se está fabricando absolutamente sin ningún respaldo y a eso se le llama inflación, se le llama demanda a base de esteroides, se le llama irresponsabilidad.
Los señores feudales de esa forma dan la apariencia de “prosperidad” en sus cotos privados (estados), pero la realidad es que nos están emborrachando con dinero artificial y alguien, tarde o temprano, tiene que sufrir la cruda, alguien tiene que pagar por los faltantes que se provocan en el banco central vía esos préstamos de presión, independientemente que la mayoría de los endeudados estados no tienen capacidad de repagar, y adivinen quien tendrá que hacerlo, “el pueblo”. En esta transa, como es natural, el supremo gobierno cuenta con el apoyo incondicional de “algunos” banqueros favorecidos por las privatizaciones y de los empresarios pegados a la ubre que, por coincidencia, son consejeros de los bancos.
Pero esta forma de control solo será una más de las que estará perdiendo el obsoleto estado-nación, que al igual que la senil iglesia de la edad media tuvo que ceder todo su poder a nuevas formas de entendimiento y cooperación de la sociedad después de haberla dominado durante 15 siglos:
“El verdadero tema es control. El internet está tan desarrollado y expandido que hará imposible que algún gobierno lo pueda controlar. Creando una incontenible zona de comercio global, antisoverana e irregulada, el internet pone en duda la supervivencia de estado-nación.”
JOHN BARLOW.
A medida que el cybercomercio se desarrolle dará paso a un fenómeno especial; el nacimiento del cyberdinero como la divisa universal. Este realmente será un juego diferente, será uno de los tiros de gracia al estado-nación y especialmente a los bancos centrales. Muy próximamente todas las transacciones se llevarán a cabo a través del mercado electrónico, con dinero electrónico, en ese momento muere la integración monetaria europea, la posibilidad de una integración monetaria de América Latina dominada por el FED. Morirán también los sueños marihuanos de Hugo Chavez y su Banco Del Sur, o los de los rusos y chinos para encontrar otra moneda que sustituya el dólar.
Esta nueva forma de dinero digital será la pieza clave en el desarrollo del cybercomercio. Consistirá en largas secuencias de multimiles de dígitos en interminables números. Único, anónimo, verificable, este nuevo dinero conciliará las transacciones más sofisticadas imaginables. Será también divisible en microscópicas fracciones de valor. Será transferible solo accionando una tecla de computadora en un mercado de miles de trillones de dólares, un mercado sin fronteras y, sobre todo, totalmente fuera del control de los gobiernos para regularlo, controlarlo o gravarlo.
Este nuevo dinero, como es obvio, será desnacionalizado. Cuando los individuos soberanos puedan ejecutar transacciones internacionales en un nuevo mundo empresarial en el que no habrá realidad física, ya no tendrán que tolerar la sucia practica de los gobiernos y sus bancos centrales de agredir sus monedas a través de inflación o deflación. El control del dinero emigrará de las elegantes oficinas de los bancos centrales al mercado global. Cualquier individuo o corporación con acceso al cyberespacio, podrá fácilmente cambiar de dinero cuando tenga signos de su inmediata depreciación.
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La política latinoamericana de estos tiempos, está poblada de una casta de dirigentes repleta de resentimientos. Ellos dicen que quieren trabajar por la gente, que son la mas moderna expresión de un gobierno popular, que intentan mejorar la situación de los que menos tienen. Eso es lo que dicen.
Sin embargo, lo que hacen es construir poder, generando reglas que les permitan perpetuarse, manipulando a la sociedad, apoyados por un sagaz y férreo control de los complejos engranajes del poder y con la mente puesta, siempre, en retener las riendas institucionales que les posibiliten imponer su criterio en forma indefinida.
Dicen que creen en la democracia, pero en realidad, son profundamente autoritarios. La democracia les resulta funcional, les sirve, y cuando alguna circunstancia no les favorece, en nombre de esa misma democracia, promueven leyes en el sentido que desean, utilizando sus mayorías matemáticas para asegurarse que esa coyuntura numérica no se interrumpa en momento alguno, para seguir avanzando en su proyecto.
Hacen un despliegue de poder difícil de igualar. Pero su característica más elocuente no es ese autoritarismo. Hasta podría decirse que este, es solo un requisito más para obtener su objetivo superior. Ellos intentan disciplinar a sus adversarios. No les interesa destruirlos. Su desaparición no les permitiría disfrutar al máximo. Solo intentan hacerlos claudicar, arrodillarlos, humillarlos.
De eso se trata su juego. Todo lo demás es periférico. Lo central es LA REVANCHA. Su preocupación cotidiana es como hacer que sus enemigos “muerdan el pasto”. Saben que esa forma de concebir la política no cuenta con apoyo ciudadano. Por eso, amparados en una perversa inteligencia, que nadie puede discutir, se nutren de retorcidos planteos para concebir cada paso que dan, y para planificar el siguiente.
Es que la revancha precisa instrumentarse, lo que implica no descuidar las formalidades. Esos procedimientos se aplican a través de normas que no solo deben gozar de prolijidad, sino que tienen que asegurar un mayor grado de dificultad para cuando alguien, en el futuro, intente desarmar la pergeñada estrategia original.
Pero esa vocación de implementar sus avances contra los adversarios, los lleva necesariamente a intentar darle contenido argumental a cada paso táctico. Así aparece entonces, la siguiente etapa, la del despliegue intelectual. Es que precisan justificar la decisión que pretenden coronar y casi como si fuera una propuesta comercial, ensayan todo tipo de argumentos que explican las bondades de la idea que promueven.
En ese recorrido, será el turno de la obscena publicidad oficial que con recursos públicos, es decir de todos, jugará partido por el pensamiento hegemónico del gobernante. Financian así, indebidamente, su propaganda ideológica para argumentar en contra de los sectores de la sociedad, a los que, en esta ocasión, intentaran amedrentar.
Ejércitos de intelectuales, hombres de la cultura, técnicos y eruditos de distintas disciplinas, darán sustento a todo lo dicho, a cada razón esgrimida. Esos, los que se suponen “supuestas” palabras autorizadas, obtienen casualmente, en muchos casos, beneficios directos desde las arcas gubernamentales con subsidios, fondos especiales y todo tipo de privilegios discrecionales, por pertenecer a sus filas y contribuir con el arsenal ideológico que los ampara y habilita.
Finalmente llega el momento de la verdad, ese que tiene que ver con validar en los votos legislativos cada pretensión normativa. Lo consiguen, claro que lo logran. A veces con mayor holgura, otras no tanto. Pero salen victoriosos en cada capricho.
Luego de tanto despliegue intelectual y de llenarse la boca con los éxitos que se derivaran de la sanción de la nueva norma, es de suponer que estarán más que satisfechos con los supuestos beneficios que significarán para la sociedad. Después de todo, es lo que habían dicho. Esas eran las motivaciones que manifestaron cuando iniciaron el tratamiento de la idea original.
Sin embargo, ahí, la tentación puede más, y se desvanecen los argumentos. Es que ya consiguieron el objetivo. Sedujeron a unos y otros, con inteligentes estrategias que incluyen el alquiler de calificadas voluntades y la construcción de alianzas que se sostienen sobre oportunas prebendas y concesiones.
Con el objetivo logrado, ya no vale la pena festejar con los falsos argumentos. Ya esta consumado el hecho y el adversario de turno, ha quedado de rodillas. Ya los tienen a sus pies, y el sometimiento planificado se ha concretado no solo con éxito, sino también con un acompañamiento popular, muchas veces, por arriba de lo esperado por ellos mismos.
No pueden evitar los festejos que desnudan sus verdaderas motivaciones. En las celebraciones de cada éxito, aparece casi deportivamente, la hinchada, con la sorna, la burla, esa que muestra espontáneamente las más profundas convicciones y sus odios viscerales.
Ellos no quieren mejorar las cosas. Los supuestos beneficios que dicen, se derivarán de sus normas, son solo la perfecta excusa para aplastar a sus rivales ocasionales. Los moviliza la venganza, y a lo sumo, la construcción de un poder superior que les posibilite dar el próximo paso, que seguramente será otra revancha. Son ambiciosos, van por más, no saben de límites. Solo son oportunistas, y miden sus momentos. Pero cuidado, no hay que subestimarlos. Saben bastante bien lo que hacen. Pero tampoco son infalibles. Ya se equivocarán. Y tal vez allí la oposición pueda acertar el paso, aunque a este respecto cuesta ser optimista frente a la demostrada torpeza de quienes pretenden ofrecerse como alternativa, superados en recursos, pero también en inteligencia.
Pero lo importante es entender que no se trata de un éxito de políticas, de logros para beneficio de la sociedad, de victorias para los más débiles y postergados. Solo se trata de estratagemas finamente pensadas, que sirven para sostenerlos en el poder y para humillar a sus adversarios.
Su norte es la revancha. Eso los motiva. El poder y la revancha. Eso los obnubila, los obsesiona, los condiciona. Es su fortaleza, pero también su punto débil. Solo resta utilizar su propia fuerza para debilitarlos. Seguramente llegará el momento para capitalizar sus errores. La soberbia que no pueden ocultar puede mucho, y esa ausencia de humildad, probablemente los terminará sumergiendo en su propia medicina.
En Argentina, la sucesión de atropellos mas recientes incluye, la nacionalización de Aerolíneas, la reestatizacion del sistema previsional, la extensión de los superpoderes y la llamada “ley de medios”, solo por nombrar a algunas. Pronto se sumara a la lista la reforma política. Con la nueva composición legislativa en el Congreso, ensayarán una nueva modalidad. Ya la deben tener analizada, pero el recorrido será el mismo. Para ellos los modos son solo un camino, no tienen demasiada importancia, y pueden usarlos cuando lo consideren para avanzar en sus próximas metas. Así funcionan. Esa es su esencia. Para ellos la prioridad la tienen, el poder y la revancha.
Alberto Medina Méndez
amedinamendez@gmail.com
03783 – 15602694
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Corrientes – Corrientes – Argentina
Skype: amedinamendez
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El actual Presidente de los EEUU, Barack Obama, es el nuevo Premio Nobel de La Paz. La noticia divide al mundo y genera una merecida polémica. Tal vez, es justamente lo que intentaron al tomar la decisión de otorgarle semejante honor. Provocar un debate, instalar la discusión, establecer un hecho que no pase desapercibido para la humanidad.
Es bastante probable que la intencionalidad de la designación haya pasado, justamente, por aprovechar, ese evidente entusiasmo que generan algunos auspiciosos anuncios públicos del debutante Presidente norteamericano. Es posible que sea una forma de alentarlo a continuar en esa línea, por ahora solo recitada. Es que pueden creer, que es un modo concreto de condicionarlo, de ponerlo en una posición más frágil para cuando deba tomar decisiones bélicas en el futuro cercano.
Tal vez no sea mala estrategia, aunque algo perversa y manipuladora, pero hasta puede resultar efectiva y, en ese caso, crean que valió la pena el intento.
El mismísimo Obama se ha ocupado, en declaraciones posteriores, de aclarar su visión sobre ello, diciendo que lo tomaba más como un estímulo que como un reconocimiento a los logros. Hizo bien al esmerarse en mostrar su mirada, pero así y todo resulta, como mínimo, confuso el criterio del Comité que ha seleccionado al premiado.
Sería bueno, cuanto mejor, apostar a que este Premio Nobel tuviera señales menos zigzagueantes y destacara a aquellos que hicieron algo más específico por la paz, por construir un mundo mejor, sin guerras, o bien por aquellos que mostraron el camino del reencuentro, del acuerdo, de la convivencia armoniosa aún en las diferencias.
Millones de seres humanos en el mundo deben estar más calificados para recibir ese honor, que esta versión de Barack Obama. No es una bandera clara y contundente entregarle semejante galardón al Comandante en Jefe de la primera potencia militar del mundo. Ni siquiera es necesario apelar a los tradicionales bajos recursos argumentales que vinculen el pasado de EEUU con su realidad presente. Pero está claro que esa Nación hoy persiste con desarrollos nucleares importantes, ejércitos en países soberanos e insiste con acuerdos para la expansión de bases militares por todo el planeta.
Muchos serán los argumentos para justificar ese despliegue. La lucha antiterrorista, la teoría de la guerra preventiva, el combate contra el narcotráfico, por solo citar los más obvios y reiterativos. Algunos hasta pueden sonar válidos e inteligentes, pero así y todo, el líder de esa potencia mundial dista mucho de tener el perfil óptimo para un premio de estas características.
No es la primera vez que ocurre. Otros “Jefes de Estado” del mundo, incluso de EEUU lo han recibido, en el pasado, siendo protagonistas de su época, de conflictos bélicos históricos, pero eso no habilita a insistir en el error, a reiterar la equivocación.
Es que resulta un recorrido ambiguo el de los organizadores, hacia un mundo que reclama coherencia, discursos sólidos y consistentes. Mas aún, teniendo en cuenta que la mayoría de los habitantes del globo cuestionan las guerras, repudian el espíritu militarizado de algunas naciones, lo que incluye, obviamente, a sus conductores.
Este galardón debiera constituirse en una oportunidad para enviar un mensaje claro, inconfundible, inequívoco, a quienes aportan algo más contundente a la paz del mundo. Sobran ejemplos y entre los potenciales candidatos que se mencionaban para esta ocasión, muchos otros, reunían sobrados meritos para esta distinción.
Obama dijo en estas horas que era “Comandante en Jefe de un país que es responsable de ponerle fin a una guerra”. Es probable que su discurso suene efectista, algo demagógico incluso, pero no menos cierto es que las guerras en este mundo no existen por la presencia de un solo componente beligerante. Muchos otros responsables pululan por el planeta con similar responsabilidad.
Pero esa parte de la afirmación en la que recuerda esa posición, la de Comandante en Jefe, esa que le otorga la misma Constitución Nacional de su país, es el principal motivo por el que este hombre no debiera ser premiado con tan desproporcionado reconocimiento. Un Comandante en Jefe, la máxima autoridad de un ejército, el líder democrático de una Nación que invierte fortunas de sus contribuyentes en guerras, pero también en el desarrollo de armamento y tecnología para la muerte, mal puede ser el mejor exponente de un mundo que quiere recorrer el sendero inverso.
Nadie duda de la importancia que este Presidente norteamericano tiene. Sobre todo, porque está ante una oportunidad histórica de desandar un camino, hacia un mundo menos agresivo. Hasta se puede acordar en que, probablemente, de pasos positivos y firmes en esa línea. Es bastante factible que deje su cargo en mejores condiciones que antes en esta materia, al menos. Pero eso no debiera ser suficiente razón para otorgarle esa distinción.
Históricamente, aún con algunas contadas excepciones, este premio siempre pretendió “reconocer” la labor de una personalidad en pro de la PAZ. Esta vez optaron por un camino bastante diferente, premiar por lo que se supone está haciendo o lo que hará mas adelante. Es como si se entregara un OSCAR a una película que aun no se empezó a filmar o se está rodando, solo porque “dicen” que su argumento es bueno, su director tiene buenos antecedentes o porque los actores contratados son consagrados.
El sitio en Internet de los Premio Nobel no ensaya un solo argumento objetivo para justificar la decisión. Solo se apoya en cuestiones más que subjetivas, declaraciones, buenas intenciones y apuesta toda la mención a lo que, supone, sucederá en el futuro.
Parece una decisión equivocada, pero sobre todo porque desperdicia otra oportunidad de establecer señales claras y recuperar el sendero de lo moral, de lo correcto, en un mundo que tropieza cotidianamente en esta lucha por escaparse de su crisis de valores. El tiempo dirá que el Nobel de la Paz 2009 recayó en el Comandante en Jefe, Barack Obama.
Alberto Medina Méndez
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Por: Dr. Belisario Rodríguez Garibaldo
Abogado, Sociólogo, Periodista, Analista Político, Profesor y Escritor
Turquía (mayoría musulmana) ha solicitado su ingreso a la Unión Europea. Sin embargo más vinculo histórico puede tener Rusia, pues el centro del antiguo Imperio Ruso siempre fue occidental y europeo, mucho antes de la cristianización (ortodoxa). Sin embargo, la Unión Europea como federación de naciones europeas fue posible. El primero en vaticinar que algún día habría una Unión Europea, fue Winston Churchill, al abogar por unos ‘Estados Unidos de Europa’. Winston Churchill quien es considerado por los ciudadanos europeos como el más grande estadista europeo del siglo XX. El mismo que se opuso de primero a los nazis de Hitler, el mismo que observó primero a los peligros de ‘la gran cortina de hierro que dividía a Europa’ (comunismo de Stalin). Por ello la necesaria labor de soñar en utopías, es siempre muy práctica y útil, pues los sueños de hoy bien pueden ser las realidades del mañana.
Primero fue la Comunidad Económica Europea, con libertad aduanera (comercio) y de fronteras (ciudadanos), que una vez cumplidos por años con los requisitos de cada nación hacia la convergencia de las nuevas legislaciones y marcos comunitarios, se convirtió entonces en la Unión Europea. Fue así como la Unión Europea asumió funciones y poderes confederados delegados por los Estados Nacionales Europeos, sin que estos dejaran de existir, manteniendo sus actuales gobiernos y leyes nacionales, pero en convergencia con las actuales legislaciones e instituciones comunitarias. Hoy la Unión Europea tiene una Constitución (Tratado de Maastricht), bandera común, moneda común (euro) emitida por un Banco Central Europeo, Himno europeo (Himno de la Alegría de la Quinta Sinfonía de Bethoven), un Parlamento Europeo (sede Estrasburgo), una Presidencia rotativa (sede Bruselas, capital de la Unión) con un Consejo Federado (Comisión Europea, con diversas Secretarias por áreas: Política Exterior y Defensa, Educación y Trabajo, Economía y Comercio, Innovación e Infraestructura, etc.), tiene un Tribunal Europeo de Justicia más un Consejo Europeo de Derechos Humanos, más un Tribunal Constitucional Europeo; además preparan la creación de una Fuerza Armada Europea Común (EUROFOR) que desplazara al dominio militar trasatlántico de la OTAN, demarcándose un tanto de los EE.UU. La Unión Europea existe como una realidad actual, sin fronteras para todos sus ciudadanos (con pasaporte común) y comercio entre sus pueblos (y no a la guerra entre los pueblos), sin controles migratorios ni aduanas.
Los Latinoamericanos (hijos subdesarrollados del pensamiento occidental) bien podemos seguir un ejemplo de integración similar, si el MERCOSUR y el Grupo Andino (hoy ambos integrados en la Unión Sudamericana), Centroamérica (SICA) y CARICOM (Caribe) más México, se integrasen todos en conjunto primero en una Comunidad Económica Latinoamericana, con libertad aduanera (comercio) y de fronteras (ciudadanos), que una vez cumplidos por años con los requisitos de cada nación hacia la convergencia de las nuevas legislaciones y marcos comunitarios, se pueda lograr a largo plazo convertirse en una Unión Latinoamericana. Muy bien establecida mediante una Constitución común aprobada por todos, un himno común y bandera común. En cierta medida ya tenemos lenguas comunes (mayoría continental es español o portugués, mas francés, inglés y otras en el Caribe). Ya tenemos un Parlamento Latinoamericano, nos faltaría una Presidencia rotativa (con una capital, que bien puede ser Panamá, como quería Bolívar), más un Consejo Federado (con diversas Secretarias por áreas), con un Banco Central Común (emisor de moneda común; ya existe un Banco del Sur), Corte Latinoamericana de Justicia, más una Comisión de Derechos Humanos, más un Tribunal Constitucional, con una Fuerza Armada Latinoamericana común (que no demarque más al dominio del TIAR de EE.UU.). Es decir el sueño del Libertador Simón Bolívar, pero bien llevado a la práctica mediante la clara voluntad política de los estados latinoamericanos.
El modelo de integración europeo puede servir de marco referencial. La estructura actual existe (actuales organismos de integración), solo falta la debida voluntad de integración y apoyo general de esta idea de parte todos los Estados Nacionales Latinoamericanos (y de los actuales organismos existentes) sin hacer más distinciones políticas (e ideológicas), entre los diversos gobiernos de turno de cada país. Una Unión Latinoamericana que asuma funciones y poderes confederados delegados por los Estados Nacionales Latinoamericanos, sin que estos dejasen de existir, manteniendo sus actuales gobiernos y leyes nacionales, pero en convergencia con las nuevas legislaciones e instituciones comunitarias. Una América Latina unida, sin fronteras para todos sus ciudadanos (con pasaporte común) y comercio entre nuestros pueblos (y no a la guerra entre pueblos hermanos) que nos coadyuve juntos al desarrollo económico y social, sin controles migratorios ni aduanas. Soñar no cuesta nada, pero hacerlo ‘Es Posible’, salvo que Bolívar haya ‘arado en el mar’.
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